El martes por la tarde pedí cita con la pediatra porque mi niño tenía un poquito de atasco de mocos. Nada preocupante, pero parecía algo molesto cuando se tumbaba y estaba comiendo poco, probablemente porque le costaba succionar. Me dieron la cita para ayer por la tarde. Hasta ahí, todo bien.
Cuando le recogí a las 15h de la guarde, V. me comentó que había vomitado un pelín durante la comida y que después había seguido comiendo, que ella pensaba que simplemente había devuelto las flemas que tenía. Y que había hecho dos cacas, una de ellas un poco sueltas. No le di importancia alguna. El viernes pasado también vomitó unas flemillas sin más complicación y, en cuanto a las cacas, mi hijo de vez en cuando hace alguna caquilla suelta y no es por nada en concreto, es que él no suele hacer la caca compacta.
Llegamos a casa y a las 15.30 empieza a lloriquear. En principio pienso que se trata de sueño, como todas las tardes, pero el llanto va en aumento. Se chupa el dedo sin cesar, se tumba, se sienta, se vuelve a tumbar... A las 18h me doy cuenta de que algo le pasa, lleva una hora sin parar de llorar, no le calma ni el Baby Einstein (¡con la gracia que le hace!), pero tampoco tiene síntomas de nada en concreto, nada de vómitos ni de diarrea ni otra señal.
La cita con la pediatra era a las 18.50. Cuando llego allí veo no menos de 4 familias en la puerta de la clínica: la pediatra lleva una hora de retraso. Como veo que el bebito está algo mejor con el carro en movimiento, en vez de volver a casa (estamos a 5 minutos), decido irme a dar una vuelta larga. Da un par de cabezadas pero a los 30 minutos rompe a llorar de nuevo y ya ni carro ni leches. Me planto de nuevo en la puerta de la clínica, sigo teniendo 5 personas delante y son las 19.20h. Parece ser que hay gente que cuando llega, se raja viendo la espera, así que tengo que quedarme por allí no sea que me salten el turno.
Me pongo de muy mala leche. Hay gente que insiste en quedarse a la consulta para cosas absolutamente banales (oígo comentar los motivos para los que van a la consulta). Todo el mundo ve a mi hijo llorar desconsoladamente y a nadie se le ocurre decir: anda, pasa tu, que tu hijo está mal y realmente necesita que le vea un médico.
A las 19.30h llega mi marido (que encima ayer salió más tarde de trabajar) y se le queda dormido el niño en brazos, ¡menos mal!. A las 20.10h pasamos dentro. Se dice pronto.
Después de una revisión completa, la pediatra me comenta que de tripa no parece que tenga nada y que está de acuerdo conmigo en cuanto a lo del vomitillo y la caca. Que lo que sí tiene es el otro oído (el viernes era otro el que estaba mal) rojo e inflamado. Le toca en el huesillo del pabellón auricular y parece que se queja más fuerte. Lleva tanto rato llorando y está tan cansado que ya no tiene fuerzas ni para defenderse del examen de la pediatra, ¡qué penita!.
Prescripción médica: unas gotas para el oído, tres veces al día, e Ibuprofeno incluso cada 6 horas hasta que deje de quejarse.
En la cama cayó desmayado prácticamente. Ni baño ni casi biberón. En la misma postura que le dejamos se quedó toda la noche el pobre.
Y esta mañana se levantó pronto y aparentemente bien, pero a las 09.30h ya estaba dando síntomas de estar cansado y dolorido. Ibuprofeno al canto. Se durmió de nuevo a las 10.30h, son las 13.20h y sigue durmiendo.
A mi me duele muchísimo la cabeza. De los nervios de ayer, del cansancio y del cambio de tiempo. Así que estamos pochillos los dos.
