Dudé en ir al taller. Obviamente, el entusiasmo mermó después de aquella conversación telefónica. Quería huir y, aunque no siempre es malo, no podía. La mujer con gafas no me dejaba. Molestaba en mi cabeza.
Es nadie, ya lo sé. Pero para mí, en ese momento, lo representaba todo. El jueves me junté a comer con Martin y, conociendo su reacción a mis fantasías, no me daban ganas de contarle nada. ¿Qué le iba a decir? ¿“Me enamoré de otro fantasma”? ¿Que estoy dejando ir a alguien por falta de algo inexplicable? Sembraste una duda Flor. Y eso es lo que mejor hiciste.
- ¡Viniste! Pensé que saltabas este domingo.- Casi. Maté un libro en mi lugar y al entierro fuimos una misteriosa mujer de anteojos enormes y yo.- Y te enamoraste…- Un poco. Era obvio, ¿no?- ¿Cuándo aprenderás a disfrutar de las cosas simples? Tal vez, si lograras canalizar tu libido hacia alguna actividad le exigirías otras cuestiones a tus relaciones afectivas. Pifiás cuando crees que una sola persona puede cubrir toda tu necesidad de adrenalina. Si balancearas tu vida de alguna manera, lo único que te haría falta de una mujer es un gran aporte de paz.- ¿Paz? ¿Me estás cargando?- No Andre. Mirame a mí. A mí me gusta mucho lo que hago, me atrapa mi carrera, mi profesión. Si no tuviera a mi lado una mina que me quiere, que me apoya, que está ahí siempre, no podría desempeñarme bien en mi carrera. Necesito esa estabilidad. Por eso, Julieta, es vital en mi vida.- ¡Pero no la amás!- Sí la amo. Pero no con esa pasión que tenés vos que parece desmerecer otras formas de amor. No todos funcionamos así. Lo que vos no te das cuenta, es que la pasión que buscás en una mina también representa tu falta de pasión para otras cosas. Estás vacío. Por eso, cuando asoma la mujer que reúne las cosas que te atraen, desbordás de felicidad. Partís desde más abajo.- Tal vez. Pero los gustos no se eligen. Y sabés que he hecho de todo en la vida.- Pero de todo también te aburriste. Como te aburrís de las minas al conquistarlas. Algunas personas se enamoran de un deporte, de una mascota, del dinero, de muchas cosas. Vos no te enamorás de nada. Nada te atrae mucho tiempo, no lo degustás. No encontrás la riqueza, la evolución de las cosas con el tiempo. Y con las mujeres, no haces excepción.- Ya discutimos esto Martín, uno tiene que pensar como retener al otro, no a uno mismo. Si las minas con las que salgo no saben cómo manejarme, ¿qué querés que haga? No entiendo cómo hacés para morir por una mina absolutamente incondicional a vos. ¿Qué es lo que te atrae tanto de alguien que está siempre presente, aunque no le prestes atención?- Ya te dije, la incondicionalidad regala completitud. Una ficción que nos gusta comprar a los narcisistas. Es lo que necesitamos para atender otras inquietudes. Para estar en orden, balanceados. ¿No te acordás el comentario que te puso La en aquel ensayo? ¿Eso del amo y el esclavo? ¿Dónde el esclavo no se da cuenta que es él el que pone al amo en un lugar privilegiado? Si lo entendiera, podría maniobrar de otra forma. El poder en realidad es del esclavo, o sea, del que acciona. Por eso, nosotros los “amos”, somos fieles a nuestros esclavos.- …- Y si no hacé como hace la mayoría de los casados que funcionan… Hombres que se excitan con hacer más y más guita y las mujeres con sus hijos. La transferencia de libido en esos matrimonios se da para ambos. Por eso dura. ¿Si no qué te queda? Seguir buscando pareja reproductiva como macho activo y mantenerte todo el tiempo al palo. - Estoy al horno, básicamente.

Fue divertido. Aportó. Y al final lo convencí de que me acompañe hasta el taller de arte. Estábamos en el Oldest, ahí en Elcano al 3400, como siempre. A tan solo a unas pocas cuadras de la posible dirección. Tampoco era muy tarde porque comimos temprano. No perdíamos nada con extender unos minutos la vuelta a casa. Andá a saber, capaz nos encontrábamos con alguien…