Revista Salud y Bienestar

Pediatria defensiva

Por Pedsocial @Pedsocial

Pediatria defensivaHace un tiempo participé en un coloquio sobre problemas ético de la practica pediátrica, donde aporté cuatro ideas sobre lo que és la Medicina defensiva, en este caso, la Pediatria Defensiva. De la presentación se derivó un capítulo del libro Bioética y Pediatria.               La actuación profesional a la defensiva en el ámbito pediátrico tiene sus causas y sus consecuencias. La medicina defensiva es la práctica de medidas diagnósticas y terapéuticas dirigidas, de manera intencional y primaria, no a promover o proteger la salud del paciente, sino a proteger al médico contra posibles errores o deficiencias por las que pueda ser objeto de críticas o demandas judiciales.
Cuando los médicos realizan pruebas complementarias o procedimientos para reducir el riesgo de una demanda judicial, están practicando medicina defensiva positiva.
Cuando evitan tratar ciertos pacientes o realizar ciertos procedimientos, lo que practican es medicina defensiva negativa.
Las causas pueden estar originadas en el paciente y su entorno: familias que se muestran exigentes, que pertenecen o hacen gala de un estatus social que generan inquietud al profesional. También las minorías étnicas con comportamientos difíciles de controlar o prever, generando prejuicios o temores.
Igualmente, la situación o condición del profesional puede ser un condicionante. Por ejemplo cuando se trata de un profesional poco experto, muy joven o, al contrario, un veterano con las experiencias del gato escaldado. Puede haber también condicionantes con diferencia entre la práctica pública y la práctica privada, pero en ambos sentidos: en la pública porque los exámenes complementarios no generan costes directos a la familia o, justo al revés, porque en la práctica privada una profusión de pruebas puede generar confianzas vicarias.
La adherencia a protocolos y guías clínicas puede conducir a una dilución de los criterios clínicos y con ello excusar responsabilidades. Igualmente, algunos profesionales pueden verse forzados a actuar de una u otra forma por la existencia de objetivos de gestión de la administración responsable de un centro o grupo sanitario que conduzcan a conductas profesionales inapropiadas.
La pediatría defensiva tiene siempre consecuencias para el paciente al distorsionar el diagnóstico, incrementar los exámenes complementarios, conduciendo a que se incluya en el tratamiento prescripciones inadecuadas, por medios o vías de administración inapropiada o también a la omisión terapéutica. Todo ello puede dar lugar a complicaciones y daños a medio y largo plazo. Pero sobre todo inducen una pedagogía errónea sobre la enfermedad y la salud en general.
El profesional que practica una medicina defensiva incurre en una mala praxis en la que, además, no mejora las garantías de la actuación. Dará lugar a una degeneración profesional y pérdida de prestigio y, eventualmente, a conflictos legales, ya que se trata de prácticas perseguibles de oficio o desde la administración.
La sociedad tendrá en consecuencia incrementos de los costes de la sanidad y, en general, una disminución de la calidad asistencial
La práctica profesional a la defensiva es una forma miserable de trabajar porque pone los intereses del profesional por encima de los de sus pacientes. Y, aunque los intereses pudieran ser legítimos, las mas veces ocultan planteamientos mezquinos, miedos, inseguridades y desprecio a la gente.

X. Allué (Editor)


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