Revista Coaching

¡Pierde un poco el tiempo!

Por Mbbp

¿PERDER EL TIEMPO?

No hacer nada no significa no hacer, sino adentrarse uno en sí mismo y explorar su interior. Allí uno se encuentra con deseos ocultos, sueños… O simplemente observa absorto a su alrededor y se ve a sí mismo en el mundo, en su propio mundo. Tenemos el mal hábito de compararnos, juzgarnos, ignorarnos a nosotros mismos y depender única y exclusivamente de lo que nos rodea! Muchas personas incluso saben cómo son por el contraste con las otras personas de su entorno y actúan en consonancia. En cambio, cuando uno está solo -y bien- con uno mismo, a ser posible en un contexto sin estimulaciones exteriores que lo distraigan ni pensamientos que concentren su atención, una nueva sensación de ser le invade. Pero, desacostumbrados como estamos a vivir esta experiencia, a una gran mayoría de personas les invade el miedo, el intenso sonido del silencio y de la soledad…

Esa es una de las funciones esenciales de la meditación: Encontrarse con uno mismo… Sin sus circunstancias. Hacer desaparecer todo lo que nos rodea y nos distrae de nosotros mismos, para adentrarse en las sensaciones de uno mismo, en lo esencial… Consigo mismo. Allí, en realidad, uno se encuentra con la firmeza, con la fortaleza y sin las dudas. Allí se encuentra de cara con su conciencia y toda su certeza apabullante y, muchas veces, transgresora con lo que vivimos cotidianamente e incluso con nuestro modo de vida. Allí el amor es amor, la paz es paz y uno mismo es uno mismo. Que claridad nos embarga entonces, abandonando la incertidumbre de lo que llamamos real (a pesar de ser una simple ficción o ilusión de la mente) que nos rodea y actuando tal y como somos. Entonces también se impone el 'hoy' o el 'ahora', desapareciendo el 'ayer' y el 'futuro' que la mente recrea.

Aprender a perder el tiempo, y hacerlo tuyo y solo tuyo, es ganarlo. Aprende a distraerte o abstraer tu mente y concentrarte en lo que sientes en ese preciso momento. Hallarás esa paz que anhelas y que descubres que está ahí dentro, en la quietud de ese mismo y fugaz momento. Si, además, estás contemplando un hermoso paisaje y logras dejar tu mente alejada, te verás formar parte de ese universo que te envuelve, del que tú eres parte fundamental, como cada uno de los elementos que lo forman y descubrirás que cada cual tiene su propio y único sentido en el todo… Y que todo eso se debe compartir, por amor.

Tardé muchos años en llegar a saber estar solo conmigo mismo. Siempre trabajando sin parar, hablando, corriendo de reunión en reunión, etc. Eso me ayudaba a no ser consciente de mí, ni de mi vida. Pero en mis salidas casi semanales -y terapéuticas- en moto o en coche, un día descubrí una pequeña carretera rural no muy lejos de mi domicilio y donde, desde entonces, me refugio en ciertos momentos de mi día a día. Hoy ese paisaje me resulta ya tremendamente familiar y acogedor y, a pesar de su belleza, en ella me encuentro yo sólo ante la grandiosidad del universo, y fluyen sentimientos y sensaciones reconfortantes que me dice cómo soy yo, en realidad y qué y a quién amo. Ando por esa carretera, miro sus cuestas y bajadas, sus árboles multicolores y sus montes… Y en todo ello me encuentro necesariamente con Dios, que poco tiene que ver con esa divinidad severa, algo tenebrosa y castigadora que me enseñaron en la escuela. Ante el hermoso paisaje no puede fluir más que amor desde mi corazón, hacia mí, hacia ella, hacia los demás y hacia el Todo. Así que cada vez que la cotidianidad me absorve, me colapsa o me asusta de alguna manera o me pierdo mi yo, echo a correr hacia ese serpenteante refugio que es mi carretera secreta, donde me vuelvo a encontrar conmigo mismo… Y desde donde salgo con la energía y amor necesarios como para seguir hacia adelante con la cabeza bien alta y el corazón en la mano.

Ese tiempo perdido nunca se pierde, porque, aunque en los momentos difíciles el tiempo parece no pasar, esos mágicos instantes con uno mismo son necesarios. Y lo son, precisamente, porque son la antesala de algo grande que puede llegar en cualquier momento a mi vida, por lo que me preparan para recibirlo como se merece. La soledad y el silencio nos pone ante lo que sentimos interiormente y eso precisamente es todo lo que necesitamos para identificar, sentir y vivir el amor cuando llega. Soy un gato y no temo a la soledad, porque gracias a ella he sabido identificar el amor de mi vida y quizás deba pasar el tiempo necesario hasta que lo pueda vivir y compartir. El tiempo seguro me trarerá la paz que necesito para vivir, sentir y amar, como cada día más aprendo. A fin de cuentas, ¿Qué es esperar al amor verdadero el tiempo que sea, cuando para llegar hasta aquí ha debido de pasar casi media vida? Sea cual sea el tiempo necesario y si ha de ser así, lo peor que podría pasar es que me fuera de este mundo solo habiéndolo soñado en soledad… y sin haberlo hecho aún realidad.

Si algún día me buscas más allá de tu corazón, seguramente me hallarás perdiendo el tiempo conmigom.

'Siempre nos estamos quejando de que nuestros días son pocos y actuando como si no fueran a terminarse'. SÉNECA

 

 


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