Revista Cultura y Ocio

Pequeños relatos de Ciencia Ficción-42: Biblioarqueología

Por Jesús Marcial Grande Gutiérrez
Pequeños relatos de Ciencia Ficción-42: BiblioarqueologíaZordin conducía prudentemente su nave espacial por el borde de la espiral de La Cabellera de Berenice. Estaba buscando la estrella CB alfa-4781 punto de partida hiperespacial de todas las rutas hacia la Vía Láctea, galaxia perteneciente a la hipergalaxia del Grupo Local y cuna de la Civilización Humanística. Su hijo Tord dormía profundamente cuando alcanzaron la estrella-puerta y su padre, tras una mirada de ternura a su hijo dormido, se aplicó a programar el programa de salto al hiperespacio..No despertó a su joven descendiente durante la cuenta atrás, le ahorraba así los minutos de vértigo iniciales inherentes al salto. Media hora después salían del flujo atemporal que surcaba el agujero de gusano y su nave quedó flotando en el espacio en las proximidades de Altair, a 15 años luz de la estrella Sol. Conectó entonces el mando manual y se lanzó a 5000C hacia aquel punto mínimo de luz localizado en su espaciorádar. Ese mismo día llegaría al Sistema Solar. Su hijo se había despertado y miraba ahora la pantalla que mostraba el lechoso aspecto de la galaxia.
- ¿Cuándo llegaremos, padre? - preguntó.
- Estamos muy cerca -respondió Zordin- ¿Ves aquella estrella de magnitud G-1? (Zordin amplió la capacidad telescópica de la pantalla) Es el Sol. Su tercer planeta, la tierra, es donde nos dirigimos.
La nave se posó silenciosa en medio de las ruinas de una antigua ciudad. Padre e hijo se colocaron sus escafandras y bajaron de la nave. Hicieron descender también un pequeño todoterreno para moverse entre los escombros. 
- ¿Crees que encontraremos alguno? -Preguntó Tord.
- Eso espero, hijo mío. - Contestó su padre. 
Hacía pocos años que se estaba redescubriendo la vieja cultura humana. La civilización humanística se había sorprendido enormemente cuando un explorador encontró entre las ruinas de este viejo planeta un libro pre-neohistórico de una belleza inigualable. Su título era Hamlet y había sido escrito en el s. XVI DC dela edad histórica Terrestre por un hombre llamado W. Shakesperare. Desde aquel gía muchos habían explorado las destruídas ciudades terrestres buscano joyas semejantes, pero el papel que no ardió en las explisones que las devastaron se había podrido y con él se perdieron años y años de genialidad poética. 
Zordin conectó el detector de celulosa. este bitzeó un instante indicando una casa en ruinas. Padre e hijo se abalanzaron sobre los escombros y los apartaron con cuidado: allí, entre el serrín de las tablas podridas, envuelto amorosamente en unas bolsas de plástico; estaba el precioso libro. Casi se despedaza al recogerlo. Con sumo cuidado lo transportaron hasta la nave. Lo primero que hizo Zordin fue escanear su contenido  y después introdujo el ejemplar, ya deshojado, en un congelador  especial antientrópico. Después, emocionados, se sentaron ante la pantalla  y temblaron de moción cuando el programa de traducción empezó a enviar a la pantalla el largo y misterioso título: 
"El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha" escrito por Miguel de Cervantes Sahavedra...


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