Revista Opinión

Políticos sin ideología; vividores sin principios

Publicado el 06 febrero 2011 por Franky
Políticos sin ideología; vividores sin principios La derecha española predica la austeridad, pero algunos de sus gobiernos regionales son los más endeudados; la izquierda exhibe su política social, pero ningún gobierno ha aplastado más que el de Zapatero los derechos sociales de los españoles; la derecha y la izquierda se financian con fondos públicos y sienten idéntico apego a los privilegios y prebendas; unos y otros se proclaman demócratas, pero ambos grandes partidos violan la democracia a diario; hablan de Justicia independiente, pero nombran jueces y magistrados; los dos partidos dicen servir al ciudadano, pero únicamente sirven sus propios intereses; PSOE y PP han aprendido a convivir sin problemas con la corrupción.

Tanto los partidos de derecha como los de izquierda se quejan de que los otros le han robado el programa, pero la verdad es que las cosas que les separan son tan pocas que los ciudadanos ya no pueden distinguirlos. En realidad, es más lo que les une que lo que les separa. Les unen la convivencia con la corrupción, la sustitutución de la democracia por una partitocracia, el apoyo a los privilegios, la distancia del ciudadano, el monopolio que ejercen de la política, el afan de poder y la primacía del interés propio sobre el bien común. Lo que les separa son apenas unos rasgos de segunda importancia: la izquierda alardea de políticas sociales, cobra más impuestos y gasta más, mientras que la derecha genera más riqueza, cobra menos impuestos y es más autoritaria.

El pueblo los percibe como gente sin príncipios sólidos, que cambia tanto de ideas y que generan tanta confusión que es imposible distinguirlos. El programa del partido aparece escondido bajo la estrategia mediática y la gestión de la imagen sustituye a las reformas audaces. Las palabras son más importantes que las acciones y, lo que es más grave, el marketing tiene más peso que la política misma.

Las nuevas hornadas de políticos jóvenes son "profesionales" que quieren vivir toda la vida vinculados al poder, más que a las ideas. Aspiran a una vida de privilegios y de lujos, gracias a la política, lo que implica que podrían haberse subido a cualquier tren, sin que importen muchos las ideas y programas. En casi todos los países hay ejemplos lamentables de políticos profesionales que empezaron en un partido, después en otro y hoy están en otro de ideología opuesta.

La sociedad actual no está marcada por la división de clases o de ideas, sino por la confusión y por el fanatismo. Los partidos políticos y los gobiernos utilizan la mentira como si fuera un martillo, para modelar a la audiencia, del mismo modo que emplean el dinero público para comprar votos y doblegar voluntades. La gente ama y apoya a los suyos por encima de las ideas que profesen o del comportamiento que evidencien. Los siguen amando, incluso, cuando han demostrado ser corruptos y malos gobernantes. En el mejor de los casos, cuando comprueban que el bando propio es impresentable y no merece el poder, lo votan a pesar de todo, sólo para evitar que los otros, el enemigo odiado, consiga gobernar.

Los resultados de ese mecanismo diabólico y degenerado es el fin de l democracia, que ya no existe en muchos países avanzados que, por inercia y vergüenza, siguen autodenominándose "democráticos". Sin confianza no puede existir democracia y sin verdad la democracia está muerta. El resultado final de todo es que los políticos se apartan de los ciudadanos, se bunkerizan y se transforman en una "casta" cada día más odiada por aquellos que, en democracia, son los "soberanos" y los únicos que pueden otrorgar legitimidad al sistema.

La España de Zapatero se ha convertido en paradigma mundial de ese deterioro profundo que ha eliminado la democracia de un país que la deseaba y la sigue deseando. Zapatero es el mejor ejemplo existente en el mundo de que un político profesional hará cualquier cosa, incluso legislar contra sus principios, su ideología, su programa y hasta la misma Constitución, con tal de mantenerse en el poder.

Aunque tanto la derecha como la izquierda en España han ido ensanchando, cada día más, el foso que les separa de la sociedad y de los ciudadanos, ha sido el "Zapaterismo" el que ha alcanzado cotas realmente preocupantes y obscenas. Zapatero, un político teóricamente de izquierdas, se convirtió, de la noche a la mañana, en el abanderado de las reformas neoliberales más agresivas, tras recibir una dura advertencia de sus colegas internacionales, especialmente de la Unión Europea, Estados Unidos y China, que le advirtieron que dejarían de apoyarle si continuaba con su política suicida de endeudamiento y despilfarro, obligándole a poner en práctica reformas que ni la misma derecha se habría atrevido a esbozar: congelación de las pensiones, incremento brutal de los impuestos, bajada del sueldo de los funcionarios y una despiadada política de supresión de coberturas y servicios sociales que está generando tristeza y desamparo a los ya empobrecidos ciudadanos de España.



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