Este post va dedicado a mamá de julio, que ayer en su blog nos contaba muy apesadumbrada que su pequeño Julito se había caído (por primera vez) de la cama. Querida mamá, esto no ha hecho más que empezar. Cuando nuestros hijos nacen, están indefensos ante el mundo, cualquier cosa les puede dañar y pensamos que a medida que crecen y dan ese pequeño pasito hacia la independencia que es el caminar sin tambalearse, los peligros irán a menos. Pero muy lejos de la realidad. Esto es como una carrera, y te acabas de situar en la línea de meta, sus 2 años. Te han dado la salida en una carrera que estará llena de peligros, caídas, heridas, golpes y un sinfín de cosas más.
Recuerdo la revisión de los 2 años de mi hijo con su pediatra. El Doctor, sabio donde los haya, me insistió mucho en este punto, el de los miles de peligros. Y me hizo hincapié en uno, el baño. Cierto es que la bañera es un punto negro de las casas, muchos accidentes se producen ahí. Me insistió mucho en que ahora que ya se movía por sí solo no debía dejarle solo, había que ponerle una alfombrita antideslizante y cuidar muy mucho de su seguridad. No hizo falta hacer retoques pues ya nos habíamos encargado de asegurar bien esta zona, jamás se le dejaba solo porque, como una buena amiga me dijo un día, mi hijo siempre ha sido como un calamar, de lo mucho que se ha movido.
Nunca habíamos tenido ningún accidente en la bañera, y en los últimos meses incluso se queda jugando solito con sus juguetes en el agua, buceando y pasándolo bien, mientras preparamos la cena. Ya es mayor y no hay problema. Peeeeeeero, siempre hay problemas con ellos. Hace unos meses mientras se llenaba el baño mi hijo estaba echando sus miles de juguetitos acuáticos cuando de repente se le antojó coger uno que ya estaba flotando, pero no llegaba. El resultado fue que cayó al agua con ropa, cayó de lado, el susto fue morrocotudo, pero quedó en eso. Luego, esto ha sido motivo de risas, de contarlo a la familia, amigos, que lo cuenta él que conste. Pensábamos que como se había dado tal susto los riesgos estaban controlados. Muy lejos de la realidad. Ayer, y tras leer el post de mamá de julio, estaba yo entrando y saliendo del baño mientras su bañera se llenaba. Estaba casi a mi lado, cuando oigo el chapotear del agua, y mi hijo de cabeza en la bañera, los pies para arriba, el cuello en una posición horrorosa y sumergido. ¿Imagináis mi espanto?. Fueron dos segundos pero me asusté mucho. Una vez más fue el susto, aunque duró muchísimo menos. Al minuto se estaba riendo por lo que le había sucedido, y es que se hace mayor y sus temores van disminuyendo.
Hemos entrado en una etapa llena de miedos para los padres, y de retos para los hijos. Mi pequeño, a sus 3 años y medio, no teme a nada, nada se le pone por delante, su curiosidad sobrepasa cualquier temor que pueda sentir. Se sube a todos los columpios sean altos o no, salta desde el bordillo al agua de la piscina sin una pizca de pudor, corre cada vez más rápido con su bici, incluso ha encargado ya a los Reyes Magos (qué memoria el tío) un monopatín con manillar.
Sus rodillas se han pasado todo el verano llena de costras, al igual que sus codos. Y esto no ha hecho más que empezar. Los peligros, las caídas y los riesgos están a la orden del día. Es cierto que algunos podemos evitarlos pero es difícil.
Las heridas se curan fácilmente con cristalmina, algodón y tiritas, pero los golpes, especialmente en la cabeza ya son más delicados. Cuando tenemos la certeza de que nuestro hijo se ha dado un buen golpe en la cabeza, desde luego lo primero que tenemos que hacer es ir o bien a urgencias, si hay herida o sino a nuestro pediatra habitual. Pero no olvidemos los siguientes signos:
Vómitos
Pérdida de conciencia
Somnolencia exagerada
Jaqueca posterior
Esos signos si deben alarmarnos y ante ellos no hay que dudar, hay que llevar al niño inmediatamente al hospital. El resto podemos solucionarlo en casa o con una visita de control al pediatra.
Queridos madres y padres que estáis a punto de entrar es esta faceta infantil de los peligros extremos, os deseo mucha suerte. Y recordad, podremos evitarles muchos golpes, pero no todos.
