
NO SE PUEDE LEER. Algunas criaturas de la imaginación, no necesariamente las más dóciles ni las más timoratas, parecen empeñadas en elegir caminos intrincados para revelarse escondiéndose. Es la suya un alma sin duda señalada por el acento de la paradoja. Y si, por casualidad, son capaces de superar el peso de la contradicción, se las apañan para comparecer, de modo que cuando menos te las esperas ya te han agarrado por las partes nobles. A partir de ese momento, en efecto, no se puede leer. (LGdlTT, XXVIII).
