Revista Cultura y Ocio

Perros protagonistas

Publicado el 03 junio 2013 por Elinfiernodebarbusse
Perros protagonistasHay veces que un escritor se mete en la piel de un perro y lo crea -y cree- protagonista. Ya lo hizo don Miguel de Cervantes con su inolvidable Coloquio de los perros libro que supongo y espero hayan leído, en caso contrario sería realmente lamentable, donde los canes Cipión y Berganza adquieren por las noches el don del habla, y dialogan y razonan con una sensibilidad, sentido común y comprensión extraordinariamente más humanos que los que suele mostrar el propio homo sapiens
Otros escritores de talla han seguido después con el dicho experimento, desde Jack London (Colmillo blanco) hasta Paul Auster (Tombuctú), pasando por Virginia Woolf (Flush) y Manuel Mújica Lainez (Cecil) [por cierto, qué gran narrador este último, y qué lamentable es todavía más lamentable que el hecho de no haber leído la obra ejemplar cervantina antes referida, el que maravillas tales como Los ídolos o El laberinto estén sepultadas o ninguneadas en nuestras librerías por la avalancha cochambrosa de infernos y demás petarderíos industriales.]
A mí, que soy fan de los perros y de los libros con perro (en justa proporción a mi severa antipatía por los gatos y por los libros con gato) y, por otra parte, admiro y leo y sigo y estudio la literatura rusa, es lógico que me atraiga a priori esta obra de Gueorgui Vladímov, El fiel Ruslán. Recién editada por Libros del Asteroide, es una parábola de las falsas esperanzas que despertó la muerte del dictador Stalin en la Unión Soviética. La novela se centra en Ruslán, un perro guardián en un campo de trabajo del Gulag soviético que, de la noche a la mañana, él, junto con sus compañeros, ven cómo los campos se vacían de prisioneros y cómo sus amos, los guardias, a los que aman incondicionalmente, les abandonan a su suerte. Publicada en Alemania no en la URSS, claro, después de que su autor lograra sacar clandestinamente el manuscrito de su país, El fiel Ruslán es considerada una gran obra, una de las mejores novelas rusas de la segunda mitad del siglo XX. (Qué rázon tenía Bulgákov con aquello de que los manuscritos no arden.)
El perro como símbolo y víctima, como vehículo para plasmar el horror y la irracionalidad (y no precisamente perruna.)
"Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro", decía Byron. En ocasiones (muchas), soy de la opinión del cojo barón. Como también parece Vladímov.     

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