
El último disco de Patricia Petibon, que apareció esta primavera, está dedicado a Arias Barrocas Italianas y ha sido grabado con Andrea Marcon y la Orquesta Barroca de Venecia. A mí me gusta mucho Petibon -no siempre ni en todo momento, todo hay que decirlo- y es algo raro porque incluso yo mismo me sorprendo de ello. Encuentro en ella una sensibilidad especial para sacar el máximo partido posible a us limitados recursos vocales jugando la baza de la expresividad y la imaginación. Sé que habrá muchos a los que su concepción del canto no les gustará y encontrarán en la misma un montón de defectos. La voz, siendo bonita, no es ni especialmente hermosa, ni extensa, tiende a emitir sonidos fijos, su capacidad para la ornamentación, a pesar de ser una de sus especialidades, tampoco me parece muy destacable, a veces el gusto es dudoso. Pues bien, a me gusta por la personalidad de la intérprete, encuentro en ella, sobre todo en vídeo, un magnetismo especial. Sin embargo hay que reconocer que es capaz de ofrecer auténticas pifias, como es el caso en este disco, publicado en DG y titulado "Rosso", hay auténticas pifias como "Tornami a vagheggiar" de Alcina y algún hallazgo, como en "Lascia ch'io pianga" de Rinaldo, no es la versión mejor cantada ni de lejos, pero llevo escuchadas tantas que no me dicen nada que encontrar una en la que la intérprete no se limita a ser musical y ofrecer un canto simplemente bello, sino que intenta expresar algo, es todo un hallazgo. También es significativo el caso de "Piangero la sorte mia" de Giulio Cesare con un muy oportuno contraste de la sección central del aria, muy florida y, en este caso, especialmente intensa, respecto a la sección primera y tercera, el da capo, en las que predomina el canto espianato. Sí, me gusta Petibon, pero me gusta más verla que escucharla. No será "Rosso" un recital que vaya a pasar a la historia como una de las referencias entre los recitales barrocos para voz de soprano pero oyéndolo he pasado algunos momentos muy buenos y otros para olvidar. Ser original a toda costa tiene un precio que se termina pagando.
