Hace 12 años J. Antonio pensó que aquel cachorro de pastor belga sería fuerte y tenaz y lo llamó Rocky.
Un día este hombre apareció en su finca muerto, con arañazos en el cuerpo. Todos pensaron que había sido atacado ferozmente por el perro y, claro, lo “condenaron” a muerte.
Ahora se ha sabido que el dueño murió por causas naturales y el perro intentaba mover su cuerpo, reanimarlo, como queriendo devolverle la vida.
Triste final el de ambos.
Ya ocurrió un episodio similar con el perro de aquella extravagante enfermera del Ébola: sin saber si estaba contagiado fue rápidamente sacrificado.
Los perros se están planteando si vale la pena seguir siendo el mejor amigo del hombre.
