Revista Humor

Parapsicología

Por Indianing

Parapsicología
Misterios sin resolver hay muchos: Las caras de Belmez, el triángulo de las Bermudas, el caso de los Urquijo, el trío de las Azores, dónde está Wally, el éxito de Patito feo y un sinfín imposible de enumerar. Pero de todos ellos hay uno que me aterra por encima de cualquier cosa: ¡La pérdida de los calcetines! (es que es nombrarlo y erizárseme el vello de todo el cuerpo).
Los calcetines en general, se venden, compran y usan, en forma de par, y habitualmente cuando te los sacas, te quitas los dos, uno primero, luego el otro, y juntos van hasta el cubo de la ropa sucia. Hasta ahí todo parece normal. Pero no sé qué ocurre dentro de ese tambor de hojalata que absorbe las fundas de los pies como hace desaparecer el agua enjabonada. O se los traga por el sumidero, o mi razón no alcanza a entender a dónde diantre van a parar.
Es un tema que se lleva en silencio, que no aparece en los debates, que las autoridades callan y las madres no transmiten a sus hijos, pero existe, está, y por muchos escalofríos que nos provoque, hay que exponerlo sin miedos.
Con un par de ovarios me he enfrentado a la máquina -reconozco que algo temblorosa- y he seguido el recorrido desde el pie de la bañera hasta la puertecilla de la lava-ropa; yo misma, de par en par, he llenado el agujero negro de calcetines de los Simpson, Spiderman, Winnie the Pooh y por supuesto, del Barça, con mis propias manos, y confiando plenamente en mis ojos bien abiertos, los he introducido en sus entrañas, resultando siempre de la cuenta un número par.
Con El País y un par de pitillos, he pasado 24 minutos (programa ecológico) sin moverme de delante de la rotación, hasta que el centrifugado orgásmico llega a su fin. Santiguándome y cerrando la puerta para que Pat no presencie el horror, he abierto el círculo después del clic, he sacado los calcetines y los he ido colocando en la secadora uno por uno, contando en voz alta y con una vela encendida. ¡CINCO! Han salido cinco. Ha vuelto a ocurrir, ha engullido dos.
Voy a echar sal por los rincones, a solicitar los servicios de un santero, y a mandar un mail a Cuarto milenio, aunque poco me van a ayudar, porque el otro día, el presentador, llevaba un calcetín rojo y otro marrón.
¡Qué cague!

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