El más montañero de todos fue Ortzi que con sus tres añitos no se quejó en ningún momento de el ascenso.
Y más encantado cuando se pone a explorar entre las rocas calizas.
Aintzane ya se defiende bien entre tanta piedra.
Después de dejar las mochilas en el refugio salimos a pasear por las inmediaciones con los últimos rayos de sol.
Poco a poco, los cálidos rayos de ocaso sacan nuevos colores al paisaje.
Y aquí esta quien mejor se lo paso de todos, junto a su mama.
Este es el paisaje que contemplamos desde estas altas montañas.
Una fotografía del refugio donde pasamos la noche.
Al día siguiente, tras desayunar, comenzamos la vuelta a casa.
