Este puente he conseguido, sin querer, hacerme a la idea de lo que padecen cada invierno 1,5 millones de hogares en España. El frío, la oscuridad de las noches, la pobreza energética es lo que sufren millones de personas aquí, en la esquina de casa, podría ser tu
vecino y tu sin enterarte. En mi caso la cosa se redujo a un par de días de estancia en una casa en la que no se había previsto el que alguien llegase con tropecientas estufas, entonces claro, saltan los plomos y te quedas a oscuras, nada más que resaltar. El verdadero problema llega cuando no es cosa de los plomos, es más bien cosa del frío pelón que puede llegar a hacer en invierno y tu no puedes hacer nada para evitar que se instale en tu propia casa. La sensación es terrible, os lo puedo asegurar, desde el otro día no se me olvidará en la vida esa sensación de no saber si entras en un baño o en una cámara frigorífica.
No voy a salir ahora con el topicazo navideño de la solidaridad transitoria y todo eso, aunque si con ello se solucionase algo, bienvenido sea. Sólo me refiero a que hace frío,

Resulta curioso que en el país europeo donde más sol tenemos seamos de los que menos 
Este año, también en Navidad, van a existir casas donde los cubiertos estarán fríos, donde no habrá el grifo ese que lo tocas y quema, donde la ducha será un suplicio y el calor del 
Deberíamos hacer todos un día un experimento, a modo terapéutico, desconectar la luz de casa y hacernos una pequeña idea de lo que es vivir en pleno SXXI como en el XVIII. Yo lo he hecho estos días por puro accidente pero os aseguro que la experiencia ha sido de las que dejan huella. Hasta que no lo vives no sabes de qué habla toda esa gente que dice que tiene FRÍO (en mayúsculas) en un país que se supone moderno y civilizado.
Puede que el remedio pase por dejar que se enfríen los despachos de Moncloa, que se estropee la calefacción del Congreso o que hiele en Zarzuela. Os aseguro que al tercer día ya habría una solución al suplicio de millones de personas que pasan por la calle invisibles, heladas, con los dedos azules, sin que nuestros gobiernos hagan nada por impedirlo y sin que nosotros nos demos cuenta de que existen.

