Revista Opinión

Nota sobre la nueva réplica de Juan Ramón Rallo a mis artículos

Publicado el 02 marzo 2017 por Juantorreslopez @juantorreslopez

El profesor Juan Rallo ha tenido de nuevo la amabilidad de dedicar su tiempo a contestar (Dinero, inflación y liberalismo: nueva réplica a Juan Torres) a los comentarios que yo hice a su primera réplica (Insisto: la tesis liberal sobre el crecimiento del dinero y la inflación es falsa. Respuesta a la réplica de J.R. Rallo) Me limito ahora a agradecérselo y a señalar unas simples matizaciones para cerrar el debate porque creo ya no da para mucho más sin que cada uno de nosotros repita posiciones teóricas ya hace mucho tiempo asentadas en las diferentes escuelas de análisis económico.

– No voy a entrar en la discusión sobre etiquetas porque creo que eso es algo que casi no aporta nada al conocimiento. Es evidente que dentro de las más grandes corrientes económicas hay enfoques y puntos de vista singulares que, en mayor o menor medida, se separan de su núcleo central. Lleva razón el profesor Rallo, y no tengo el menor inconveniente en aceptarlo así: dentro del liberalismo entendido de la manera más genérica, como yo mencioné, hay a su vez diversas corrientes y perspectivas de análisis, no solo  en relación con el análisis de la moneda o los precios, sino en otras muchas materias o incluso en cuanto a la más o menos deseable presencia del Estado: no todos los liberales, por ejemplo, son anarcocapitalistas que reclaman la desaparición más completa posible del Estado.

– Me alegra que el profesor Rallo y yo estemos de acuerdo en que el crecimiento de la oferta monetaria no siempre genera inflación (aunque lleguemos a esa conclusión por diferentes vías). Es importante porque, de la asunción de esa hipótesis o de la contraria,  se deducen consecuencias de política económica muy diferentes.

– Reconozco que incluí al profesor Rallo entre los liberales que defienden que el incremento de la oferta monetaria genera siempre inflación guiándome simplemente por el subtítulo de su último libro (“Por qué imprimir dinero sí genera inflación”). Reconozco que establecí una conclusión apresurada al respecto, aunque creo que el profesor Rallo estará dispuesto a reconocer a su vez que la frase de su subtítulo leída como tal no deja mucho lugar a otras interpretaciones diferentes a la que yo hice.

– No voy a entrar a debatir sobre el alcance de los análisis y datos de Richard Vague pues tendría que ser éste último quién se defendiera. Sea como sea, me parece evidente que de su análisis resulta que el crecimiento de la oferta monetaria (medida como M2) NO SIEMPRE genera inflación. Si esta última es también la tesis del profesor Rallo (aunque llegue a ello por otras vías de análisis) entiendo que también él debe estar satisfecho de que su tesis se vea ratificada por la vía que siguen autores de otra ideología, como Vague en este caso. Es más, si el profesor Rallo lleva razón en su tesis (la misma que la mía, es decir, que aumentos de la oferta monetaria no llevan consigo siempre la inflación), no le podría extrañar que Vague lo haya comprobado al analizar la realidad.

– Sí quisiera insistir en que la tesis que me achaca el profesor Rallo no es la que yo defiendo. Dice el profesor Rallo: “…no es posible sentenciar, como hace el profesor Torres, que el crecimiento de la oferta monetaria no genera inflación”. Insisto, aunque solo sea para que quede clara la posición de cada uno, que esa no es mi tesis. Lo que yo “sentencio” es: el crecimiento de la oferta monetaria no genera SIEMPRE inflación. Creo que la diferencia entre ambas proposiciones es clara.

– Tampoco voy a entrar en los diferentes conceptos que utilizamos para analizar los problemas que hemos debatido. Me parece que es también evidente que las diferencias entre economistas se deben (entre otras razones) a que partimos de hipótesis y definimos conceptos de modo diferente. Y tampoco voy a tratar de convencer a nadie sobre la naturaleza y el efecto sobre la desigualdad y el bienestar que han tenido las políticas económicas (a mi juicio claramente deflacionistas) de los últimos años. Creo que nuestros lectores son lo suficientemente inteligentes como para saber discriminar y elegir entre nuestros diferentes planteamientos que, como dije al principio, no son sino expresiones de corrientes de pensamiento económico de ya muy larga tradición.

– Por último, sí tengo mucho interés en desmentir tres pensamientos o juicios que me achaca el profesor Rallo.

Primero. No es verdad que yo defienda que “nuestros intereses de clase condicionan nuestra ideología” (incluso dudo de que esa sea de veras una tesis marxista, como asegura Rallo). Nunca he dicho ni afirmado algo así, tan simple e irreal. Creo que la ideología (entendida como la define la Real Academia, es decir, como “conjunto de ideas que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época”) está condicionada por muchos factores y no solo por los intereses de clase social (sexo, raza, …). Si fuese como dice Rallo, las derechas no habrían ganado nunca ni una sola elección.

Segundo. Nunca en mi vida he defendido “un Estado grande”. Lo que yo he defendido siempre es un Estado del tamaño (grande o pequeño, eso me da igual) necesario para hacer posible que los seres humanos vivamos con dignidad y mínimo bienestar, en libertad y democracia.

Tercero. Yo no he dicho ni “deslizado” que el profesor Rallo u otros pensadores como él sean “ideológicamente deshonestos” y “vendidos a intereses de clase”. Entre otras cosas, porque reo que tener intereses no es algo que nos deshonre, ni como científicos, ni como ciudadanos, ni como personas. En todo caso, sería deshonesto ocultarlos y muy ingenuo creer que uno no los tiene y que somos científicos puros.

Que se pongan en mi boca ideas que no he expresado o acusaciones que no he hecho sí que me desagrada y creo que no es justo.

En cualquier caso, y como dije al comenzar, agradezco al profesor Rallo que se haya tomado la molestia de comentar mis ideas y espero que los lectores hayan aprendido algo de economía y, sobre todo, a respetar a quien no piensa como nosotros.


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