Antes que mi ojo hinchadose cierre del todo,
constato de nuevo la mirada
severa de la enfermera.
El juicio rápido del policía
absurdamente profesional.
Algo no funciona bien
en mi interior, ya lo sabes.
Intento esbozar una sonrisa cínica
intento sonreír como
tú siempre me pedías.
Pero la herida del labio
pesa tanto como la del corazón.
Quizá por eso no pude evitarlo.
Si hubieses visto la cara
de aquellos dos pobres operarios
cuando me abalancé sobre
ellos como un jodido loco.
No pude evitarlo
cuando los vi con ese taladro
levantando el suelo
de la calle que una vez
besaron la gloria de tus pasos.
