El jueves 25 tuvimos una interpretación grotesca en la segunda votación para la investidura de Pedro Sánchez. Vimos intervenciones vergonzosas (aún más que el martes) en las que abundaban los ‘y tú más’ que ahora tanto se lleva, nadie asumía responsabilidades y volvíamos al punto de partida.
Los políticos de nuestro tiempo no acaban de entender que si están donde están, es porque los ciudadanos han votado para ello. El señor Casado le indicó al señor Sánchez que le animaba a «ensanchar el espacio central de la moderación y hacerlo tan grande que de nuevo los dos podamos ganar en él». Es un error garrafal proponer de nuevo establecer el partido de tenis entre PP y PSOE y una muestra más de que no están escuchando a los votantes. Desde 2015 España está gritando a estos dos anticuados partidos que no quieren una custodia compartida donde unos años estemos con PP y otros años estemos con PSOE. La gente está pidiendo que haya un consenso entre los partidos más votados, los de derecha, los de izquierda, los que quieren ir de centro…Todos deben llegar a un acuerdo, dejarse los cuernos para negociar, sacar lo mejor de sus programas electorales y llevar a España a una situación sólida económicamente.
Ayer vimos como Podemos y PSOE intentaban solventar negociaciones que no habían sabido llevar a buen término en tres meses. Estaban intercambiando ministerios como si fueran cromos. ¿Realmente están capacitados para llevar a cabo un Gobierno de coalición, como pretendían vender?
El caso es que ahora nos vamos a septiembre, como los malos estudiantes que no han aprobado las asignaturas. Pero durante todo este tiempo, esos políticos que dan vergüenza ajena porque sus egos son más grandes que su responsabilidad con el cargo, van a estar cobrando, como lo han hecho desde las elecciones, a pesar de no haber hecho su trabajo. Por mí, los dejaba encerrados en modo cónclave, sin cobrar, hasta que llegaran a un acuerdo.
Parece que lo único que les importa es que sus nombres estén en las televisiones, en los diarios y sobre todo, en las redes sociales. Quieren miles de followers, de retuits, de ruido en la calle, pero no saben hacer su trabajo ni les interesa. Al fin y al cabo, no tienen ningún tipo de consecuencia.
