Revista Psicología

Nunca digas que no puedes más

Por Rafael @merkabici

¿Recuerdas que ayer te hablábamos sobre cómo ponerte frente a los problemas, plantarte con ellos y seguir adelante, jamás bajarte de la bici, jamás vencer a la absurda tentación de entrar en un bar, llamar a tu casa y pedirles por favor que te vengan a buscar? ¿Lo recuerdas? Pues hoy te enseñamos más trucos para que puedas ir siempre un poco, un poco más allá.

No te rindas

No te rindas

Uno de los aspectos más clásicos para olvidarnos del dolor es concentrarnos perfectamente en nuestro esfuerzo. Efectivamente, de esa forma podemos llegar a situarnos en un punto donde apenas sentimos nada, y donde nuestra concentración es tan grande que nos abstraemos del exterior, de los puntos difíciles, de las piernas que gritan. Hay diversas formas de hacer eso y todas ellas son efectivas, tan sólo tienes que encontrar la que mejor te funcione. Acompasar la respiración es una de ellas. Cuando sientas que no puedes más, que tu corazón se desboca y tus piernas apenas pueden dar la siguiente pedalada intenta acompasar tu respiración, haz inspiraciones más profundas, procura mantener tus pulsaciones dentro de un límite que tú mismo le pongas, siente cómo el aire entra en tus pulmones y cómo lo expulsas después afuera, procura notar el pecho henchirse y luego deshinchase…haz todo eso durante un rato, el tiempo que puedas…y te darás cuenta que en ese rato apenas has pensado en el dolor.

También puedes intentar alcanzar este estado de concentración mediante la repetición de algún elemento mental que te exija un cierto esfuerzo, como por ejemplo los números de ese puerto que tanto te está costando subir o los kilómetros y dificultades que te esperan hasta llegar a casa. Eso sí, lucha para que ese conocimiento no se vuelva en tu contra en un momento dado, si no te ves con fuerzas como para superarlo. La idea es mantener a nuestra mente alejada de nuestro cuerpo, pero nunca exigirla tanto como para que debamos emplear demasiadas fuerzas en ese acto.

Manteniendo la concentración

Manteniendo la concentración

Otro punto que puede ayudarte es cerrar los ojos unos segundos al menos una vez cada algunos cientos de metros. De esa forma te sentirás transportado a otro lugar diferente de tu propio cuerpo, y la vez podrás sentir con más intensidad algunas de tus reacciones físicas, como la respiración o la cadencia de la pedalada. Concentrarte en esta segunda es una magnífica forma de dejar pasar el tiempo y además mejorar tu técnica, ya que debes de visualizarla en todo momento. Piensa en tu pierna que baja pero a la vez piensa en la que sube, siente que ésta también tiene que hacer esfuerzo, nota cómo tus músculos se contraen y se expanden. Repite este gesto una y mil veces, piensa en cuantas pedaladas se llevan a cabo en una salida ciclista y de esta forma verás cómo tu cuerpo ya no es tu cuerpo y tu dolor ha dejado de doler…aunque sea por unos pequeños instantes. Mañana te contaremos algún otro truco.


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