Revista Opinión

One shot prado 23 (madrid)

Por Candreu
ONE SHOT PRADO 23 (MADRID)ONE SHOT PRADO (***)Calle del Prado 2328014 Madrid
Habitación: 101
Fecha de entrada: 9/06/2021
Tarifa: 59,00 (SA)
Junto al Congreso de los Diputados, en el corazón del Madrid más castizo y a un paso de la Puerta del Sol, de Neptuno y de las calles comerciales de la ciudad, en un antiguo edificio de los de esa zona de Madrid encontramos este moderno hotel. Con una fachada en color claro y balcones con barandillas en metal negro el acceso pasa desapercibido en una calle en cuesta... y eso que tiene tres entradas, incluyendo un gran portón para el garaje. Haciendo un extraño giro en una especie de viejo portal encontramos una puerta de cristal y acero pintado en verde con una manivela que abre hacia afuera. Junto a esa puerta hay una pared completamente de cristal con vistas a la calle y por la que entra la luz durante la mañana.

Entramos en un espacio rectangular que acumula muebles antiguos: un par de butacas en tela verde, una mesa baja, suelo de porcelana antiguo con cierto sabor vintage y una enorme lámpara sobre nuestras cabezas en forma de nube. A la izquierda, una pared recubierta con espejos. Sensación antigua remodelada. Señalética en el suelo para mantener la distancia de seguridad por culpa del virus y al fondo encontramos un bloque de madera blanca que acoge la recepción. Sobre él un bote con lapiceros, dos pantallas de ordenador, algunos carteles con avisos y un grueso cuaderno. Tras el enorme parapeto de metacrilato encontramos a un joven, vestido con ropa tejana que nos atiende con frialdad. Datos y más datos, firmas y más firmas para al final entregarnos un cartoncito con dos tarjetas que serán las llaves de la habitación y un pequeño mapa de la ciudad. Nos indica que en un correo electrónico recibiremos la clave del wifi... (si no tenemos wifi ¿cómo recibiremos el correo?) y algunas instrucciones del hotel. A la derecha del mostrador hay un espacio en el que se abren los baños, una pantalla empotrada en un mural con el mapa de la ciudad, un pasillo hacia la escalera y el ascensor. Sólo hay uno, y en horas punta resulta pesado esperar por él. En el interior, suelo de porcelana antigua, paredes de espejo, algunos carteles con información de la cadena y un dispensador de gel. La botonadura metálica y las puertas correderas. Estas nos abren a unos pasillos de techos altos, paredes en blanco, suelos de madera antigua recubierta por una alfombra que los recorre longitudinalmente. Un enorme espejo apoyado sobre la pared y un bidón de color naranja. Luces indirectas, remetidas en el techo y algo escasas. Un pasillo hacia la izquierda y otro casi de frente. No se ven bien los carteles indicadores de la ubicación de las habitaciones, pero lo adivinamos gracias a los enormes carteles que junto a las puertas modernas y de colores se disponen.ONE SHOT PRADO 23 (MADRID)La cerradura de la habitación se abre por contacto. Dentro caemos justo sobre los pies de una de las camas. Paredes en blanco, desnudas, sólo un cuadro de temática fabril y una gran pantalla de televisión que a la vez hace de espejo en la pared de los pies de la cama. Suelo de madera antigua. A la derecha la ranura para activar las luces con la tarjeta y unos cuantos interruptores de Bticino. Las camas son dos, pequeñas. Pese a haber indicado en la reserva la preferencia de cama grande (por mi altura) nos asignan dos camas de 80x190 (no parece estar el hotel completo en tiempos de pandemia...). Vestidas con limpísimas sábanas blancas que envuelven un nórdico algo asfixiante y rematadas bajo un pequeño cabecero de madera con tres almohadas de distinta dureza y tamaño. Sobre las camas se ofrecen dos sobrecitos con gominolas algo endurecidas. A cada lado de las camas hay sendas mesillas sencillas de madera blanca. Sobre una de ellas el mando de la televisión envuelto en plástico. Sobre la otra un pequeño teléfono de color negro. Sobre ambas enchufes disponibles e interruptores para la luz. Desde el techo cuelgan dos lámparas rematadas en bombilla que terminan sobre las mesillas. Escasa luz para el trabajo desde la cama. Además de las luces sobre las mesillas, en el techo hay un par de puntos de luz. Quizá con la luz de las mesillas es como se consiga el efecto más agradable. Junto a la cama hay una incómoda butaca en madera y piel blanca de curiosa factura. A la izquierda de la puerta hay una estrecha tabla blanca que hace las veces de escritorio. En ella un enchufe disponible y una curiosa lámpara de potente luz blanca. Bajo ella una silla de madera con asiento de piel blanca. Junto a la puerta está el display del aire acondicionado, de fácil manejo y de silenciosa eficacia incluso en modo automático.Al fondo de la habitación, después de cruzar las dos camas por un estrecho paso que queda a sus pies, una larga madera blanca hace las veces de repisa de un armario sin puertas, hecho con tres viejas tuberías que bajan desde el alto techo, delante de una pared pintada en un llamativo azul verdoso. En ellas hay colgadas media docena de perchas normales. Sobre la madera, una caja fuerte y sobre ella la bolsa de la ropa sucia. A su lado hay una ventana no practicable de cristal opaco que puede protegerse con un largo estor que baja desde el techo. El descanso no es sencillo. Primero por la estrechez de la cama; segundo porque sobre la puerta de la habitación hay permanentemente encendida una enorme luz de emergencia; y tercero porque dentro de la ducha hay una enorme ventana que no se puede cubrir por la que entra luz que se cuela en la habitación a través de la puerta de cristal del baño. Para colmo, cuando recibimos el correo con la clave del wifi pedimos -tal y como se ofrece- un albornoz y un lustrazapatos. Muy entrada la madrugada nos llaman por teléfono para ver si lo necesitamos interrumpiendo nuestro sueño. En la segunda noche de estancia encontramos sobre la cama el lustrazapatos pero ni rastro del albornoz.

El hotel resulta tranquilo, aunque se escuchan los pasos de las habitaciones superiores así como las voces del pasillo durante la noche.
ONE SHOT PRADO 23 (MADRID)Frente al curioso espacio de armario, sin separación alguna y con suelo de pequeñas teselas hexagonales en tono azulado, encontramos el lavabo. Una encimera generosa y moderna en blanco con una gran grifo curvo al que le falta un poco de caudal. Un vaso blanco y otro negro con el logo del hotel, una jabonera con una pastilla de jabón y un bote de gel y otro de champú completan las amenities. Cuelgan de una barra ubicada bajo el lavabo dos toallas de manos y dos de baño de enorme factura y calidad. A rayas con el logo del hotel. Sobre el lavabo un espejo redondo sobre la pared con baldosas blancas de aire retro. Al lado, un secador de pelo de escasa potencia. Bajo la encimera, una pequeña papelera metálica de tapa bastante abollada.ONE SHOT PRADO 23 (MADRID)Junto a ello, una puerta de cristal nos introduce en una zona donde está el inodoro, de cisterna oculta en la pared y con doble botón para descarga completa o media, y una gigantesca cabina de ducha, donde está la ventana de cristal opaco que llena de luz la habitación permanentemente. La ducha, con un agradable suelo de granito blanco y paredes de baldosa ofrece una descomunal regadera en el techo de la que cae agua con excelente temperatura y caudal, aunque el mantenimiento de la misma hace que los chorros salgan desiguales y en distintas direcciones. Anclado a la pared, un bote de gel y una pequeña repisa para dejar el botecito de champú. En la puerta de la ducha, un pie de ducha con el logo de la cadena. Por la mañana en la recepción el trámite de salida es igualmente frío. Una joven igualmente vestida en ropa tejana nos ofrece la factura sin más preámbulos mientras abonamos la estancia.Calidad/precio: 6
Servicio: 5
Ambiente: 7.5
Habitación: 6
Baño: 8
Estado de conservación: 9
Desayuno: 

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