Revista Literatura

'NO TENGO TIEMPO' por Patricia Ramírez

Por Jlmoreno @jlmorenot
El paso de los días nos limita y es inexorable. Aprender a gestionarlo, a decir no y a organizarse son decisiones que pueden llevarnos a disfrutar más, porque lo que ocurre hoy no vuelve a repetirse mañana.

"La vida es única, y lo es porque el tiempo no tiene repetición. Hay que gestionar y disfrutar cada segundo. Es ahora o nunca".
"Establecer prioridades y anotar, implica planificar. Cuanto más se planifique, menos deja en manos de la improvisación'
"No se justifique, no de rodeos, no diga mentiras... tiene derecho a decir no. Usted es importante Y sus necesidades también"
"Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa dé ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo", Michael Ende, Momo.

Suena el despertador a las seis y media. Pongo una lavadora para que me dé tiempo de tenderla antes de salir de casa. Me agobio y no han pasado ni 15 minutos desde que he abierto los ojos. En mi cabeza se agolpa todo lo que no puedo olvidar: la merienda de los niños, la reunión con el director financiero, "me tienen que aprobar sí o sí la campaña de publicidad"; recoger el pescado que encargué ayer; tengo que llamar al pediatra, han pasado tres días y no hay manera de que lo recuerde y la tos de violeta cada vez va a más; mi madre me pidió que la acompañara a ver a una amiga suya al hospital, ala pobre le da "mal rollo" ir sola, porque parece ser que su amiga se está muriendo y los hospitales le revuelven el estómago; la tintorería... por Dios, la ropa lleva más de un mes y no he pasado a por ella; y en casa... deberes y actividades extraescolares; tengo que acabar sin falta el informe para Raúl, me dijo ayer que lo necesita esta semana... que por cierto, esta semana acaba mañana. No puedo olvidarme tampoco de la farmacia, hacer la lista de la compra que el sábado tengo que ir, no tengo ni leche. Y luego mis amigas me dicen, "Chiqui!, haz un poquito de deporte, que la edad no perdona y es bueno para la salud". ¡De verdad, nadie se da cuenta de que ¡no tengo tiempo!
Ya quisiera yo, no solo hacer deporte, sino poder tomar tranquilamente un café, leer un libro o ver series que tengo pendientes. Pero no hay manera. Por la noche preparo comidas, recojo la ropa tendida, ordeno los uniformes... Son las 6.45 y solo de pensarlo voy con la lengua fuera.

ORGANIZARSE MEJOR
"Cada hombre tiene su tiempo, y mientras siga siendo suyo, se mantiene vivo" (Michael Ende, `Momo')

Todo el mundo se queja de no tener tiempo. Está comprobado que las personas que realizan deporte y son activas en su vida privada, social y laboral, no disponen de más tiempo que los que no lo hacen, sencillamente se organizan mejor.


Nadie nos regala el tiempo, por desgracia no se puede comprar. A pesar de ser el bien más preciado, lo malgastamos, menospreciamos y es imposible de recuperar. La vida es única, y lo es porque el tiempo no tiene repetición. La reflexión sobre que no hay una próxima vez, una segunda oportunidad, o que no hay un tiempo muerto, debería obligamos a gestionar y disfrutar cada segundo. Es ahora o nunca.

Si desea participar más en su vida, realizar esas actividades que ahora posterga porque nunca encuentra el momento, pueden servirle estos sencillos recursos. Tome nota.

1. ORDEN DE PRIORIDADES. La mejor ma­nera de ordenar las prioridades es tener claro cuáles son nuestros valores. Los valores mar­can nuestro modus viven­di, son las reglas y princi­pios bajo los que nos ordenamos. Cuando nos los saltamos, nos sentimos terriblemente mal. Escri­ba todo lo que tenga pen­diente en el trabajo, en su vida personal, familiar y social.
Ordene ahora sus car­petas abiertas de acuerdo a su escala de valores y el tiempo del que dispone. Si es una persona familiar y le gusta disfrutar de sus hi­jos y su pareja el fin de se­mana, la carpeta del traba­jo no puede estar presente ni el sábado ni el domingo. Puede decidir, a pesar de tener ese Excel sobre las compras de su empresa pendiente, que en el fin de semana es prioritario salir a comer, al cine o ir a jugar al parque.
En un principio, el dia­blillo de la cabeza le dirá "no puedes hacerlo, tienes que trabajar, no tienes tiempo". Pero usted no está obligado a escucharlo, la experiencia le dice que al final consi­gue realizar esa hoja de cálculo y que siempre aparece el momento adecuado. Se sentirá mucho mejor si atiende a sus necesidades personales y familiares, me­jorará su humor y la forma en la que se enfrentará al trabajo pendiente será más creativa y sosegada.

2. ANÓTELO TODO. El cerebro tiene una ca­pacidad limitada para almacenar infor­mación inmediata, a pesar de que tene­mos un "trastero" sin fondo para recoger todas nuestras experiencias y vivencias y dejarlas ordenadas en las estanterías de la mente. La mente busca lo que necesita, aquello para lo que la programamos. Si nos orientamos al éxito, busca señales de éxito. Si nos preparamos para el fracaso, ante cualquier peligro se vendrá abajo, por pequeño que sea.
Lo que no podemos hacer es progra­mar el cerebro para todo, porque se satu­ra. No podemos estar pendientes de la lista de la compra, la farmacia, la tintore­ría, el Excel del estado de compras de la empresa, llamar al pediatra, llamar a mi madre, recoger el pescado... ¡Paren! Esta­mos utilizando mucha energía para re­cordar detalles que serían muy sencillos de anotar y liberarnos de ellos. Todo lo que escriba es información de la que libe­ra al cerebro, y le permite dejar de pensar en "que no se me olvide que...". Saber que los reca-dos y lo pendiente está escrito y recogido, disminuye además el estado de ansiedad que supone no poder olvidarnos de las cosas.


Las "listas" le permiten dar un orden: qué, cómo, cuándo, dónde y a qué hora tiene que hacerlo. Al anotar le da un orden dentro de su agenda, es como jugar al tetris. Si detecta un hueco para hacer la com­pra, lo encaja ahí... y una tarea menos. Tener las co­sas por escrito le dará se­guridad y confianza. Signi­fica que sabe lo que tiene quehacer y cuándo.
Cuando anota los pla­nes, aumenta la motiva­ción y el compromiso con ellos. Lo cierto es que una vez realizados, le encanta­rá "tacharlos" de la lista. Establecer prioridades y anotar implica planificar. Cuanto más se planifique, menos deja en manos de la improvisación.

3. ATRÉVASE A DELEGAR. Delegar supone dar a otros responsabilidades. Delegando no solo se va a liberar usted, sino que va a permitir que los que le rodean adquieran autonomía y se sien­tan motivados tanto en el trabajo como con su familia. A los trabajadores les atrae poder participar más en la toma de decisiones y que se les permita tener iniciativa, y a los hijos les gusta hacerse mayores y eso implica participar en el "mundo de los adultos, con las tareas propias".

Muchos padres se quejan de que sus hijos vaguean con las tareas domésticas. Educarlos desde pequeños y responsabi­lizarlos es la mejor forma de prevenir su escaqueo en la adolescencia. Intente delegar de forma divertida y dándole valor. No es lo mismo decirle a su hijo de seis años "pon la mesa" que "con la edad que tienes estoy segura de que vas a poner la mesa como si fuera la de unos príncipes, ¡te estás haciendo tan mayor!". Si permite que los que le rodean realicen actividades con mayor responsabilidad, usted podrá dedicar ese tiempo a lo que tiene pendiente... ese libro maravilloso o hacer ejercicio físico. Y recuerde este principio: "Si solo lo sabes hacer tú, siempre tendrás que hacerlo".

4. MENOR PERFECCIÓN. No existe la perfección. Solo existe la posibilidad de mejorar, crecer y superarse. Cada vez que vemos algo cuasi perfecto, tendemos a querer hacerlo mejor. Si es de las personas que no se quedan tranquilas por más horas que dedique a su trabajo o a su vida personal, lo único que conseguirá es estar eternamente insatisfecho. Ese nivel de perfeccionismo merma nuestra autoestima, porque tenemos la sensación de que las cosas nunca están lo suficientemente bien como para presentarlas o darlas por acabadas.
Tenemos que aprender a diferenciar el límite entre lo que está "realmente bien" y lo que es perfecto. Además, la calidad que va desde lo "realmente bien" a lo "perfecto" no suele ser perceptible por los demás. La mayoría de las veces solo usted es capaz de darse cuenta. La relación entre el tiempo que invierte en hacerlo "perfecto" en relación al resultado de haberlo dejado "realmente bien", no se justifica. Le lleva a perder tiempo en algo que no es perceptible para la mayoría, y disminuye mucho su nivel de productividad.
Ni qué decir de lo dificil que es convivir con personas perfeccionistas. Por lo general tratan de transmitir ese valor a su familia y amigos, y su mundo no funciona si los demás no llevan su ritmo. Con sus exigencias machacan a los que les rodean.

5. ESTAR CONCENTRADO. Si tiene varias cosas que hacer, piense cuántas puede abordar en este preciso momento: solo una. Pues eso, céntrese ahora en lo que tiene entre manos, incluso si es una tarea aburrida y monótona. Si le dedica la atención que merece, acabará antes y podrá dedicarse a otra cosa que le motive más o que le haga sentir bien.
Centrarse en la tarea supone poner los cinco sentidos. Trate de disfrutarla, ¿a qué le recuerda la experiencia, qué siente, cuáles son los colores, y el tacto con el teclado, el olor del folio en el que escribe, o mientras cocina...? Métase de lleno en el momento... recuerde que no tiene repetición. Sentirá cómo fluye, cómo pasa el tiempo y aumentará el nivel de aprovechamiento. Verbalice "estoy aquí, este es mi momento, disfruto".


6. APRENDA A DECIR NO. Si alguien le pide un favor, ese alguien cuenta con las dos respuestas: el sí y el no. Que los demás le pidan que haga algo por ellos no significa que esté obligado a hacerlo. Cada vez que aceptamos peticiones que no tenemos ganas de realizar, nos estamos ninguneando y menospreciando nuestro tiempo y nuestras prioridades. No se justifique, no dé rodeos, no diga mentiras... tiene derecho a decir no. Frases como "te agradezco que cuentes conmigo, pero no puedo hacerlo esta vez", "esta vez no es posible" son las más acertadas para declinar la petición. Usted es importante y sus necesidades también lo son. No pasa nada porque al principio se sienta mal, aprenda a vivir con esa sensación, y a medida que sienta el control de la palabra no, irá sintiéndose mejor con usted mismo.
La estupidez hunana
¿Alguna vez se ha parado a reflexionar qué cantidad del tiempo que usted consume a diario, le ha valido realmente la pena? Se ha preguntado ¿cuánto he vivido yo hoy, pero cuánto he vivido de verdad? Si se parasen a reflexionar, estoy segura de que la mayoría de las personas se sentirían desoladas, incluso estúpidas. El tiempo se malgasta porque no se le pone en valor. Solo aprendemos lo que cuesta, lo importante que es, cuando lo perdemos, o cuando lo pierde alguien querido. Algunos ejemplos claros en los que apreciamos la fragilidad del tiempo en toda su crudeza, es cuando alguien cercano fallece, sobre todo si es joven; cuando suspendemos un examen y miramos atrás y nos damos cuenta del tiempo que perdimos en tonterías en lugar de estudiar; cuando nos deja nuestra pareja porque no le dedicábamos el tiempo suficiente... El tiempo tiene algo de mítico, como Marilyn Monroe. Y es que cobra valor cada vez que muere.



Publicado en El País Semanal del 24 JUnio 2012

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