Revista África

Nelson Mandela (III) y la instauración del Apartheid

Por Aurora Moreno Alcojor @Alcojor
Nelson Mandela (III) y la instauración del Apartheid

Esta entrada forma parte de la serie dedicada a la biografía de Mandela. El resto de entradas pueden encontrarse aquí:II.- También puede escucharse en
I.- Años de infancia y toma de conciencia formato podcast, aquí.
Nelson Mandela, la llegada a Johannesburgo.
III.-La instauración del Apartheid.
IV.-

El Apartheid de Daniel Malan, instaurado en 1948, puso en marcha sus primeras medidas inmediatamente: y no sólo contra la población negra, que era el principal destinatario de sus odios, sino contra todo lo que supusiera una oposición a su forma de mirar el mundo. Así, a los pocos meses de estar en el poder, aprobó la ley de Supresión del Comunismo, convirtiendo en crimen, penado con un máximo de 10 años de prisión, el mero hecho de ser miembro del Partido. Al año siguiente, en 1949, se hizo explícita la prohibición de matrimonios mixtos, que afectaba también a cualquier acto romántico o sexual entre personas de distintas razas.

Todo esto hizo reaccionar al Congreso Nacional Africano y la organización adoptó un programa de boicots, huelgas, resistencia pasiva, protestas que suponía un cambio radical con su política anterior: hasta entonces, el CNA siempre había mantenido sus actividades dentro de la ley. Estas acciones supusieron un enfrentamiento dentro del partido, lo que llevó a cambiar la ejecutiva en el año 1952. Es entonces cuando Mandela es elegido uno de los cuatro vicepresidentes. Pronto, su cargo le hizo ser merecedor de una de los famosas prohibiciones del Apartheid: condenas que implicaban no la encarcelación de la persona pero sí el aislamiento más absoluto: prohibición de reuniones, encuentros, participación en actos públicos...

Mientras tanto, además de participar en la lucha contra el Apartheid, Mandela ha continuado su vida, y en 1952 abrió su propio despacho, donde trabajaría con el gran Oliver Tambo. Trabajo no les iba a faltar, desde luego, puesto que los negros buscaban desesperadamente ayuda legal, teniendo en cuenta que era un crimen beber en una fuente de sólo blancos o estar por la calle después de las 11 de la noche, o no tener el libro de pases, o tener mal la firma en el libro, vivir en ciertos sitios, no tener sitio para vivir...

Las medidas del gobierno eran cada día más duras y represivas, tanto que el propio Mandela llegó a declarar en público que había terminado el tiempo de la resistencia pasiva, que la violencia era el único arma que podía acabar con el apartheid. Declaraciones de las que luego tuvo que retractarse, obligado por la cúpula del CNA. A pesar de ello, llegó a idear un plan junto a Walter Sisulu: irían a China para que les ayudase a armarse para la lucha. Cuenta Mandela en sus memorias que, efectivamente, Walter llegó a China, se entrevistó con algunos dirigentes y volvió ilusionado y envalentonado. Pero de las armas, ni rastro.

Leyes represivas y libertad de prensa censurada

La situación empeoraba por momentos y las nuevas leyes hacían casi imposibles- y muy peligrosas- las viejas vías de protesta en forma de concentraciones masivas. Los periódicos tenían prohibido publicar las noticias sobre las manifestaciones, las imprentas no imprimían sus folletos y era casi imposible comunicarse.

Mientras, se seguían promulgando leyes que atentaban directamente contra la dignidad de los 'no blancos'. En 1953 se aprobó la Ley de Educación Bantú, por la que los africanos no estudiarían más de 6 o 7 años y serían enseñados a hacer tan sólo las labores que los blancos desechaban y poco después se aprobaba la que iba a crear los llamados "Bastuntanes": zonas de 'desarrollo separado', donde los negros serían enviados a vivir para esta completamente separados de los blancos. Era el fin último del Apartheid, pero por supuesto, estas zonas -de las que se crearon ocho-, algunas del tamaño casi de Extremadura- eran las peores, en cuanto a condiciones climáticas y de riqueza del suelo. Suponía que el 70% de la población viviera en un 13% de la tierra.

Ante esta situación, la lucha continuaba sin descanso y a mediados de la década de los 50, prácticamente toda la ejecutiva del ANC había sido prohibida o arrestada. Mandela fue encarcelado por unos meses y a su salida se encontró con que su matrimonio se había tornado insostenible. Su mujer no podía continuar con un hombre tan implicado en la lucha, así que decidieron separarse. Fue entonces cuando conoció a la que sería su mujer y compañera de luchas durante buena parte de su vida: Winnie Mandela. Fue un amor a primera vista, según cuenta en sus memorias, y se casaron al poco de conocerse, el 14 de junio de 1958.

En este final de década c omenzaba la era de las independencias africanas, que tuvo su primera explosión con la emergencia de Ghana, dirigida por el panafricanista y líder anti apartheid Kwame Nkrumah, lo cual alarmó mucho a los miembros del gobierno.

Pero los vientos de libertad no llegaron, ni mucho menos, hasta Sudáfrica. De hecho, ese mismo año, el 8 de abril, el Congreso Nacional Africano fue declarado ilegal, por lo que sólo el hecho de ser miembro del partido podía ser penado con la cárcel. Sin ir más lejos, en 1963 tuvo lugar la matanza de Shaperville: Un pequeño tonshwip al sur de Johannesburgo en el que la policía disparó abiertamente contra una multitud desarmada y tranquila. 60 personas resultaron muertas, todas por tiros en la espald a, y más de 100 personas fueron heridas. Fue una enorme masacre y ese día los medios sí estuvieron ahí para cubrirlo. La matanza fue portada alrededor del mundo, una crisis de gobierno y una gran protesta mundial. En el interior, la ciudadanía respondió de la única manera que podía, con más manifestaciones, ante lo que el Gobierno declaró el Estado de Emergencia, suspendiendo la mayoría de los pocos derechos civiles que les quedaban a los negros.


Volver a la Portada de Logo Paperblog

Revistas