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NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...

Publicado el 10 noviembre 2011 por Burgomaestre

NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona su letárgica actitud para reabrir “Lady Filstrup”.El motivo es celebrar la aún más excepcional edición en DVD de una de laspelículas más singulares e irrepetibles de la Historia del Cine Español, “LaTorre de los Siete Jorobados”, de Edgar Neville. El tesonero esfuerzo deGonzalo del Pozo, responsable de Versus Entertainment ha hecho accesible paratodos los aficionados al cine tan recóndita joya en las mejores condiciones posiblesde calidad. Santiago Aguilar, cineasta valioso, estudioso riguroso del SéptimoArte e irredento entusiasta de la obra nevilliana, ha sido el encargado de coordinarla confección del documentado, extenso y precioso libro que acompaña a lapelícula. En un incomprensible acceso de enajenación mental Santiago Aguilar tuvola ocurrencia de encargar a este burgomaestre el apartado dedicado al repartodel film de Neville. Su reconocida bondad natural le impidió rechazar el artículoque le presenté y a convencer, además, a Gonzalo del Pozo de que lo incluyeraen su tan mimado proyecto. Lo que sigue es una aproximación al texto que esteburgomaestre estaba en trance de pergeñar antes de empezar a recortar (odiosapalabra) lo escrito con la finalidad de hacerlo caber en las páginas de que disponía en laedición final prevista. Es lo que podríamos llamar “el montaje del director” del texto editado. Personalmente,considero mucho mejor la versión corta (que tiene la ventaja innegable de que seacaba antes), pero como esa ya está publicada en papel, y sería ociosoreproducirla aquí, les invito a leer esta otra, un poquito más extensa, por siestán de humor.PD a la Nota Previa: Acompañandoal texto, entre otras imágenes, encontrarán capturas de la versión restauradade “La Torre de los Siete Jorobados”, lo que permitirá al perspicaz lector apreciarla notabilísima calidad de imagen obtenida por los encargados de surestauración.

Un reparto decampanillasLa característica primordial que permite al reparto de un film acceder a lacalificación de excelencia es su idoneidad. Y un sistema infalible paraconfirmar ésta es tratar de imaginar a otros actores encarnando a suspersonajes. En tales términos, no cabe la menor duda de que es, el de “La torrede los jorobados”, un reparto excelente.
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...La masculina inocencia de Antonio Casal, la inquietante ajenidad deGuillermo Marín, el empaque aristocrático de Félix de Pomés, la comicidad estrambóticade Antonio Riquelme, la carnalidad risueña de Julia Lajos, la virginalfascinación de Isabelita Pomés, se imbrican primero y se funden después con elapasionante universo “bizarre” del argumento de Carrère dando lugar a un filmtan deslumbrante como único e insustituible en la cinematografía española.Añadiendo a los antedichos, la eficaz colaboración de grandes actores enpapeles episódicos, cual es el caso de José Franco o Julia Pachelo, laconformación del reparto se completa de manera excelsa. La afirmaciónprecedente adquiere mayor relieve si se sitúa el antedicho elenco en el debidocontexto del momento en que fue reunido. No andaba escasa de buenos actores,precisamente, la cinematografía española en 1944. La productora puntera delmomento, la valenciana CIFESA, disponía de una suerte de “Star System” casero(en el que estaban incluidos, precisamente, Antonio Casal e Isabel de Pomés) yde una poblada escudería de actores característicos (en los que descollaban,entre otros, Antonio Riquelme y Julia Lajos). Y sin embargo, ni sus estelaresgalanes al uso, como el heroico Alfredo Mayo y el crujiente Rafael Durán, o eldramático Luis Peña, ni sus espléndidos primeros actores como el sobrio ManuelLuna, ni sus diversas estrellas femeninas, tales como la dulce AmparitoRivelles, la socarrona Luchy Soto, la “pecadora” Mercedes Vecino, la sositaMarta Santaolalla, o la adusta Lina Yegros, habrían encajado con la mismaprecisión en los roles del film de Neville. De talla aún más titánica son losactores secundarios que poblaban las producciones CIFESA de la época, con PepeIsbert marchando al frente y con Alberto Romea, Juan Calvo, Juan Espantaleón,José Prada o Manuel Arbó (por citar sólo unos pocos), tan sólo un paso detrás.Y sin embargo, a ninguno de ellos podemos imaginar superando a Antonio Riquelmey su inolvidable Don Zacarías. Tampoco a Ignacio F. Iquino, otro de los pocosproductores “en serie” del momento, con su “cuadra” de actores prácticamentefijos, encabezados casi siempre por Ana Mariscal, Adriano Rimoldi y MaryMartín, lo creemos capaz de haber adecuado tan a la perfección los cómicosdisponibles a las exigencias de su papeles.
Cruce de destinos
El rodaje de una película puede ser considerado como unpunto de confluencia de las carreras profesionales de un diverso y heterogéneogrupo de actores, al servicio de un proyecto común. Así entendido, en laspróximas páginas nos proponemos contar cómo llegaron hasta el rodaje de “Latorre de los siete jorobados” sus principales intérpretes. Y también, en formamás o menos sucinta, ofreceremos un esbozo de lo que fueron sus disparestrayectorias posteriores.
El mejor galán cómicoy el mejor villano: Antonio Casal es Basilio Beltrán y Guillermo Marín, eldoctor Sabatino
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Antonio Casal Rivadulla (Santiago de Compostela, 10/06/1910– Madrid 11/02/1974) era valiente y sencillo. Hijo de familia dedicada al agro,Antonio Casal Rivadulla (Santiago de Compostela, 10/06/1910- Madrid,11/02/1974) sintió desde temprana edad el deseo de actuar ante el público, loque le impulsó a unirse espontáneamente a un grupo circense, “Los Stelas”, porel expeditivo sistema de subirse al escenario en el transcurso de una función.Reintegrado al hogar por la intervención de la Guardia Civil, tras lograr elpermiso paterno prorrogó su incorporación al circo, con la secreta ambición dellegar a ser payaso. Empleado fundamentalmente en labores auxiliares (situaciónque reviviría en la pantalla en el film que protagonizaría años más tarde, “Elfantasma y doña Juanita”), consigue sin embargo especializarse en un número deescapismo. Su etapa bajo la lona del circo da paso a continuación a formacionesinconclusas en las carreras de Comercio y de maquinista de la Armada. Trasdiversos traslados familiares (a El Ferrol y La Coruña), Antonio Casal accede aalgunas colocaciones sin futuro y, ya en Madrid, al teatro, debutando, sincobrar, en el Maravillas, representando una obrita titulada “Curro Trueno”.Llegaría más tarde su primera retribución, en la cuantía de diez pesetas diarias,al unirse a una compañía que recorría provincias. Ingresaría después en lacompañía de Antonio Gentil y Julia Lajos (con quien, como es notorio,coincidiría reiteradamente en su esplendoroso futuro cinematográfico). Susiguiente paso profesional, tras el negro paréntesis de la Guerra Civil, lodirigió al seno de la compañía de Társila Criado y Jesús Tordesillas, quien seencargaría de orientarle atinadamente sobre su devenir profesional, mostrándoleal joven actor el camino que debía recorrer para encontrar a su público.Afianzado en sus convicciones vocacionales, Antonio Casal se enrola en lacompañía de Moreno Torroba, y obtiene un gran éxito en “La del manojo derosas”, junto a Marcos Redondo, en el Teatro Tívoli de Barcelona. Con laatención hacia sí reclamada por su reciente triunfo, recibe la propuesta deMaría Fernanda Ladrón de Guevara, quien le contrata para actuar en “La madreguapa”. Será un nuevo éxito que le proporcionará la popularidad que propiciarásu paso al cine. Florián Rey va a verle en una función y le dé un papel en“Polizón a bordo”, film que supondrá el debut cinematográfico del cómicocompostelano. NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Ya tenemos al joven Antonio Casal en el cine. Es la suyatoda una irrupción, porque enseguida suma a los papeles principales, los de protagonista.En sólo tres años se alza con el primer puesto de galán cómico del cine españoldel momento. No sólo ha prorrogado el acierto de su debut cinematográfico alintervenir en la película de José López Rubio “Pepe Conde” (1941), queconstituyó un éxito rotundo, sino que ese mismo año también protagonizó “Elhombre que se quiso matar”, primera de sus interpretaciones a las órdenes deRafael Gil. Mientras rueda “La torre de los siete jorobados” cumple 34 años y paraentonces ya ha protagonizado tres producciones CIFESA dirigido por Rafael Gil(la cuarta está en camino), entre las que destaca “Huella de luz”, que obtieneel primer premio del Sindicato Nacional del Espectáculo de 1943 y a la quesiguieron “Viaje sin destino” (ambas de 1942), y “El fantasma y Doña Juanita”,delicioso póker de comedias humorísticas excelentes, dotadas de grandes dosisde ternura, humanidad y lirismo, con toques de fantasía, que constituyen lo másindiscutidamente mejor valorado de la obra del director, y en las que lapersonalidad de Antonio Casal, algo tímida, algo torpe, algo heroica y más biencándida, pero no exenta de coraje, encajaba a la perfección y remitía a loshéroes ingenuos de la pantalla cómica más clásica, como su admirado BusterKeaton. El decir cadencioso de Antonio Casal, sus ademanes desmañados, sumirada sonámbula y su físico agradable encajan a la perfección con un tipo decine que no conocerá continuidad, en el que la línea humorística de WenceslaoFernández Flórez marca la pauta. Incrustada en esta “mini-suite gilesca”, “La torre de lossiete jorobados” constituye en la carrera de Antonio Casal (y, por qué no, entodo el cine español) una rara joya. Protagonizándola, el cómico gallego sereencuentra con Isabelita Pomés, su exquisita “partenaire” en dos filmsanteriores, en la celebrada y premiada “Huella de luz” y en “Te quiero para mí”(Ladislao Vajda, 1944), cuyo rodaje habían concluido sólo mes y medio antes deiniciar el del filme de Neville. La década de los años cuarenta la culminaAntonio Casal con una nueva cima de popularidad, la que le da ser el tercervértice del triángulo protagónico que forma con Fernando Fernán-Gómez y JorgeMistral en la popularísima “Botón de ancla” (1948), donde vuelve areencontrarse con Isabel de Pomés.
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Los años cincuenta, que para el humor resultan másresabiados, cínicos y crueles que los de la década precedente, son terrenomenos propicio para el protagonismo de Antonio Casal ante las cámaras. Pese apermitirle ser nuevamente dirigido por Vajda en la extraordinaria “DoñaFrancisquita”- 1952- (en la que, por cierto, coincidirá con buena parte delreparto de “La torre de los siete jorobados”, como Julia Lajos, AntonioRiquelme y Félix de Pomés, y con su “maestro”, Jesús Tordesillas), suponen unadisminución de la dimensión de Antonio Casal como estrella cinematográfica.Así, se verá inmerso en el intento de reedición de viejos éxitos, como eltraslado al terreno aéreo de la fórmula de “Botón de ancla” en “La trinca delaire” (Ramón Torrado, 1951), o en el pálido reflejo de “Huella de luz” que fue“Camarote de lujo” (Rafael Gil, 1959), mientras que Edgar Neville le adjudicapapel en el episodio taurino de “La ironía del dinero” (1959). También, aunquequedando diluida su personalidad en el protagonismo coral, intervendrá encomedias del llamado “desarrollismo”, tales como “Las chicas de la Cruz Roja”(Rafael J. Salvia, 1957) y “El día de los enamorados” (Fernando Palacios,1959). Por contra, la misma década proporcionará a Antonio Casal un destacableéxito sobre los escenarios, en el terreno de la revista, formando parejaartística durante siete años con Ángel de Andrés. Juntos protagonizaránespectáculos como “Las cuatro copas” que, con vedettes tan fascinantes comoLina Canalejas, se mantendrá en cartel durante años. Rota la asociación conÁngel de Andrés (con quien, al parecer nunca existió buena sintonía personal),Antonio Casal se dedicó más a la actividad empresarial y directiva, montandoespectáculos del género de revista hasta que, en su última etapa profesional,los alternó con actuaciones en televisión tan memorables como su contribución,como uno de los “Doce hombres sin piedad” en la adaptación legendaria dirigidapor Gustavo Pérez Puig del teledrama de Reginald Rose, o su incorporación delpolicía municipal de Tomelloso, hijo de la imaginación de Francisco GarcíaPavón, Plinio, en la serie del mismo nombre.
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Si arrojado consideramos a Antonio Casal, no menos lo fueGuillermo Marín, pues si el impulso del primero lo llevó a invadir unescenario, el del segundo le impelió a cruzar el Océano Atlántico. GuillermoMarín Cayre (Madrid, 12/08/1905 – 21/05/1988) que estaba llamado a un día serhonrado con las más altas distinciones de la escena (la Orden de Alfonso X elSabio en 1947 y del premio Nacional de Teatro en 1982) quedó huérfano de padre,un militar de carrera, cuando contaba tan sólo seis meses de edad. Su madre, laactriz Gloria Cairé, tuvo buena parte de responsabilidad en que su hijo tuvieraprisa por pisar el escenario. Y así lo hizo, con tan solo quince años,debutando en el papel de “Príncipe Pálido” en “La noche del sábado”benaventiana, en una función en el teatro Rojas de Toledo representada por lacompañía de Nieves Suárez y José Santiago. Conocerá Guillermo Marín los rigoresde los estrenos en improvisados escenarios de provincias y de los viajes endestartalados vagones de tercera e irá consolidando su arte y su oficio pasandopor diversas compañías, hasta que en 1925 recibe la oferta de Ricardo Calvo deenrolarse en una gira americana de la que se desconoce aún su duración y que leexigirá tremendamente. “¿Usted se atrevería a hacer todos los galanes delteatro clásico?”, cuenta Marín que le preguntó Ricardo Calvo. “Yo me atrevo atodo”, contestó el joven actor. Y tanto, que se atrevió. A lo largo de cincoaños, el recién contratado galán, además de habérselas con un repertorioinacabable, asumió con maestría el mismo nivel en el arte declamatorio quehabía alcanzado su patrón; conquistó el corazón de la hija de su jefe, PepitaCalvo Velázquez, con quien se casó, y, en un rasgo inaudito de lealtad a sumaestro, perdió todo el pelo de la cabeza, para ser calvo, como él. Guillermo Marín, devoto admirador (y conquistador) de lasféminas y leal amigo de los canes, desplegó su arte interpretativo con especialrelevancia en los más nobles escenarios de España, con menor presencia, perocon igual altura, en el cinematógrafo, y difundió su genialidad a través de lapequeña pantalla e incluso, como rapsoda, impresionando discos microsurco enlos que ofrecía al escucha su distinguida forma de “decir” el verso. NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ... A su regreso de la prolongada estancia en América, en1933, Guillermo Marín alcanza la consagración profesional por su labor en “Eldivino impaciente”, en el Teatro Princesa (más tarde, María Guerrero), queperdurará tres años en cartel. Consagración prorrogada dos años más tarde, consu papel protagónico en “En el nombre del padre”. En el momento del rodaje de“La torre de los siete jorobados”, Guillermo Marín ya había impuesto su calidadindiscutible tanto a la crítica como al público teatrales y celebraba sus bodasde plata con el escenario. Amigo de Benavente, de José María Pemán y de loshermanos Machado, su prestigio no había hecho sino acrecentarse en las dos décadaslargas que habían transcurrido de su carrera, acaparando elogios por suSegismundo de “La vida es sueño” en la versión que del clásico calderonianodirigió Luis Escobar en 1941, así como por los protagonistas de “Hamlet”, “Latejedora de sueños” o “Círculo de tiza caucasiano”. En 1942 interpreta porprimera vez al Don Juan de Zorrilla, personaje al que dará vida repetida(probablemente, más que ningún otro primer actor), y acertadamente (al decir deun experto en la materia, el estudioso Gregorio Marañón, con más tino y agudezaque nadie).  El mismo año del estreno dela película de Neville de la que aquí nos ocupamos, cosechó un nuevo triunfo enel teatro representado “Los endemoniados”, y sus sonados éxitos continuaron enaños venideros con títulos tales como, “Un espíritu burlón” (1946) y “Plaza deOriente” (1947), o el de la fundamental “Historia de una escalera”, clásicomoderno de Buero en que actuó bajo la dirección de Luca de Tena. Su prestigiono deja de incrementarse en las décadas siguientes a través de interpretacionescolosales tanto en el género dramático (como serían, “Llama un inspector”(1951), “La tejedora de sueños” (1952), “El alcalde de Zalamea” (1952), “Laalondra” (1954), “Edipo” (1954) y “Crimen perfecto” (1954), por citar algunas)como en la comedia ( “El gran minué” (1950), “Celos del aire” (1959), “Entrebobos anda el juego” (1951) y “Los tres etcéteras de Don Simón” (1958), porcitar otras pocas). Ya sexagenario, Guillermo Marín hizo del escenario delTeatro Español su trono, y cosechó ovaciones y aplausos por sus actuaciones en“El zapato de raso” (1965), “La paz” (1969), “Proceso de un régimen” (1971),“Tal vez un prodigio” (1972), y, sobre todo, “El sí de las niñas” (1975) y“Julio César” (1976). Padeciendo serios problemas de salud (el más dañino, unaneumonía que padecía desde 1985) y acuciado por una precaria situacióneconómica (en la vejez, llegó a haber de sustentarse con una pensión de 500pesetas mensuales), Guillermo Marín se mantuvo activo hasta, prácticamente, susúltimos días,  destacando, entre susúltimos trabajos en escena por sus intervenciones en  “El barón” (1983) y “Casandra” (1983), hastaque un infarto segó su vida el vigésimo primer día de mayo de 1988, poniendofin a una existencia gloriosa, consagrada a la escena.
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...De manera análoga a como sucedió con su coetáneo colegaManuel Dicenta, el medio cinematográfico reservó para el coloso teatralGuillermo Marín un espacio insuficiente para su genio. Con contadasexcepciones, podríamos considerar que tan sólo Edgar Neville y, en menormedida, Rafael Gil, fueron capaces de ofrecer al intérprete madrileño papelesde suficiente entidad digna de su capacidad. Neville le tuvo a sus órdenes porprimera vez, precisamente, en “La torre de los siete jorobados”, volviendo acontar con su concurso en dos films más (“La vida en un hilo” y “Domingo deCarnaval”), al años siguiente. “El marqués de Salamanca” (1948), “El cerco deldiablo” (1950), y “La ironía del dinero” (1955) completarían posteriormente lafilmografía de las colaboraciones entre actor y director, en la cual, la venacómica del segundo, basada en la afinada crítica sarcástica de lo vulgar y loanodino, hallaba preciso acomodo en la destreza interpretativa del primero.Menos sutil, Rafael Gil también extraería poderosas actuaciones de GuillermoMarín, como en el caso del taimado politicastro de “La pródiga” (1946), elamargado ateo de “La fe” (1947), o el cruel villano de “Mare Nostrum” (1948).Presente en algunos títulos referenciales de la hitoria del cine español, comoel gran éxito de José Luis Sáenz de Heredia de 1943, que marcaría una tendenciaen la producción de cine patrio, “El escándalo”, o como el díptico triunfal deJuan de Orduña  “Pequeñeces” y “Agustinade Aragón” (ambas de 1950 y continuadoras del “fenómeno” Aurora Bautista en elseno de CIFESA, que había nacido con “Locura de amor”, un año antes ),  o como “Apartado de correos 1001” (1950),film de Julio Salvador que inició una nueva vía de producción, modesta entérminos de presupuesto pero que a la postre resultaría, con el paso deltiempo, una de las más reconocidas y valoradas por el público y la crítica.Lamentablemente, las décadas sucesivas de la producción cinematográficaespañola, pese a no olvidar completamente a Guillermo Marín, no le ofrecieronoportunidades más que de intervenir, prácticamente como comparsa prestigioso,en films montados, con frecuencia, en torno a una figura popular, como la niñaprodigio Marisol (“Tómbola”, 1962, “La nueva Cenicienta”,1964), las cantantesLola Flores, Paquita Rico y Carmen Sevilla (“El balcón de la luna” 1962), o elcómico Paco Martínez Soria (“Don Erre que Erre”, 1970, film en el que actuabaacompañado por sus propios y queridos caniches). No obstante, susparticipaciones en films de directores estimables, como José María Forqué (“Eljuego de la verdad”, de 1963; “Zarabanda bing bing”, de 1965 y “Un millón en labasura”, de 1967) o el genial Fernando Fernán Gómez (“Mi hija Hildegart”,1977), así como sus dos últimos films, los exitosos “Las bicicletas son para elverano” (Jaime Chávarri, 1983) y “La corte del Faraón” (José Luis GarcíaSánchez, 1985), merecen ser mencionadas.NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Pese a lo hasta aquí expuesto, cabe concluir en relación a Guillermo Marín que si bien reinó sobre los prestigiosos escenariosdel María Guerrero o del Teatro Español, haciéndose acreedor a los más sonadospremios y lisonjas críticas, el cine, en cambio, le reservó menor grandeza. Y ello es debido a que paralos papeles protagónicos, los peliculeros prefieren “presencias”, mientras quepara los personajes característicos, de villanos o de antagonistas, exigenprimeros actores, como Guillermo Marín. Así, no sólo Neville, que sabrá ver enla cínica inteligencia de Marín la capacidad suprema para dar vida a papeles desolemne pelmazo con la misma solvencia que para los villanos esquinados, sinotambién directores como José Luis Sáenz de Heredia (quien le proporcionó -apuntemos- sudebut, en la influyente cinta de 1941, “El escándalo”) o Rafael Gil, lereservarán, especialmente durante los años cuarenta, en el llamado "cine de levita", de efímero predicamento, roles de tal índole. Enesta línea, el doctor Sabatino de “La torre de los siete jorobados” se inscribeen la deleitable galería de untuosos anfitriones venenosos, capaces de raptar ala heroína y ligarla con cadenas de seda, o de servir al héroe (mosca en sured) combinados de vitriolo en copas talladas de fino vidrio.
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Dos característicossuperlativos: Julia Lajos y Antonio Riquelme, son  Magdalena, la madre de La Bella Medusa, y donZacaríasNacidos ambos en 1894, Julia Lajos y Antonio Riquelmepersonifican el paradigma de aquello que unánimemente se considera lo mejor delcine español: sus actores característicos o de reparto. Sólidamente formados enla profesión a través de larga e intensa experiencia teatral, tanto doña Juliacomo don Antonio, transitaron ante las cámaras de cine pisando con seguridad yoficio, logrando, aparentemente sin esfuerzo, comunicar al espectadorcomicidad, naturalidad e ingentes dosis de Verdad. De su indiscutible dominiodel género cómico da fe el hecho de que ambos estrenaron repetidamente alsupremo comediógrafo Jardiel Poncela. Así, entre 1930 y 1940, don Antonioestrenó “El cadáver del señor García”, “Margarita, Armando y su padre” y “Eloísaestá debajo de un almendro” en el Teatro Comedia, mientras que doña Julia hizolo propio con “Angelina o el honore de un brigadier”, “Carlo Monte enMontecarlo” y “Un marido de ida y vuelta” sobre el escenario del InfantaIsabel. Previamente a la obtención de este particular marchamo jardielesco, dosdécadas de trabajo ante el público les contemplaban. Para cuando rodaron “Latorre de los siete jorobados”, el montante de años acumulados en la escenaalcanzaba ya los treinta y cinco años de experiencia profesional. Casinada. 
Juliana Julia Lajos Martín (Villagarcía, 24/02/1894 –Madrid, 1963) abre su existencia con una incógnita, pues sus biógrafos difierenen cuál fue la localidad de su nacimiento. Unos dicen que Villagarcía de Arosa(Pontevedra) y otros, que Villagarcía del Campo (Valladolid), con lo que laactriz vendría al mundo como gallega o como castellana. Aunque quien pergeñaestas líneas se inclina por la segunda opción, no encuentra inconveniente enresolver la duda afirmando que, en cualquier caso, Julia Lajos nació para seruniversal, como una de las mejores actrices cómicas de España de todos lostiempos (en competencia, por lo que hace a sus coetáneas, con Isabel Garcés yGuadalupe Muñoz Sampedro). El primer paso que dio en tal sentido fue el deenrolarse en una compañía de teatro vallisoletana, contando tan solo quinceaños de edad. Participando del mismo impulso juvenil del que se valieron paradar carta de naturaleza a su vocación, Antonio Casal o Guillermo Marín, JuliaLajos, que no contaba con antecedentes familiares en la profesión, prosperórápidamente y, tras pasar por la compañía de Gómez Ferrer donde debutóprofesionalmente en un “tenorio”, ascendió en el escalafón hasta estrenar supropia compañía en 1920, en el teatro Eslava de Valencia. Como cabeza decartel, Julia Lajos inauguró, a comienzos de 1925, el teatro Alcázar (entonces,Alkázar) madrileño representando “Madame Pompadour”. Al año siguiente, tomarácontacto por vez primera con el cinematógrafo, en el film “La malcasada” (FcoGómez Hidalgo), en el histriónico (y mudo) papel de una cantante rusa. Noobstante participar en otro film de 1930 (“El profesor de mi mujer”, ArmandGuerra), no será hasta la década de los cuarenta que doña Julia, que ya atesorauna experiencia apabullante como comedianta, se enseñoree de la pantalla con supersonalidad estrepitosa, que contiene algunas pizcas de Margaret Dumont y deMae West en un continente enteramente original. Será sin duda Edgar Nevillequien mejor sepa y quiera aprovechar las dotes características de la cómicahaciéndola, a partir de su primer papel en un film suyo, en “Correo de Indias”(1942), una presencia familiar en su cine.
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Conducto excelente del mejor humorde Neville, Julia Lajos da vida al arquetipo de la señora de mediana edad, algoentrada en carnes, vitalista, que no disimula sus apetitos (aunque, debido a lacensura hubiera de limitarse a hacer explícitos los de la mesa y a sugerir elresto), que suspira aún por los hombres, que se ríe de sí misma y que noscontagia con su risa. Prosaico contrapunto a la más espiritual protagonistahabitual de los films de Neville (su musa, Conchita Montes) en “Café de París”(1943), en “La vida en un hilo” y “Domingo de carnaval” (ambas de 1945),bordaba también el rol de futura suegra de Fernando Fernán-Gómez en “El últimocaballo” (1951), sería una carnal hada en “Cuento de hadas” (1951), y seenfrentaba con acierto a su papel más complejo y hondo en “El crimen de lacalle Bordadores” (1946). Pero lo más destacable de la filmografía de JuliaLajos no se agota en las películas de Neville. Esta insustituible actrizdesplegó con nítida maestría su arquetípica personalidad en títulos tan señeroscomo “Doña Francisquita” (Ladislao Vajda, 1952), o “Novio a la vista” (film de1954 debido tanto al genio de Luis G. Berlanga, como del propio Neville,argumentista y co-guionista). En ambas excelentes películas, así como en latambién muy estimable “El canto del gallo” (Rafael Gil, 1955), figuraba en elreparto, junto a Julia Lajos, el también excelso Antonio Riquelme.
En una película tan dramática como “El canto del gallo”, elcontrapunto cómico, estrambótico y tierno que protagonizaban la oronda JuliaLajos y el escuálido Antonio Riquelme representa, no sólo un soplo de airefresco y vivificante, sino que eleva exponencialmente el alcance y la calidaddel film en su conjunto, siendo la escena de su boda, el momento másinolvidable del film.
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Sintetizar en el caso de Antonio Riquelme es sencillo:Antonio Riquelme nació actor y madrileño. Y, probablemente, por ese orden.Perteneciente a una larga estirpe de actores, que él se encargó asimismo deperpetuar, Antonio Riquelme Salvador (Madrid, 9/11/1894 -  20/03/1968) no perdió ni un instante enprobar otros medios de vida e, indubitablemente, se zambulló en aquel oficioque le era tan natural como el respirar. Se inició en la profesión, siendo unmuchacho, en la compañía de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, con loque se inscribió en el teatro por la vía más ancha y noble, y ya en 1912 tuvosu primer contacto con el cine, actuando en dos cortometrajes, “Las aventurasde Pollo Palomeque” y “Los sueños de Pollo Palomeque”, dirigidos por lostambién cámaras Francisco Oliver y José Gaspar, respectivamente. Este primercontacto con el cine conocerá continuidad en esporádicas colaboraciones que seirán sucediendo durante las dos primeras décadas del siglo, mientras el jovenRiquelme adquirirá solvencia y solidez en los escenarios actuando concontinuidad en diversas compañías, de las que debe destacarse, por ser aquellas en las que tuvo más presencia, las deTirso Escudero y la del Teatro de la Comedia (donde fue dirigido por Jardiel).Será durante los años de la Segunda República cuando sus interpretaciones en elcine comiencen a adquirir mayor relevancia, al produciré en títulos que fuerongrandes éxitos de la época, como “El rayo” (José Buchs, 1935) y “El bailarín yel trabajador” (Luis Marquina, 1936). Será a partir del periodo de la posguerracuando la actividad de Antonio Riquelme se decante cada vez más por el cine endetrimento del teatro, actuando, a lo largo de veinticinco años, prácticamente,ante las cámaras de todos los directores del cine español, acumulando más deciento cincuenta títulos en la suma de su filmografía. Obligado es mencionar almenos, un puñado de ellos, recordando, por ejemplo, su interpretación de “ElCastelar” en la adaptación al cine de la comedia de Jardiel, “Los ladronessomos gente honrada” que realizó Iquino en 1941; o sus intervenciones en dos delas mejores películas de Juan de Orduña, “Deliciosamente tontos” (1942) y“Ella, él y sus millones” (1943); o como sus interpretaciones a las órdenes deNeville, quien, tras “La torre de los siete jorobados” volvió a confiarleencantado un papel en “El traje de luces” (1946) y en “La ironía del dinero”(1955). Los directores más prestigiosos del momento confiaban e manera bienfundada en Antonio Riquelme, y tanto José Luis Sáenz de Heredia, como LadislaoVajda o Rafael Gil, le adjudicaron roles en sus films, como, por ejemplo, en“Las aguas bajan negras” (1946) , “Los ojos dejan huellas” (1952), o “Todo esposible en Granada” (1954, en el caso del primero, en “Barro” (1946), “DoñaFrancisquita” (1952), o “Aventuras del barbero de Sevilla”, en el caso delsegundo, y en “Don Quijote de la Mancha” (1947), “Teatro Apolo” (1950), “Laseñora de Fátima” (1951), “El canto del gallo” (1955), o “Un marido de ida yvuelta” (1957), en el caso del tercero. Relevancia especial tuvo sucolaboración con Luis Lucia, pues le valió el único reconocimiento público enforma de premio del Círculo de Escritores Cinematográficos por su genialincorporación del papel del tierno y arrollador fanfarrón Diego Ruiz en“Jeromín” (1953), éxito personal que le procuró probablemente uno de susescasos papeles de protagonista en el film del mismo director rodado un par deaños después, “La lupa” (1955). Presente en uno de los mejores films de JoaquínRomero Marchent, “El hombre del paraguas blanco”, hilarante como el chaladodelicioso en “Bombas para la paz” (Antonio Román, 1958), Antonio Riquelmemenudeó también en los films de José María Elorrieta, Ramón Torrado y, a partirde finales de los años cincuenta, Pedro Lazaga.
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Antonio Riquelme puso su innato casticismo enjuego en las dos versiones de “La Revoltosa” que firmó José Díaz Morales en1949 y 1963, en el film de Ramón Comas, “Historias de Madrid”  y en el taquillazo “¿Dónde vas, AlfonsoXII?”, film en el que su personaje se erigía en la voz del pueblo anónimomadrileño. Supo teñir de patetismo su vis cómica como el alcoholizadoviolinista Orfeo, en la popularísima “Manolo guardia urbano” (1956), tercera delas películas, por cierto, en las que trabajaba a las órdenes de Rafael J.Salvia. Si tenemos en cuenta que Riquelme tuvo un breve pero lucido papel en“El cochecito” (1960), del binomio Ferreri-Azcona, y que también actuó ante lacámara de Luis G. Berlanga (en “Novio a la vista”, como dijimos) y de JuanAntonio Bardem (en “Felices Pascuas”, de 1954), y que, a todos los directorescitados habría que añadir, probablemente, a una veintena más (desde Manuel MurOti, hasta Edgar G. Ulmer, pasando por Francisco Rovira Beleta, Arturo RuizCastillo o Fernando Palacios, por citar algunos), no cabe duda que el enjuto ynarigudo Antonio Riquelme logró hacer encajar con acierto su chocante humanidaden todas partes, con todo tipo de directores y en toda clase de películas, porel milagroso (y glorioso) procedimiento de ser siempre él mismo… Y es que fueracual fuese el tono de su personaje, ya fuera jovial y relajado, fanfarrónincorregible, o jocosamente irascible, un punto patético, quizá, o fuera cuerdoy sentencioso, o un orate delirante, el timbre personal de Riquelme se manteníasiempre cálido y gozosamente cercano. Lo que, mantenido a lo largo de unafilmografía tan extensa convierte a Antonio Riquelme en, probablemente, elmejor actor característico del cine español.
El inductor y laheroína son padre e hija: Félix de Pomés e Isabelita Pomés son Robinsón deMantua e InésNOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...A diferencia de suscompañeros de reparto de “La torre de los siete jorobados”, Félix de PomésSoler (Barcelona, 5/02/1893-17/07/1969) dispuso, por nacimiento, de unaprivilegiada posición económica que le permitió costearse una formaciónsuperior, que consistió en estudios incompletos de Medicina y Farmacia y en unalicenciatura en Derecho. También a diferencia de ellos, su contacto con elescenario se produjo, no en sus años mozos, sino siendo ya un adulto. Nonecesitando ejercer la profesión que por sus estudios le habría correspondido,Félix de Pomés pudo permitirse atender a sus propias inquietudes personales,ejerciendo de periodista en diversas publicaciones y, especialmente, cultivandoel arte pictórico, disciplina en la que obtendría notables reconocimientos,exponiendo en Barcelona y Madrid y publicando obra gráfica. No satisfecho porcompleto con el desarrollo de las antedichas actividades, Félix de Pomés fue un“sportman” destacado, practicante del boxeo en un primer momento, del fútbol(llegando a militar en las filas del F.C. Barcelona y del C. D. Español), conposterioridad, y de la esgrima, deporte en el que se alzó con el campeonato deCatalunya y por cuya práctica representó a España en las olimpiadas de París yÁmsterdam en 1924 y 1928, respectivamente. A lo largo de la década de los años20 será cuando se inicie en el arte interpretativo, desarrollando su labor enescenarios barceloneses. Desenvuelto viajero, su paso por Alemania a finales deesta década le vale un contrato con la productora tedesca UFA, en calidad deasesor plástico y director artístico. Sin solución de continuidad, iniciará enfilms de dicha productora su carrera como actor cinematográfico, figurando enlos repartos de cuatro films germanos entre 1928 y 1929. Con la irrupción delsonoro, Félix de Pomés formará parte de la selecta escuadra de actores españolesque rodarán versiones en habla hispana de films hollywoodienses. Así, se pondráante las cámaras de los estudios de la productora Paramount, instalados enSaint-Maurice y Joinville (París), durante el año 1930 y principios del añosiguiente, para rodar cinco films del director Adelqui Millar. Cruzando elAtlántico, y bajo contrato de la productora Fox, Félix de Pomés rodará en losestudios de Hollywood “Cuerpo y alma”, y “Esclavas de la moda”, ambas firmadaspor David Howard y estrenadas en 1931, y “Mamá”, film del mismo año que dirigióBenito Perojo. De regreso a España, dirigirá los primeros doblajes de losestudios Trilla-La Riva, y continuará con esporádicos trabajos ante lascámaras, llegando, al iniciarse la década de los cuarenta, a dirigir dos films(“Pilar Guerra” y “La madre guapa”) en los que contará con una belleza depureza indescriptible como estrella: su propia hija, Isabel. Adviene al rodajede “La torre de los siete jorobados”, donde obtiene el papel del imponenteRobinsón de Mantua, como continuidad a su buen hacer en “Santander, la ciudaden llamas” (Luis Marquina, 1943), film del que su productor, GermánLópez, recuperará a buena parte del elenco para su nuevo proyecto (además dePomés, Antonio Riquelme, Julia Pachelo, Luis Latorre y Antonio Zabala) pese aque, paradójicamente, el planteamiento creativo de ambas películas no puedeestar más alejado..
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Félix de Pomés semantiene activo como actor, sin prodigarse en exceso, durante las tres décadassiguientes a su debut, aportando su distinguido porte a films preferentementerodados o producidos en Barcelona. Su impresionante caracterización como eltuerto y espectral Robinsón de Mantua permanece como la más excepcional de sucarrera, pero también cabe destacar su participación en la extraordinaria “Vidaen sombras” (1948, Llorenç Llobet-Gràcia), en films de Luis Marquina (“Vidascruzadas”, de 1942 y “Santander, ciudad en llamas”, de 1943), de Ignacio F.Iquino (“Culpable”, de 1945 y “Noche sin cielo”, de 1947), de Ricardo Gascón(“Don Juan de Serrallonga”, de 1948, “Ha entrado un ladrón”, y “El hijo de lanoche”, ambas de 1949, o “El correo del rey”, de 1950), de un juvenil FranciscoRovira-Beleta (“Doce horas de vida”, de 1948, y “Once pares de botas”, de1954), de Fernando Fernán-Gómez (las fundamentales “La vida por delante” y “Lavida alrededor”, de 1958 y 1959, respectivamente) y de Rafael Gil, quien ledirigió en cinco ocasiones: “Murió hace quince años” (1954), “La otra vida delcapitán Contreras” (1954), “El canto del gallo” (1955), “La casa de la Troya”(1959), y “Rogelia” (1962). En sus últimos años de actividad profesional, talcomo hicieron otros compañeros suyos que también habían emigrado temporalmentea Hollywood en los albores del cine sonoro, trabajó en produccionesnorteamericanas rodadas en España, o, por decirlo de otro modo, cuandoHollywood les devolvió la visita a los actores españoles, éstos, haciendo valersu dominio del inglés, volvieron a trabajar para la Meca del Cine, en títuloscomo “Orgullo y pasión” (Stanley Kramer, 1957), “Salomón y la reina de Saba”(King Vidor, 1959), o “Rey de reyes” (Nicholas Ray, 1961).
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...La buena planta, el distinguido porte, y la elegancianatural de Félix de Pomés hallaron en su hija delicado complemento en unabelleza tan franca como libre de afectación, que, animada su mirada por unainteligencia nacida de la serenidad, daba lugar a una presencia inigualable enla pantalla, de una fotogenia impecable. La niña Isabel de Pomés López(Barcelona, 10/04/1924 – 31/05/2007) nació para, desde la pantalla, estremecerun día no muy lejano el corazón de todo espectador sensible. Siendo niña todavía,inmersa naturalmente en el ambiente cinematográfico, ya jugaba en la mesa demontaje con pedacitos de films y aprendía a juntar unas escenas con otras. Conalguna experiencia sobre escenarios barceloneses, sólo cuenta dieciséis añoscuando López Rubio la hace aparecer fugazmente en “La malquerida” (1940) y lostres años siguientes, poniéndose a las órdenes de su padre, de Ignacio F.Iquino, de Luis Marquina y, especialmente, de Rafael Gil, consolida su figura,pura, virginal y atrayente, para el público. Cuando rueda “La torre de lossiete jorobados”, pese a su juventud, ya ha triunfado en el cine. Hacontribuido con su suave accionar a dotar de magia la espléndida “Huella deluz” (1942) y tiene no poca culpa en el éxito final del film. Con su partenaire,Antonio Casal, forma una pareja de las más inolvidables del cine español y que,como dijimos en su momento refiriéndonos al actor compostelano, ydesgraciadamente (añadimos ahora), no conoció continuidad. Idónea inspiradorade los mejores propósitos y voluntades de un protagonista como el que encarnabaAntonio Casal en “Te quiero para mí” (Ladislao Vajda, 1944) y en “La torre delos siete jorobados”, Isabel de Pomés, siempre adorable, prolongó sudeslumbrante brillo de aquel tiempo de esplendor en forma de fugaces fogonazosen grandes éxitos del cine español (pensamos en su participación en “Marcelino,pan y vino” (1955), de Vajda o en la aclamada “Amanecer en Puerta Oscura” (1957),de Forqué), aunque, como también dijimos en el caso de Antonio Casal, ya novolvió a ser la misma.
NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...En el resto delelenco hallamos que, por ejemplo, Franco es Napoleón.El Destino tenía previsto para José Franco llegar a ser ungordo familiar en todos los hogares españoles a través de sus numerosasapariciones en la pequeña pantalla, actuando frecuentemente en papeles detabernero o de cura. Veinte años antes de cumplirse el hado, José FrancoPumarega (Madrid, 25/04/1908-30/01/1980) protagoniza el momento másabiertamente cómico de “La torre de los siete jorobados” al dar vidaultraterrena al espectro de Napoleón y entablar un diálogo con Robinsón deMantua. Este actor , director y maestro de actores, de oronda y más bien brevefigura, sintió la afición por la escena desde la infancia, y dio finalmentesalida a su vocación cuando abandonó los estudios de Medicina en su segundo año(en el primero según algunas fuentes) para matricularse en el Conservatorio deMúsica y Declamación. Ya en aquel entonces, mientras realizaba el meritoriajeen la ilustre compañía de Margarita Xirgú y Enrique Borrás, estrenó la opereta“En las orillas del Neva”, con libreto de Antonio Ángel Gascón. Discípulo deRivas Cherif, integró el TEA (Teatro Escuela del Arte) en la década de los años30.  Comprometido con la causa republicana,formó durante la Guerra Civil parte del “Teatro del Arte y Propaganda” quedirigía en el Teatro de la Zarzuela María Teresa León, siguiendo a continuaciónsus directrices en el Cine-Teatro-Club de la Alianza de IntelectualesAntifascistas en Valencia. Con el fin de la cruel contienda, José Franco seintegra, aparentemente sin dificultad, en el seno del sistema teatral delRégimen recién instaurado, dirigiendo y actuando en el Teatro Español, en obrastan afines al clima político imperante como “La primera legión” o “Garcilaso dela Vega”. En las décadas siguientes y tanto a través del cine, como de antescitado medio catódico, pero, sobre todo, sobre los escenarios, José Francocimentó un sólido prestigio no sólo para el público sino también entre suspropios compañeros de profesión.
Y para terminar…NOTA PREVIA: excepcionalmente,este burgomaestre abandona ...Para terminar esta aproximación al reparto de “La torre delos siete jorobados” sólo nos queda dar paso al “Quién es quién” del resto deactuantes. Cabe señalar que, con motivo de la presente edición en DVD del filmse ha procurado identificar al máximo de nombres que figuran en el elenco, e,incluso, algún nombre que ni siquiera figuraba en los títulos de crédito de lapelícula. Hasta donde hemos podido saber, los intérpretes de “La torre de lossiete jorobados” no citados hasta ahora y desempeñando los papeles de menorextensión, son: Manolita Morán, como la frescachona y vulgarcilla cupletista“La Bella Medusa”; Julia Pachelo (de origen italiano, su apellido real eraPaccello), como Braulia, la criada de Inés de Mantua; Antonio J. Estrada (queya había interpretado similar rol en “La Parrala”, un cortometraje anterior deNeville), como el valiente agente de policía Martínez;  Rosario Royo, en el papel de la portera de lacasa de los Mantua; José María Rodríguez, un misterioso secundario quefrecuentemente no era acreditado, como Faustino, el marido de la portera;Manuel Miranda, en el papel del sacrificado jorobado Malato; Luis Latorreincorpora al crupier de la escena del casino; Luis Ballester, destacado actorradiofónico, interpreta al comisario de policía; Carmen García da vida a lacamarera del Salón Moderno; Francisco Zabala se pone en la piel de un jugadorde ruleta; Antonio Zaballos se ocupa del rol de don Alfonso, el archivero; elimprescindible para Neville, Luciano Díaz, el hombre sin nariz, encarna a unjorobado asustado ante el previsible desenlace fatal; Antonio Bayón lucirá ununiforme de policía, sin pronunciar palabra y, en el resto de papeles,meramente incidentales, actúan Emilio Barta, Julia García Navas, Natalia Daina,José Arias e Inocencio Barbán.

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