Revista Coaching

¿para qué sirve la educación?

Por Mbbp
may
9
2016 Educación // Miguel Benavent de B. // Opinión

¿PARA QUÉ SIRVE LA EDUCACIÓN?

Author Escrito por Miguel Benavent de B.   Comments Sin comentarios

¿Para qué sirve la educación?

Creé mi primera empresa cuando tenía 15 años, aunque la constituí legalmente a los 18. Soy lo que podría denominarse hoy en día un emprendedor. No sé si aproveché mi talento natural como creador de ideas, como impulsivo aries o como innovador. Seguramente fue porque me tuve que pagar mis estudios y mis gastos, sin más. Eso, paradójicamente me privó de terminar mi licenciatura en la universidad, pues solo cursé los tres primeros años de Psicología, sin especialidad. No pretendía dedicarme y además me di cuenta de lo lejos que estaba la universidad de la vida real, en la que yo trabajaba desde hacía años. Aunque creo que pasa en todas las disciplinas universitarias, especialmente la Psicología “de libro” es conductista, solo retórica y demasiado restrictiva, pues está solo preocupada en llegar a ser una Ciencia, es decir, algo empírico, estadísticamente demostrable y necesariamente repetitivo, como todo método científico. Y mi intuición me dijo que eso negaba la singularidad y rica diversidad de cada ser humano, por definición.

A pesar de ello, como autodidacta que soy, siempre he estado estudiando, desde un máster de marketing, pasando por sonido profesional, diseño gráfico, comunicación, coaching y similares, todo lo necesario para crear empresas, hasta temas referentes a la Consciencia y cómo llevarla a las organizaciones para mejorar -de verdad- el mundo, que es lo que hago en mi momento actual. Nunca he dejado de estudiar o de leer algún libro o de asistir a cientos de talleres y seminarios, que me pueda enseñar algo nuevo y útil para mi vida, personal o profesional. Quizás por eso -o a pesar de ello, mejor-, durante muchos años he dado clases en la Universidad de Salamanca, como profesor asociado en alguna escuela de negocios de aquí y en otros países o realizado cursos “in company” para algunos de mis clientes. Creo sinceramente que la formación es mi vocación innata, tal vez algún día se hará realidad, cotidiana.

Quizás por mi vocación de docente, me doy cuenta de que hoy la escuela y, por extensión, la universidad, se han convertido en un fin en sí mismo, olvidando que su objetivo es educar. Porque la educación sin duda alguna es la única manera de mejorar el mundo, aportando valor a los nuevos ciudadanos, especialmente los niños y los jóvenes. La universidad se ha convertido en una institución política, solo lucrativa, complaciente y arcaica, alejada de los jóvenes y de su realidad en un mundo cambiante. Antes al menos la universidad era la cuna de las rebeliones estudiantiles y de las protestas en favor de ideales como la Democracia, el cambio y similares. Ahora ni eso son, a no ser que el origen universitario de las nuevas fuerzas emergentes como Podemos sea el inicio de su recuperación en esa labor social del activismo juvenil, tan necesario hoy en día para lograr el cambio.

Hoy la educación es solo un negocio, ya sea la pública o la privada. Y por tanto, excepto algunos contados profesores con verdadera vocación, casi nadie en ella se preocupa realmente por educar. Y, en caso de hacerlo, lo que se enseña está muy lejano de la realidad que se encontrará el estudiante cuando salga al mundo real. Se enseñan teorías caducas, métodos que hoy ya no son válidos para este mundo cambiante y real, pues vienen de una casta de educadores que hace demasiado tiempo que se creyeron “maestros” y que, además, no pasean por el mundo real hace demasiados años. Y el Tratado de Bolognia ha acentuado aún más esa carencia, pues exige la dedicación docente en exclusiva. Por no alargarme, no hablaré de los “Honoris Causa” otorgados por la Universidad a algunos personajes de gran notoriedad, pero poca ética o ejemplaridad. Pero lo peor es que la educación en general desatiende la singularidad, el talento y especificidad de cada alumno, imponiendo una común mediocridad, basada en indicadores y evaluaciones que solo buscan la complacencia de un sistema educativo pobre, ineficaz e inhumano, además de sumiso con un mundo y de un sistema, que no tardará en cambiar.

Menos mal que la propia vida es un gran maestro y vivir la vida, el mejor aprendizaje! Si a eso le añadimos el don de la curiosidad, hoy está al alcance de todos aprender… y enseñar!

Aquí tienes un interesante vídeo sobre “otra” forma de ver la universidad:


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