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La leyenda de Von Lettow y los askaris alemanes

Por Zub

Hace mucho tiempo ya que quería rendirle un pequeño tributo a un artículo que el compañero "Harry Flashman"  (ver link al final del post) escribió hace mucho en el gran portal de Historia Militar, El Gran Capitán. Es un gran artículo y probablemente me tome mas de una entrada publicarlo todo, pero valdrá la pena.
El África Oriental Alemana fue un frente secundario en la Gran Guerra. El coronel y luego general Paul-Emil Von Lettow-Vorbeck, un jefe militar casi desconocido por el gran público. Los askaris zulúes, poco más de diez mil. Pero todos juntos protagonizaron una de las más fascinantes hazañas militares de todos los tiempos. Que se sepa, ningún otro ejército vencedor ha convocado nunca al derrotado para rendirse a él con armas y bagajes. La última 'guerra de caballeros' se libró en el África de las grandes extensiones, la naturaleza majestuosa y salvaje, los nativos misteriosos y la eterna fascinación que ejerce sobre el hombre blanco.
I. El modelo alemán
Esta historia comienza cuando en los tiempos del reparto colonial de África Alemania llega a tiempo de hacerse con las últimas migajas: como territorios principales se quedan con Camerún y Tanganika, la actual Tanzania (nombre que simboliza la unión entre Zanzíbar y Tanganika), donde años más tarde tendría lugar la historia de Von Lettow y sus soldados, que durante la I Guerra Mundial derrotarían en toda la línea a los aliados, de tal forma que al producirse la rendición alemana en Europa se dio en África el extraño caso de que el ejército que nunca fue vencido se rindiera al ejército que nunca había ganado.
La colonización alemana tenía un problema añadido al de las resistencias nativas: La región era una base fundamental de los traficantes de esclavos árabes, que cazaban allí a sus víctimas o las compraban a sus soberanos en la zona o en la próxima Uganda. La llegada de los alemanes y su Compañía comercial supuso para ellos un duro golpe, de tal forma que comenzaron a movilizar a todos los soberanos musulmanes de la zona. El rey Bushuri y otros juraron ante el Corán echar al mar a los europeos y llegaron a las proximidades de Dar es Salaam. Hubo víctimas europeas y Bismarck convocó a su despacho al comandante Von Wissman y le dio una sola orden: "Vaya a Africa y aplaste a quien se resista". El sultán no se resistió después de que cinco buques de guerra alemanes colocasen su palacio bajo el tiro de sus cañones el 7 de agosto de 1885.
Von Wissman formó en Dar es Salaam una tropa formada por sesenta oficiales alemanes y dos mil soldados nativos, la mayoría sudaneses (acto de inteligencia, dado que sus enemigos eran de etnia zulú, y de este modo podía aprovechar las rivalidades locales. Igual hizo Cortés en México. Sólo ahora, en la hermana república, se comienza a reconocer que a los aztecas no les derrotaron doscientos españoles, sino doscientos españoles y doscientos mil toltecas y demás pueblos oprimidos por los aztecas, pero no divaguemos...). El rey Bushuri acabó ahorcado.
Cuando los alemanes llegaron al interior los wahehe, zulúes, se sublevaron. En un grave error de cálculo, los alemanes destacaron a trescientos soldados al mando de varios oficiales germanos, que en Iringa vivieron su Little Big Horn: murieron todos tras haber agotado sus municiones....
Las rebeliones fueron intermitentes hasta que en 1905 estalló la revuelta general de los maji-maji. Exasperados por el trabajo forzado, la rapacidad de los funcionarios y la brutalidad de capataces y militares blancos, el sur de Tanganika se sublevó. Los rebeldes tomaban una mezcla milagrosa formada por agua, aceite de ricino, agua, maiz y pólvora que, según sus hechiceros, hacía disolverse las balas al entrar en el cuerpo, y en la que no perdieron la fe aún comprobando que no siempre funcionaba. La revuelta se extendió y murieron bastantes alemanes, incluidos altos militares y misioneros, incluido el obispo de Tanganika.
El ejército alemán respondió con su eficiencia y minuciosidad. Reclutó soldados locales de tribus diferentes a las sublevadas, se contrató a los acreditados mercenarios sudaneses y se trajeron tropas de Melanesia y Papúa. Con minuciosidad, fueron aniquilando aldeas rebeldes, devastando las tierras y ejecutando a cuantos nativos sospechosos caían en sus manos. En total, cuando la revuelta maji-maji fue derrotada, habían muerto más o menos 250.000 nativos. Aún hoy el sur de Tanzania es la región más pobre del país.
Sin embargo, la revuelta tuvo una inesperada consecuencia. Las brutalidades cometidas en la represión compadecieron a la opinión pública alemana, que por entonces se tenía por el pueblo más avanzado de Europa, y reclamó que a los nativos se les diese un trato humanitario en consonancia con la 'kultur' alemana. La consideración de los zulúes para los militares, paralelamente, creció enormemente al convencerles la dura resistencia que habían mostrado que ante ellos tenían gente de valor. Así, de acuerdo a la impecable lógica germana, la administración colonial cambió de signo hasta tal punto que en torno a 1910 la población del Africa Oriental Alemana era la mejor tratada por sus amos europeos (el concepto de derechos humanos para los africanos aún no había llegado), habiendo alcanzado unos aceptables niveles de desarrollo. Esto tendría su importancia porque en 1914, porque los nativos se mantendrían leales a los alemanes.
II. Guerra en el Paraíso.
Decimos que tras las matanzas de la revuelta de los maji-maji Tanganika se convirtió en un modelo de administración colonial. El parlamento alemán retiró a los militares la administración de la colonia y puso a civiles al frente de la misma. Albertch Von Rechenburg y Bernard Dernberg abolieron parcialmente la esclavitud y el trabajo forzado, pugnaron por extender la educación y un sistema sanitario avanzado, mostrándose también respetuosos con los derechos de los nativos. No se abolió totalmente la esclavitud, pero sí se prohibieron los malos tratos, el tráfico y compra de nuevos esclavos, y se decretó la libertad para todos los hijos de esclavos nacidos después de 1906. El desarrollo económico de la colonia creció enormemente, así como el nivel de vida de los nativos.
Ambos legisladores fueron cesados por presiones de los colonos más radicales, pero la administración germana siguió en esta línea, de tal forma que en 1914 queda dicho que la situación en la Tanganika alemana era lo más parecido al 'sueño de Africa' que imaginarse pueda, y por supuesto mucho mejor que la de las colonias británicas, francesas y belgas. Cien mil niños nativos recibían educación primaria en swahili y secundaria y profesional en alemán. Incluso se promovía la emigración a Alemania.
Así, cuando en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, británicos sobre todo y belgas contaron entre sus planes la conquista de Tanganika. Los alemanes propusieron que Africa fuera zona neutral pero los aliados no quisieron. Sin embargo, previendo los sucesos, el alto mando alemán reorganizó sus tropas en la zona poniendo al frente al coronel Paul Emil von Lettow-Vorbeck, de 44 años, veterano de la lucha contra los boxers en China y de luchas coloniales en Namibia, donde colaboró e hizo amistad con quien luego sería su gran rival, Jan Smuts, y que llegó a Tanganika precisamente en un barco inglés pocas semanas antes del inicio de la guerra. A su cargo estaría la fuerza llamada, con poca originalidad, Deutsche-Afrika Schutztruppe.
La leyenda de Von Lettow y los askaris alemanes
La Sturmptruppe Deutsche Ostafrika estaba formada en su inicio por unos dos mil ochocientos soldados y suboficiales nativos y unos doscientos oficiales alemanes. Los nativos recibían el nombre de askari (soldado, en swahili). En principio eran sudaneses y luego también zulúes enrolados en la misma Tanganika, y muchos de ellos supervivientes de las guerras contra los mismos alemanes. A medida que la guerra se extendió, la fuerza de Von Lettow fue creciendo y en ella se integraron casi todas las etnias de la zona, que unieron a la belicosidad africana el entrenamiento y precisión germana, impartida por los oficiales alemanes. Todos ellos eran oficiales de carrera que habían pedido voluntariamente el destino africano, en el que debían servir dos años y medio por doble paga que en Europa. Pese a haber estudiado las tácticas de Clausewitz, Moltke y otros, aprendieron de sus soldados y adversarios la forma de pelear en selvas y sabanas.
Von Lettow no hizo sino apoyar y acentuar las características germano-africanas de su pequeño ejército. Los oficiales alemanes enseñaron a los askaris a no separarse nunca de su fusil (al que llamaban 'bibi' o esposa) las órdenes se daban en alemán y las explicaciones en swahili. Los soldados tenían el único deber de estar listos para el combate, y podían contratar criados para el resto de tareas. Su uniforme, que debía estar germánicamente impoluto en todo momento, era caqui, con quepis y pañuelo para protegerse del sol, al estilo de la Legión Extranjera. Se fomentaba entre ellos el espíritu del soldado de élite y hay que señalar cuando se trataba de reprimir revueltas, eran más temidos ellos que sus oficiales alemanes, que debían ocuparse de impedir que cometieran excesos. Sus armas eran el mauser, algunas ametralladoras y pequeños cañones.
La disciplina, evidentemente tratándose de alemanes de 1914, era estricta. Entre algunas normas señalar que las ametralladoras debían estar siempre montadas. La munición debía ir siempre con la tropa y nunca con porteadores alejados de ella. Nunca debía acamparse en zonas de hierbas alta o con escasa visibilidad. No se debía abandonar al grupo para perseguir al enemigo. No se permitía el pillaje. Nunca se debía dispersar excesivamente la fuerza y los porteadores debían ser advertidos que en caso de combate tenían que permanecer junto a los combatientes, pues los que huyeran serian abatidos para impedir que hablasen. En cuanto a los propios askaris, se confiaba en que nunca revelarían nada al enemigo.
Von Lettow organizó a sus tropas en unidades autosuficientes e independientes previendo una guerra de guerrillas. Cada una contaba con ocho oficiales, doscientos askaris, dos equipos de ametralladoras, porteadores y ocasionales irregulares, que debían transportar medicnas, alimentos, munición y lanchas desmontables. Cuando se acababan los alimentos, se tomaban al enemigo, se requisaba en las aldeas sin asolarlas pues no se sabía si se habría de volver, o se cazaba. En cuanto a la medicina, se usaba tanto la europea como la africana.
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Fuente: "La leyenda de von Lettow y los askaris" - El Gran Capitán.


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