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Otro maldito lunes: Los Betancourt

Publicado el 12 abril 2022 por Delaflor
Otro maldito lunes: Los Betancourt

Relato presentado

al CONCURSO DE RELATOS XXXI

Ed. EL HALCÓN MALTÉS

de Dashiell Hammet

Blog: El Tintero de Oro

Secuela de «Otro maldito lunes»

&

«Otro maldito lunes: 

La enfermedad de Mía»


    Mi nombre es Jacobo Serna, y en los diez años que llevo como detective privado, aquel era el caso más espeluznante al que me había enfrentado. 

    Tres meses atrás, un viernes por la tarde, entró don Leandro Frías en mi despacho, uno de los hombres más influyentes de Madrid.

—Buenas tardes señor Frías. 

—Estoy desesperado —dijo desde su mentro noventa sin perder su porte aunque se le veía físicamente más desmejorado a sus sesenta años. 

—Me hago cargo —logré decir. 

—Como ya sabrá, mi hija Carlota ha desaparecido, y aunque la policía está trabajando en ello, quiero que investigue a Mía Betancourt. Sospecho de ella, y aunque parezca ser una mosquita muerta, sé que no lo es. La contraté hace un año para que ayudara a mi hija, nunca la tragó, y no sé por qué. Hay algo malicioso en sus ojos, y no creo que sea su miopía.

—De acuerdo. Necesito saber algunas cosas sobre ella...

    Aquel fin de semana lo pasé apostado frente a la casa de Mía, y estuve a base de ensaladas y bocadillos ya preparados, agua y café. Los gemelos estaban con su padre, por la custodia compartida, así que ella debía estar sola en la casa. 

Mía tuvo al parecer un fin de semana de lo más tranquilo, el sábado y el domingo fueron idénticos. Sacaba a su dálmata a las mismas horas, a las nueve de la mañana, a las tres de la tarde y a las nueve de la noche. Destacaban en ella sus ojos azul intenso y su melena pelirroja, larga y rizada. Muy guapa, pero parecía algo demacrada. Cuando yo ya creía dar el fin de semana por perdido, a eso de la una de la madrugada del lunes, la mujer salió de casa y subió a su coche. La seguí a una distancia prudencial con las luces apagadas. No fue muy lejos. Aparcó en frente de la farmacia de sus padres, en el barrio contiguo. Le abrieron la puerta aunque no estaba de guardia. Salí del coche y me acerqué. Sentía que debía entrar allí y averiguar qué pasaba. Me la  jugué abriendo la puerta con una ganzúa, supongo que no conectaron la alarma confiados por el silencio de la noche. Una vez dentro, escuché voces en la rebotica. 

—Mía cariño, hemos tenido que subirte la dosis. No puedes seguir así —dijo la madre preocupada —¿Sabes el poder que tiene esa familia?

—Fue su culpa, nos envenenó. A los niños también —contestó Mía con rabia  —claro, como ella era estéril, me tenía envidia. Por cierto ¿os habéis podido deshacer de sus restos? 

—Hija, —dijo el padre —no es tan fácil. ¿Por qué la mordiste? ¿Querías comértela?

—Es muy duro, ya no sólo por mí, sino por los niños. Yo me inyecto el suero que me dáis, todos creen que es insulina y que soy diabética pero a veces, siento ese ansia que me consume por dentro. Cada vez me cuesta más hacer las cosas normales que hace todo el mundo. Son cuarenta y dos años sufriendo ya. Vosotros no tenéis mi enfermedad pero me la habéis transmitido. 

—Pero hija, una cosa es que engañemos a vagabundos a los que nadie echa de menos, para darte un plus de vitalidad y que no te conviertas en un zombi sin pensamiento, y otra muy distinta es que te cargues a la hija de tu jefe. No controlas tus instintos. Y no, las magdalenas no estaban envenenadas, tan solo era que Carlota se había pasado con el azúcar, y no le sienta bien a tu cuerpo —contestó su madre.

—Y los niños están bien. Su padre no tiene tu gen zombi, además es vegano, así que, si se quedan con él, su instinto quedará prácticamente anulado —volvió a decir el padre de Mía.

    Yo lo había grabado todo, con pruebas suficientes para ser detenidos. Ahora, todas las desapariciones de gente sin hogar tenían sentido. Lo que averigüé me ha dejado muy tocado y por eso decidí tomarme un año sabático y recorrer el mundo. Don Leandro Frías, hundido pero sereno, me ha pagado muy bien por el trabajo. 

XXXI edición Concurso El Tintero de Oro

En homenaje al fundador de la novela negra moderna, Dashiell Hammett, y su mítica obra El Halcón Maltés protagonizada por Sam Spade.


Otro maldito lunes: Los Betancourt


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