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PEPITA NIETO PASCUAL, CARICIA DE DIOS en la vida parroquial y familiar (+ Toledo, 12.09.2019)

Por Joseantoniobenito

PEPITA NIETO PASCUAL, CARICIA DE DIOS en la vida parroquial y familiar (+ Toledo, 12.09.2019)

Amigos: Les comparto la entrañable homilía de don Carlos M. García Nieto, en el funeral de su santa madre. La mejor manera de agradecer la deferencia de enviarme el texto es hacerlo llegar al mayor número posible de personas. El Señor sigue estando grande con nosotros, de modo especial en nuestras madres. En la foto, don Carlos Miguel y sus padres. JAB

 FUNERAL EN SUFRAGIO POR EL ALMA DE

MARÍA JOSEFA NIETO PASCUAL –PEPITA

PARROQUIA DE SAN JULIÁN TOLEDO,12DESEPTIEMBREDE2019 (DULCE NOMBRE DEMARÍA)

Muy queridos sacerdotes concelebrantes, mi querida familia, queridos hermanos todos en el SeñorJesús.HoynoshemoscongregadoenestetemplonosólopararecordaraPepita,sinosobre todo para orar por ella: hace once días que partió a la Casa del Padre tras casi catorce años de dura enfermedad y contratiempos, los cuales supo sobrellevar procurando conformar su vida a la voluntad de Dios.

Cuando tuvimos que elegir un día para celebrar esta Misa funeral "de los nueve días", consultamoslaagendadelaParroquiaparaverquémomentoseríaelmásidóneo.Elúnicohueco quehabíasinintencióneraprecisamenteestatarde.Mequedégozosamentesorprendidoaldarme cuentadelamemorialitúrgicaquetaldíacomohoysecelebra:DulceNombredeMaría.Entendí que era un regalo más del Cielo, que no ha dejado de cuidarnos un solo instante durante estos días. Por eso he deseado que celebremos, más que de morado por funeral, de blanco por la memoriadelDulceNombre,yaprovecharparadargraciasalSeñorporlaobraqueharealizado en esta buena hija de María que ha sido Pepita.

Desde niña y adolescente perteneció a esos grupos que había en las parroquias de entonces, llamados "hijas de María", y donde aquellas jovencitas consagraban sus corazones limpiosanuestraSeñora.Mimadrequisoquecuandolellegaralahoradedejarestemundo,la vistiéramosconunalba,unatúnicablanca.Nuncalepreguntéporqué,perointuíquebienpodía ser éste el motivo: su devoción a la Virgen María, el hábito blanco con un cordón azul inmaculado que en determinadas ocasiones vestían aquellas jóvenes. Poreso también ceñimos sucinturaconuncínguloazuldelaInmaculada.Ensusmanospusimosunrosarioque,yahace muchos años, me regaló en una audiencia privada el papa magno y santo, Juan PabloII.

En las lecturas que acaban de ser proclamadas he visto reflejada buena parte de la personalidadcristianademimadre,loqueellatratódeviviryloque,cuantostuvimoslasuerte de estar junto a ella, admiramos. La divina Liturgia nos ha regalado un pasaje de la Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3, 12), que comienza de esta manera: «Como elegidos de Dios,santosyamados,revestíosdelacompasiónentrañable,bondad,humildad,mansedumbre, paciencia».Sonéstaslasvirtudes"silenciosas"quecaracterizaronaPepitayqueenestetiempo habéis destacado según os acercabais a nosotros o nos llamabais para darnos el pésame. En su silencioyenlasordo-cegueraalaquehabíallegadocomoconsecuenciadeaquellashemorragias cerebrales que padeció, atraía a todos por su dulzura, su cariño, su piedad sencilla, profunda y amable.

Unajovenmadredefamiliamedecíaque,cuandoveníaamisaalaparroquia,legustaba ponersedetrásdePepita,precisamenteporlapiedadqueirradiabaalrecogerseenoración.Todos habéisdestacadolabondadqueigualmentetransmitía.Unapersonacercanamedijo:«Sumadre, don Carlos, ha sido la suave caricia que Dios ha hecho a nuestra parroquia». Considero que es una buena descripción de lo mucho que nos ha dado desde su no poder hacer otra cosa que dejarseatender;ensudebilidadhatriunfadolafuerzadeDios.Recuerdoquecuandohacediez añospubliquémitesisdoctoral,hiceunadoblededicatoria:amihermanomayor,quehacíapoco habíafallecido,yamimadre.Laspalabrasqueaelladediquéfueronlassiguientes:«Amimadre: con su vida me ha enseñado la sencillez, la ternura y la delicadeza de Dios». Creo que eso fue Pepita:unaexpresiónverazdelasencillez,ternuraydelicadezadeDios.Lo quesepercibíaen ellafueradecasaeraidénticoacuantoocurríaenlaintimidaddelhogar:paranosotroshasido una experiencia de Cielo haberla tenido como madre, haberla cuidado durante estos años y aprovecharnos de tanto amor, tantas lecciones como ella nos ha dado con su vida ofrecida a la voluntad de Dios.

No fue una vida fácil la suya. Detrás de esa mujer dulce y bondadosa –en los últimos tiempos tan desvalida–, había una historia de sufrimiento, renuncias, valor y mucha confianza en Dios. Ya desde joven fue una mujer muy probada. Quienes la conocieron en su juventud coincidenendecirquefueunamujermuybella,bendecidaconunainteligenciaclarividente,un gransentidoprácticoyotrasmuchascualidades.UndiamantequeelSeñor,pormediodetantas contrariedades en la vida, tallaría hasta convertirlo en una joya preciosa.

Nopuedorelatarmuchosdetallesquealargaríanendemasíamispalabras.Peromevoy a fijar en un momento en que España atravesó por una grave crisis económica. Me refiero a la producida por el petróleo y la reconversión industrial en la década de los 70 y los 80. Grandes empresascerraron–recordamosaltoshornos,astilleros,etc.–.Seprodujoloqueloseconomistas denominancomounefectodominó:detrásdelasgrandescompañíascayeronotrasmáspequeñas. La crisis llegó también a mi familia: la empresa donde mi padre era el responsable de contabilidad cerró. Tras muchos años de trabajo y estabilidad económica, de repente todo se quedaba sumido en la incertidumbre más inquietante. La música –mi padre era director de orquesta,profesorycompositor–nodabaparaalimentarunafamilianumerosa,conlosdoshijos mayores ya en la Universidad. Mi madre no dudó en coger la aguja y, con miles de puntadas y muchas noches en vela, colaborar en sacar aquella familia adelante. No fue una modista cualquiera:segranjeóungranreconocimiento,quelellevóacoserparaunadelastiendasdealta costuraenelMadriddeentonces,enlacalleArenal,juntoalaPuertadelSol.Duranteaquellos últimosdíasenqueellaagonizaba,yonopodíapormenosdecontemplarsusmanos,acariciarlas con devoción y derramar lágrimas de gratitud por lo mucho que debíamos al sacrificio de esta mujer.

Aquellamadresacrificadaportabaunasencillayprofundaespiritualidad.Nofaltabasu misadiaria,nisurosarioni,incluso,elrezodelbreviariomientrasconservólavista.Estolohe contado alguna otra vez: había ocasiones en las que mi padre tenía alguna actuación lejos de nuestrohogar,amuchoskilómetrosdedistancia.Podíallegara casa alas cuatro olascincode la madrugada. Allí estaba su esposa cosiendo, bordando o terminando cualquier otra tarea. No seibanadescansarhastaquenorezabansurosario–yesoquemipadredebíaestareneltrabajo alas8delamañanayalamismahoramimadrenospreparabaeldesayunoyelbocadillopara el colegio–. Creo que en su vida matrimonial no faltó el rezo del rosario un solo día. Que mi padre falleciera un 13 de mayo, nuestra Señora de Fátima, lo consideramos como una predilección de santa María hacia un hijo fiel.

De ahí se comprende el sufrimiento que llevó clavado en el corazón, como una espina punzante, por el enfriamiento en la fe de algunos de sus hijos. Como otra santa Mónica, rezó hastalaextenuación,derramómuchaslágrimas;y,nocontentaconello,ofreciósuvidaalSeñor con tal de que sus hijos regresaran a la fe de la Iglesia. Una noche, después de aquel primer accidente cerebral –ya en casa tras nueve meses de hospitalización–, mientras le ayudaba a acostarmedijo:«Digoyo,Carlos,queelSeñormehahechocaso».Dadoquesehabíaquedado sorda debido a la potente medicación que le administraron para salvar su vida, le hiceun gesto preguntándoleenquélehabíahechocasoelSeñor:«Sí–merespondió–,porqueunavezledije que no me importaba que me diera una enfermedad grave y dolorosa con tal de que mis hijos volvieranalbuencamino.Élmehadadoesaenfermedadycreoqueellosestánvolviendo».Ya paraentoncesmihermanoGoyohabíafallecido,mientrasPepitaestabaencomaenlaU.C.I.;y mihermanomuriótrashaberrecibidolossacramentos:esdecir,enelsenodelaIglesia.Sinella saberloaún–seenteraríapasadounañodelfallecimientodeGoyo–,yahabíaganadounhijopara el Cielo con la ofrenda de su vida.

En el recordatorio que hemos confeccionado para hacer memoria de estos momentos, hemosqueridoreflejarsuvivenciacristiana.«AlfinmuerohijadelaIglesia»,fueronlaspalabras que santa Teresa pronunció en su lecho de muerte y que hemos reproducido. Al fin Pepita también rendía su alma al Señor en el seno de la Iglesia. Ésta fue su pasión silenciosa, aquello que trató de imprimir en nosotros sus hijos, la causa de una ofrenda de vida que Dios acogió y que, finalmente, le ha llevado, durante duros y largos años de enfermedad, hasta este final de consuelo y, seguro, degloria.

¿Cómo podíamos considerar, mi hermana y yo, el cuidado de nuestra madre como una cargapesada?Puedodecirosqueparamí,comohijoycomosacerdote,hasidoelmayorhonor yprivilegiodemivida:servirladedíaydenoche,seresebáculodondeellaencontraraseguridad en el mayor de los desvalimientos, cuando a la ausencia del oído llegó la pérdida de la vista, añadiendo a esta cruz distintas operaciones y recaídas. Como sacerdote, tenía la gozosa responsabilidaddesosteneramimadreenestaofrendadesuvidaporlavueltadesushijosala fe y a la Iglesia. Y le pedía al Señor que me capacitara para que no faltase a mi madre ningún medio en su preparación para el Cielo.

YaconocenlascircunstanciasenquePepitaentregósualmaalSeñor,mientrasyoestaba celebrandolaEucaristía,enelmomentodelofertorio.Mecomunicaronquemimadreseestaba yendo justo en el instante en que iba a ofrecer el pan y el vino. Aproveché, pues, para –en mi patena–elevarsualmaalCieloyentregarlaalSeñor.Enesemomento,ella,quehabíatenidolos ojoscerradosduranteunalargaagoníadetresdías,losabrió;volviéndolosacerrar,exhalótres veces, como una suave y silenciosa ofrenda al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Y así quedó dormida...Unavezconcluidalamisa,cuandoporfinentréenlahabitación,meencontréconese cuerpoque,traslaofrendadesuvida,reposabayatranquilo,enpaz.Lohabíadadotodo,sevació del todo, lo entregó todo. Después de abrazarme a él, no pude por menos de decir: «Todo está cumplido. Amén». Ojalá, queridos hermanos, que llegando al final de nuestras vidas, pueda decirse de nosotros: «Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Todo está cumplido. Amén».

Carlos M. GARCÍANIETO

Sacerdote


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