Revista Salud y Bienestar

Nostalgia y pena por la anestesiología en mi ex hospital

Por Lemalpartida
Nostalgia y pena por la anestesiología en mi ex hospital
Era un sueño hecho realidad. Ser parte del Cuerpo Médico del mejor hospital del país. Más aún para un anestesiólogo formado en provincias. Un inmenso honor constituía esa oportunidad de trabajar en la sede de la mejor escuela nacional de la especialidad. Increíble recorrer los mismos pasillos, laborar en los mismos quirófanos que, alguna vez, fueron escenario de las hazañas de eminentes médicos como los Doctores Primo Pacheco, Esteban Rocca, Hugo Chiabra, Carlos Hernández de la Haza, entre otros.

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Dr. Esteban Rocca

Pensé encontrar ahí el ansiado respeto total a mi especialidad. No podía ser de otra manera. Los anestesiólogos de mi hospital eran los mejores del Perú. En mi residentado médico, en mi ciudad natal, el León del Sur, no me satisfacía la manera cómo se trataba al anestesiólogo. Ese "menosprecio" lo percibí desde que le anunciaba a mi padre que, en el concurso de admisión para la segunda especialidad, postularía a Anestesiología.
-¿Qué? ¿Quieres ser especialista en éso?- me dijo muy sorprendido.

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Dr. Guillermo Almenara Irigoyen

Otra anécdota al respecto sucedió durante mi rotación de residente en la UCI del HNERM. El Jefe del Departamento de Cuidados Intensivos escuchaba, de uno de sus residentes, el diagnóstico de un resultado de gases arteriales y electrolitos. Luego respondió:
-Está correcto tu diagnóstico, pero como que "le falta". Estaría bien para "residente de anestesiología".
De cualquier manera, en mi hospital se respetaba al anestesiólogo. Porque la mayoría de ellos eran muy capaces y la mayoría de ellos, también, tenían el genio muy fuerte.
Pasaban los años y uno no podía dejar de admirar a los anestesiólogos del Instituto del Corazón. Parecían de otro planeta. Nada más verlos colocar un catéter arterial radial a un neonato cardiópata, o un catéter central a un bebé prematuro que pesaba menos de un kilogramo. Su progreso era impresionante. La entonces Jefa de Anestesiología (hoy radicada en Europa) poseía un empeño a prueba de balas, e impulsaba a su Servicio con una fuerza descomunal. Por esos motivos, entre otros, opté por mi traslado al INCOR.
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Mas, Anestesiología de Almenara no mostraba igual entusiasmo para avanzar. Tenía la impresión de que colegas muy hábiles y estudiosos habían ya encontrado su "techo", cuando era evidente que se podía progresar mucho más. Es cierto que manejaron los primeros trasplantes hepático y pulmonar, pero ello se debió mayormente al tesón y perseverancia de los anestesiólogos, más que a un plan organizado de capacitación. De manera inaudita, inicialmente, se envió al Hospital Jackson Memorial de Miami, U.S.A., para capacitación en anestesia en trasplante hepático, a un colega que no cumplía el perfil ni reunía las habilidades para una cirugía de tanta complejidad. Al final, el colega no participó en ninguno de los trasplantes hepáticos. ¿Para qué se malgastó, así tan tontamente, el dinero de los asegurados? Por otro lado, en los primeros trasplantes hepáticos la participación de anestesiólogos del INCOR fue determinante.
Durante varios años convivieron, bajo el mismo Centro Quirúrgico, los Servicios de Anestesiología del HNGAI y del INCOR. Existía cooperación mutua. En INCOR apoyábamos en el manejo de pacientes con enfermedades severas y en estado crítico. En un momento ya no parecía "apoyo", sino obligación, pues eran evidentes las limitaciones de los colegas vecinos en los rubros citados.
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Y llegó el día en que el INCOR se trasladaba a su local propio. Se organizó el Servicio de Cirugía Cardiovascular del HNGAI, para operar pacientes cardiópatas, en una proporción similar a la del HNERM. Se contrató al Anestesiólogo/Intensivista Cardiovascular quien, a mi modo de ver, es el colega mejor preparado y calificado que se haya formado en el Residentado Médico de la Subespecialidad de Anestesia y Terapia Intensiva Cardiovascular, con sede en el INCOR y patrocinado por la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Este joven anestesiólogo, mi discípulo predilecto, un orgullo haber sido su médico asistente, entre otras grandes cualidades, practica la ecocardiografía transtorácica y transesofágica al nivel de un cardiólogo, contemporáneo suyo, de nuestra institución. Eso marca la diferencia, y lo convierte en un súper anestesiólogo, en todo un "lujo" para cualquier hospital.
Posteriormente, después de un año, fue contratado otro anestesiólogo ex-residente del INCOR/UPCH, igualmente calificado al extremo, muy hábil y gran profesional. A lo que quiero llegar es que, mi discípulo predilecto, increíblemente, no es programado para anestesia en cirugía cardíaca en el HNGAI. ¿Por qué? De buena fuente sabemos que el cirujano Jefe de Servicio, muy desubicado, creyendo encontrarse en una clínica de su propiedad, intentó entrometerse en el trabajo de especialista del hoy ex-residente del INCOR. Por supuesto, la respuesta al ser categórica y firme, defendiendo su terreno, no fue irrespetuosa. Esto no le cayó muy bien al cirujano jefe y, al mejor estilo del "niño engreído" o del "dueño de la pelota", exigió a la Jefatura del Departamento de Anestesiología que mi discípulo no sea programado como anestesiólogo en cirugía cardíaca. Se le hizo caso. Claro, que más se puede esperar de una jefatura pusilánime y servil, más interesada en los números que le impone la Gerencia, que en el bienestar de pacientes y anestesiólogos. Peor aún, de trata una jefatura incapaz de resolver problemas graves en anestesia y de manejar pacientes en estado muy crítico.
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El Jefe auténtico se siente apto para resolver cualquier deficiencia de alguno de sus médicos asistentes, en cualquier cirugía y en cualquier paciente. Así se le advierte al cirujano que el anestesiólogo asistente está totalmente respaldado y protegido por su jefatura. Desgraciadamente, en el HNGAI, no existe, ojala sólo por el momento, este tipo de jefatura. Es lamentable pues que, por caprichos de un Jefe de Cirugía Cardíaca y falta de personalidad y carácter de la Jefatura de Anestesiología, los operaciones del corazón se priven del extraordinario conocimiento y de la estupenda habilidad de nuestro ex-residente del INCOR. Primero está el paciente cardíaco. Él tiene el derecho a se tratado por anestesiólogos cualificados, le sean simpáticos o no al Jefe de Cirugía. Recordemos que el Hospital Almenara debe muy buena parte de su prestigio al exitoso tratamiento de enfermos graves del corazón. Ahí estuvieron los cirujanos Dres. Primo Pacheco, Antonio Chiong, José Álvarez. Pero sin la participación de grandes anestesiólogos como los Dres. Percy Cupén, Nolasco Román y Greta Castillo, ese éxito no se habría alcanzado.
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Por eso, colegas jefes del Hospital Almenara, os invoco a valorar a su personal y a pelear por ellos. Por favor, otórguenle al Dr. Johann Orosco Torres el buen trato y el respeto que se merece.

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