La instantánea que ilustra la entrada del día se corresponde con el pecio de una embarcación griega de unos dos mil cuatrocientos años. Eso significa que estaba en el fondo del Mediterráneo cuando Jesucristo vino a este mundo, siguió inmóvil cuando cayó el imperio romano, atravesó la edad media y conoció batallas navales modernas sobre su esqueleto de madera y clavos. Estremece comprobar la brevedad de la vida y el paso del tiempo, inexorable, hacia nuestro propio e inevitable fin.