Revista Cine

Pídala cantando/XL

Publicado el 11 agosto 2011 por Diezmartinez
Pídala cantando/XL
Uno de los lectores habituales de este blog [email protected] en twitter- me preguntó si había escrito algo sobre Irreversible, el discutido filme de Gaspar Noé. Aquí está lo que escribí hace unos 8 años:
Unos meses después de que en Cannes dividiera al público (una parte, escandalizada, se salió a vomitar, mientras la otra parte se quedó pegada a sus asientos, fascinada) además de dividir a la crítica en todos los lugares en donde se ha estrenado, ha llegado a las salas nacionales Irreversible (Ídem, Francia, 2002), el discutidísimo y escandaloso segundo largometraje del cineasta francoargentino Gaspar Noé.   Se trata de una provocadora película que busca, como dirían los clásicos, “espantar a la burguesía”. Es decir, provocar la angustia, el enojo, la indignación, el asco, del dócil cinéfilo que entra a la sala de cine con el único fin de entretenerse y pasar bien el rato (lo cual, por supuesto, aclaro, no es ningún crimen). Sin embargo, si usted busca lo anterior -eso de divertirse y pasar un buen rato- más le vale que entre a ver cualquier otra cosa. Y es que Irreversible es una de las cintas más violentas, crudas e inquietantes que se hayan realizado en mucho tiempo, por lo menos en el contexto del cine "de arte" y/o festivalero. Piense usted en alguna película que muestre una terrible violación femenina y/o masculina (digamos, Frenesí, Perros de Paja o Amarga Pesadilla) y eleve la sordidez y la crueldad  de esos filmes a la “ene” potencia: todavía se va a quedar corto. Ahora piense en alguna secuencia con una violencia gráfica insoportablemente realista, casi rozando con las míticas “snuff-movies”. Pues aun así no encuentro un paralelo a una de las secuencias iniciales de Irreversible: la imagen de un tipo rompiéndole la cabeza a otro con un extinguidor hasta que el cráneo de la víctima queda convertido en una masa informe.En estricto sentido, se trata sólo de dos escenas shocking, pero la forma en la que Noé las muestra (el asesinato en un tugurio gay sadomasoca con una cámara embarrándose en la jeta de todos y tomando muy de cerca la cabeza destrozada; la violación en una sola toma de 10 minutos, desde un emplazamiento a ras del suelo, cual rata asomándose por una coladera) hace imposible que las borremos de la mente, aun mucho tiempo después de haber salido del cine. No sólo se trata de la violencia en sí misma: es la forma en la que Noé la muestra, la manera en la que se regodea en ella, su negativa a banalizarla, la que la hace mucho más inquietante.Irreversible está ubicada en una noche en el París contemporáneo. Una joven pareja, Marcus y Alexandra (Vincent Cassel y Monica Bellucci, marido y mujer en la vida real), salen a una fiesta acompañados del exnovio de ella, el estirado filósofo Pierre (Albert Dupontel). En el transcurso de esa noche, Pierre empieza a portarse como un pesado (les hace preguntas acerca de su vida sexual, se burla de Marcus al que llama simio), mientras Marcus se emborracha, se droga y se comporta… como un simio. Harta de los dos, Alex sale de la fiesta sola. Para su desgracia, en un túnel peatonal es violada y golpeada con brutalidad inusitada por un padrote apodado “el Tenia”. Cuando Marcus y Pierre ven a Alex en estado de coma, se dan a la tarea de buscar al culpable, terminando en un sórdido antro gay, el Rectum.Pero he aquí el truco que tanto ha molestado y/o fascinado al público y a la crítica en todo el mundo: la película está contada en 12 secuencias en orden cronológico inverso. Es decir, la cinta está narrada desde el desenlace hacia el inicio: primero vemos los créditos finales, luego a dos tipos esposados (que luego sabremos que son Marcus y Pierre) saliendo de un bar de homosexuales, después la violentísima secuencia en donde un enloquecido Marcus busca a un tal “tenia” mientras Pierre trata de calmarlo, luego a estos dos interrogando a un travesti que les da la clave de dónde está “el tenia” y así sucesivamente, hasta llegar a las secuencias iniciales (que aquí son finales) en donde vemos a un agradable Marcus y a una bellísima Alex compartir la cama, desnudos, disfrutando de una felicidad que sabemos que se les escapará de las manos esa misma noche, cuando salgan a la calle. “El tiempo lo destruye todo”, es el comentario final que aparece en letras rojas color sangre en la última imagen que vemos en pantalla. La cinta nos deja mudos y desolados, pues nos entrega primero los terribles efectos (un asesinato y una violación) de una causa indeterminada, azarosa. Pequeñas decisiones aparecen aquí como los dispositivos que hacen marchar la destrucción de todo lo bello que nos rodea. Así, el tiempo, en efecto, lo destruye todo. Hasta la esperanza.¿Recomiendo ver esta película? Honestamente, no puedo decir que me haya gustado (no, no disfruté esa terrible violación de una de las mujeres más bellas del orbe, la señora Bellucci) y si usted no es afecto a la violencia, mejor es que no se arriesgue. Pero debo confesar que he visto Irreversible dos veces y aún estoy preguntándome sobre mucho de lo que vi en la pantalla grande. Tal vez esto es lo que la hace a tan fascinante: revuelve el estómago y el pensamiento a la vez, algo no muy común que digamos en el cine de ayer, de hoy o de mañana.

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