Revista Cultura y Ocio
Uno ordena los vértigos. mide riesgos,
hace sencillos cálculos.
Así el amor escribe carne adentro un diario
minucioso, su fasto invisible.
Así los días herrumbran el cuerpo, pero
el corazón no se deja saquear y se abre paso a dentelladas invisibles, a
golpes certeros de sangre sublime que avanza y vence.
Consta, al final, el amor en acta.
Salvo la disidencia habitual, levantisca, todos asentimos.
Se celebró el
amor como únicamente el amor merecía.
Izaron el júbilo como una bandera
de abrazos.
Una levísima comezón borró el pudor en algunas sílabas.
Alguien quiso registrar el momento.
Luego nos
fuimos sin saber de dónde vendría ese ruido que hacen, en ocasiones, las
palabras si son de amor y amor acunan.
Y volvimos al centro exacto de
la soledad de la que procedíamos y escribimos la crónica del milagro por
si la memoria, con los años, flaqueaba, perdía equilibrio.
Por si el amor se perdía y solo tuviéramos el poema para contarlo.
