Revista En Femenino

No quiero ser más tu amiga

Por Lai Pv @laicapi

Quizá todos en algún momento de nuestras vidas hayamos oído esta frase “No quiero ser más tu amiga”. Probablemente tendríamos entre 5 y 10 años cuando la escuchamos por primera vez, o quizá antes; quizá después escucháramos alguna variación en la adolescencia, y seguramente después de eso, si hemos perdido una amigo por alguna disputa o diferencia, la frase estaría de más.

Quizá pasados los años nos riamos hablando con los amigos del colegio, de “cuando éramos pequeños y me dijiste que ya no querías ser mi amiga y míranos ahora”. Quizá minimicemos el efecto que tuvo en nosotros esa frase en aquel entonces. O quizá se nos olvide que si aun lo recordamos, es que el efecto no fue tan pequeño.

Mi hija menor tiene tres años. Ha escuchado esa frase casi cada día durante el pasado curso escolar. Si me preguntáis, no entiendo bien como niñas de tres años utilizan esas frases. ¿Tan pronto? ¿saben lo que dicen? ¿pueden ser o dejar de ser amigas de un día para otro?

¿De quién aprenden esa frase? Quizá alguna tiene hermanas mucho mayores y lo escucha en casa y crea que eso es lo que hay que decir cuando no te apetece jugar con alguien. Quizá alguien en casa se la ha enseñado para cuando no quiere estar con un compañero. No lo sé. Pero sí he visto llorar muchas tardes a mi hija ponerse a llorar cuando le pregunto “¿con quien has jugado hoy en el patio? y me dice que ella quería jugar con su amiga Marta y ella le ha dicho que “no quiere ser más su amiga”. Aunque yo le dijera que no era para siempre, que igual estaba enfadada por algo, ella es muy pequeña y sentía que nunca más iba a poder jugar con ella y expresaba no saber porqué. Claro que al día siguiente salía celebrando que ya eran amigas de nuevo y había jugado todo el día con ella.

No le pasó solo con una de sus amigas. Todas las niñas de la clase aprendieron esa frase. Me he pasado muchas tardes intentando hacerle entender a la pequeña terremoto que esa frase no significaba no quiero jugar, y que podía hacer sentir mal a quien se la decía. Ella no parecía entenderlo, todas sus amigas lo decían, entonces estaba bien decirlo cuando ella no quería jugar en el tobogán con una compañera. Pero se olvidaba de cómo se sentía ella cuando se la decían.

Esa era mi postura ante la frase. Después escuché hablar sobre el tema a los demás padres del curso. Mamás molestas porque la niña tal se lo decía a su hija y ella quería que fueran amigas, mamás que decían que eso son tonterías de crios, mamás que ni se habían enterado que era la frase más pronunciada en ese curso, mamás que decían “mi hija seguro no dice eso, es una santa”, mamás que decían a sus hijas que no fueran lloronas por tonterías, mamás que lo consideraban bullying. Había opiniones de todo.

Yo no sé si a esta edad y con una frase así puede considerarse intencional o no. Si sea momento de considerarlo importante. Pero sí creo que no hay que dejarlo pasar. Un día, en uno de los cientos de cumpleaños a los que fuimos en primavera, vi a dos compañeras de mi hija, de la mano, decirle a otra que no podía jugar, que iban a jugar a un juego de dos y ella no cabía. Eso tiene que doler. Eso duele. Recuerdo de pequeña haber estado en una situación así, donde a veces yo era de las que sí jugaba, y a veces me quedaba mirando.

Creo que hay que empezar a educar en la empatía desde bien pequeños. Yo quiero que mi hija tenga claro que, si cuando se lo dicen a ella se pone triste y llora, es algo que no quiere decirle a los demás. Igual que a terremoto mayor le explico que, si cuando ella está con sus amigas le dice a su hermana “que es pequeña y no puede jugar”; entonces no puede venir a quejarse conmigo cuando es su hermana la que invita una amiga y le dice “que este no es juego de mayores”

Los niños después crecen y estas pequeñas frases o gestos en los que uno queda fuera, se recrudecen, se intensifican. Y siempre duelen. Duelen a los 3, y duelen a los 15.

¿Son aquellos niños que empiezan con frases así con 3 años los que se burlarán de sus compañeros a los 10, o a los 15? ¿estás cosas son ya bullying? ¿o terminan convirtiéndose en bullying? No lo sé. No sé qué cosas puede que sean consideradas normales y sin maldad, y que cosas no. No soy experta. Pero sé que las faltas de respeto no son un juego, a ninguna edad ni en ningún contexto. Y los adultos deberíamos aprender también a evitar esas burlas “en broma” que pueden parecernos divertidas, sobretodo con niños delante. Recuerdo en la universidad que entre el grupo de amigos nos hacíamos bromas de tono bastante pesado a veces. Sabíamos que era broma pero ¿era necesaria la burla para pasarlo bien? El otro día, en el blog de Ideas al vacío, ella nos contaba que existen programas como el Kiva en Finlandia, que buscan concienciar y reducir estas actitudes. Creo que deberían ser de implementación obligatoria en todo el mundo. No me imagino de vuelta en el colegio o en la universidad con la conexión móvilque hay hoy en día. Un error un día…y ese error te persigue hasta ves a saber cuando. Y todos cometemos errores. 

Yo en el colegio estuve en ambos bandos. Fui objeto de burla en el colegio, y aunque solía ponerme del lado del más débil, también fui del grupo que se burlaba de otros compañeros en algunas ocasiones. Hubo una burla, un día, que me dolió hasta a mí, así que no volví a hacerlo. Me acordé de todo esto leyendo el post de Peineta Pintxos. Hay veces que las cosas de niños no son cosas de niños. Y creo que desde casa podemos cambiar las cosas, para que las burlas NUNCA sean algo divertido. Porque no quiero que sufran bullying, quiero que sean fuertes ante las burlas (que lamentablemente seguro recibirán) pero tampoco quiero que sean ellas las que se burlen de los demás. Quiero que tengan respeto hacia los demás, y eso se enseña desde casa. Sino, leed este gran post de Mujeres y Madres.

Un ejemplo de una historia que escuché de una mamá en una comida, no hace mucho: “ayer la Magda me contó que la empujaron otra vez en el recreo. Ya le dije que no fuera huevona (se podría traducir como pava) y que la próxima vez en vez de decírmelo se devuelva pegando más fuerte. Es tan blanda que siempr ele pegan a ella”

Yo no quiero educar a mis hijas así. Yo prefiero ser exagerada, y educar a mis hijas para que, incluso en estas frases que a algunos pueden parecer inofensivas, se pongan en la piel del otro. Para que antes de burlarse de otro, antes de dejar fuera a un compañero de juegos, piensen cómo se sentirían ellas. No quiero que sea cuestión de “si te pegan devuélvete más fuerte” Así no vamos a ninguna parte. Eso sí, tengo claro que una autoestima fuerte las ayudará también cuando ellas sean el blanco de la burla, y no es tarea fácil trabajarla. Pero eso os lo contaré otro día, que sino me extiendo mucho.

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Archivado en: Maternidad y Crianza, Pequeñas terremoto

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