Ayer comí con un antiguo cliente, gran amigo y exitoso hombre de negocios.
A mitad de la comida sacó sus huevos y los puso encima de la mesa.
No eran muy grandes ni muy pequeños. Categoría M.
Me resultó un poco raro, y más aún que lo hiciera con tanta ceremoniosidad, como cuando Steve Jobs presentó el iPhone.
Y ahí estaban, sus huevos al lado de la paellera.
Eran huevos camperos, de gallinas criadas en libertad y el embalaje tenía un bonito diseño.
«Mi última inversión, ¿qué te parece?»
«¿Huevos?»
«Huevos.»
«¿Por qué?»
«Porque no todo en la vida es rentabilidad, rentabilidad, rentabilidad. ¿Para qué quieres el dinero? A mí estás cosas me dan la vida. Ir, venir, que el tipo nos cuente su historia, decir que tengo una granja de gallinas… ¿Me entiendes o no?»
No.
Pero mi opinión es irrelevante, lo que importa es la opinión de los demás, y aquí hay un gran aprendizaje.
Ahí estás tú con tus características y tus beneficios, tus valores y tus promesas y muchos, y lo único que muchos quieren es mamoneo. Cinco cafés al día, seis reuniones, tostada de tomate y cagar en horario laboral.
Añade un porcentaje de mamoneo a tu proceso de venta y te meterás en el bolsillo a una parte –nada pequeña– de tus clientes potenciales.
A mí no, a otros.
Lo mío es hacer lo que es rentable, lo más rápido posible y que luego cada uno vuelva a su casa a hacer lo que le salga de la entrepierna con una sola condición.
Una sola.
Que no me lo cuenten.
Lo mío es el anti-mamoneo.
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La entrada Negocios mamones, negocios rentables. se publicó primero en Luis Monge Malo.
