Revista Solidaridad

Pequeño homenaje a aminatou haidar.

Por Miguelmalaga
PEQUEÑO HOMENAJE A AMINATOU HAIDAR.
La activista saharaui cumple un mes de huelga de hambre, se debilita día a día, pero no ceja en su empeño de llamar la atención, como mejor sabe, sin hacer daño a nadie, solo a sí misma, acerca de la situación de su tierra, una antigua colonia española que se encuentra desde hace años suspendida en una nada de la que el desierto es su mejor metáfora.
El pueblo saharaui, que soporta resoluciones de la ONU que se suspenden de inmediato en el limbo, una ocupación de facto por parte de Marruecos que les obliga a ser parias en su propia tierra o exiliados en campamentos en las más terribles condiciones y el olvido de la comunidad internacional, nunca ha recurrido al terrorismo para defender su causa. Con una paciencia admirable espera una solución que no llega nunca, y solo actitudes desesperadas como la de Haidar llaman la atención acerca de una situación insostenible. Con toda lucidez, a pesar de la gravedad de su situación, ayer dijo estas palabras, confiando en que el Frente Polisario no recurra a la violencia:
"la guerra no arregla ni los intereses del pueblo saharauini los del pueblo marroquí, que es también víctima".
Y realmente tiene razón. Cualquiera que llegue a Marruecos podrá advertir enseguida la incesante presencia de retratos del rey Mohamed VI vigilando a sus súbditos cuán Gran Hermano orwelliano. Si entras en un restaurante, será una foto del rey tomando una copa, si en un concesionario de coches, el rey conduciendo un automóvil de gran cilindrada... su retrato saluda al viajero de manera siniestra a la entrada y salida de las ciudades, mientras uno puede ver como el pueblo pasa por todo tipo de miserias en cuanto se atreve a penetrar en las zonas no turísticas.
Nuestro humilde homenaje desde aquí a Aminatou Haidar, que ha comprendido que no basta con el sufrimiento de una multitud de seres humanos durante años para que la comunidad internacional se movilice, sino que es necesaria una lenta autoinmolación pública retransmitida en directo por los medios de comunicación para que el problema pase a formar parte de las principales noticias del telediario, es decir, a existir. Ella sí que merecería el premio Nobel de la Paz.

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