Podría haber sido peor. Podría no haberla visto y estar, a estas horas, viviendo en la ignorancia, ausente de las consecuencias de sus actos, pero sin conocimiento, al fin. Podría haberla visto antes, sí, y estar gastando a estas horas el tiempo en la tarea no reconocida, oscura y poco reconocida de apartarla de mi vida para siempre, pero gastando de mala manera y gana el poco tiempo que tengo para gastar, sí. O podría haber pasado, sin duda, que hubiéramos estado conviviendo las dos como si nada, cada una en un rincón de la casa, o ella, más bien, en el suyo, escondida hasta la hora intempestiva de las brujas, cuando yo estaría luchando con dormirme o apagar el despertador una vez más, ducharme después rápido, correr por la casa antes de irme a trabajar; hubiera salido ella entonces de su escondite, gorda y sedosa en su aspecto grisáceo, gritando su mudo "aquí estoy" para mi horror, mientras yo me ataría rápidamente los cordones de mis botas. ¿Se puede saber para qué limpiamos a fondo, Él y yo, este fin de semana, si esta mañana, de nuevo, un enemigo acérrimo y parece ser que inmortal, se asomaba en forma de pelusa de polvo por una esquina del pasillo?