Revista Solidaridad

Para Cabezudos los del Gancho #ParaCabezudosLosDelGancho

Por Avv Lanuza Casco Viejo @AVVLanuzaCV
Fiestas Populares del Gancho 2026

Este año las Fiestas Populares del Gancho 2026 rinden homenaje a quienes dieron vida a sus figuras más queridas: Los cabezudos del barrio. Un reconocimiento colectivo a todas las personas que, con sus manos, su historia y su cariño al barrio, han dado vida a las 16 figuras que hoy recorren sus calles. Para ver la programación completa de las fiestas visita:

fiestasdelgancho.com

Hay tradiciones que se heredan, y hay tradiciones que se construyen con las manos, con el corazón y con el orgullo de quienes aman su barrio. Los cabezudos del Gancho son las dos cosas a la vez: figuras que hunden sus raíces en las procesiones medievales aragonesas y que, con el paso de los siglos, perdieron su solemnidad para convertirse en pura alegría callejera —correr y reír—, y que en el Gancho han encontrado su forma más entrañable.

Del barrio, para el barrio

En el Gancho, la historia de los cabezudos empieza hace más de medio siglo. Ya en los años 70, la comisión de las «Fiestas de Boggiero», para celebrar las fiestas de la Virgen del Rosario, sacaba sus propias figuras, las clásicas en toda Zaragoza, de las cuales aún sobreviven: la Vieja, el Torero, la Forana y el Diablo. Eran los vecinos los que los portaban, los que los guardaban, los que los querían.

El relevo llegó en los 90, cuando la Asociación Cultural Danze del Gancho bautizó sus primeras cuatro figuras en la propia parroquia de San Pablo, apadrinadas por Juan Alberto Belloch, que años más tarde llegaría a ser alcalde de Zaragoza. No eran personajes inventados ni arquetipos genéricos: eran el Sacristán Juan, custodio fiel de la parroquia; Primitivo Gil, el de las «Palomitas del Pilar» de la calle San Pablo; la Vedette, que encarnaba a Merche Navarro, artista del mítico Salón Oasis y detallista en el Mercado Central; y Labordeta, homenaje entrañable al cantautor aragonés. Cuatro cabezudos fabricados por Destrozos Títeres, hechos con arte y con alma de barrio.

Un barrio que no olvida a los suyos

En 2017 llegaron nuevas incorporaciones, y con ellas el gesto más hermoso que puede hacer una comunidad: convertir en personaje de cartón a quienes ya no están. El Mauro llegó como regalo de La Vecinal al Danze del Gancho en su XX aniversario, en homenaje a Mauro Scano, aquel vecino sardo tan querido que dejó un hueco enorme al marcharse en 2015, fabricado por Artesanía J.M. Sánchez.

Le acompañan Rosina, que durante años cantó los números del bingo de las fiestas del barrio, los primeros de su niñez junto a su madre, también llamada Rosina; y La Zaragozana, nombre artístico de José Luis Verdusán Casamayor, nacido en el barrio en 1943, que sufrió la persecución franquista por ser quien era y cuya memoria, desde que nos dejó en 2019, sigue siendo un acto de justicia y de orgullo. Estos dos últimos, realizados por las manos artesanas de los vecinos y vecinas de la Casa de Juventud (hoy Zona Joven) de San Pablo.

En 2019 nació una nueva figura, esta vez de La Vecinal en reconocimiento al trabajo realizado por la Asociación de Mediación Intercultural (AMEDIAR) en el barrio, y por su enfoque metodológico para una cultura de paz: «Bellonsé, la mediadora», fabricada por el artesano J. Forcano. Actualmente es la única cabezuda que nunca pega; en cambio, regala flores y caramelos.

Además, en el transcurso de la última década, vecinos han donado cuatro cabezudos de creaciones propias, creando así una gran familia tozuda que seguramente seguirá creciendo. En total el Gancho cuenta con 16 personajes de un barrio de cuento.

Guardianes del Gancho

Hoy todos estos cabezudos descansan en el local de La Vecinal, esperando el momento de volver a correr por sus calles. Y cada año, durante la última semana de junio, lo hacen —en los hombros de la Comparsa de Cabezudos Exalta2, que los saca a pasear todos y cada uno de los días de fiestas—. Niños que huyen entre risas, mayores que los miran con ternura. Como dice el lema de Exalta2: «Detrás de un cabezudo siempre habrá una sonrisa.»

Porque los cabezudos del Gancho no son figuras de cartón piedra: son el barrio hecho personaje. La prueba de que el patrimonio más valioso no solo está en nuestros históricos edificios, sino en los nombres, las caras y las vidas de quienes hicieron del GANCHO un hogar con mayúsculas.


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