Noches de los vampiros
Víspera de San Jorge (22 de abril gregoriano, 5 de mayo juliano): Noche de brujas y fuego mágico en los Balcanes. Tradicionalmente, se encienden hogueras azules sobre tesoros enterrados o en cualquier lugar en el que yazcan vampiros o sangre inerte.
Noche de Walpurgis (30 de abril gregoriano, 13 de mayo juliano): En muchas tradiciones paganas, el 1 de mayo marcaba el final del invierno y el comienzo de la primavera, periodo de transición o «antesala del año». La última noche del invierno, por lo tanto, era particularmente poderosa para que las fuerzas malévolas dieran un último coletazo. Su naturaleza cambiante la hace especialmente propicia para brujas, hombres lobo y vampiros.
En el calendario juliano, es también el último día del antiguo festival romano de Lemuria (9-13 de mayo), en el que se propiciaba y exorcizaba a los muertos vivientes. En Italia, los vampiros pueden ser más peligrosos durante el mes de mayo.
Halloween (31 de octubre gregoriano, 13 de noviembre juliano): La otra «antesala del año» tradicional, seis meses después de la Noche de Walpurgis. Diferentes informes de Edom varían mucho entre sí: en algunos lugares, Halloween es casi silencioso por completo, mientras que en otros la actividad de los no muertos alcanza su punto álgido como en la Noche de Walpurgis.
Víspera de San Andrés (29 de noviembre gregoriano, 12 de diciembre juliano): Conocida en Rumanía como la «noche de los vampiros». Durante esta noche según el folclore rumano, los sueños pueden volverse proféticos y los animales hablan. Si se habla con estas bestias, se corre el riesgo de morir, al igual que si se sale a la calle, ya que los vampiros acechan la tierra con frenesí.

