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Por amor a Imabelle, de Chester Himes

Publicado el 28 marzo 2012 por Aramys

Por amor a Imabelle, de Chester Himes

Pensad en algo que por menos de 8 pavos os produzca un placer inmenso.

Tic-tac-tic-tac.

Inmenso. Por menos de un billete de los rojos.

Vamos.

Estáis pensando en el tabaco. Mal, el tabaco acabara matándoos, o peor todavía, os provocará alguna enfermedad penosa y lastimera que os ira matando poco a poco mientras pensáis que deberíais haberlo dejado hace mucho. Además  esta muy mal visto.

Vamos.

Ah! pensáis en una de esas cabinas de los sex-shops en las que metes monedas por un tiempo demasiado limitado, para ver escenas de películas pornográficas o, en el mejor de los casos, asomaros como búhos por unas ventanitas para ver a una dama de moral distraída medio en pelotas contonearse y poneros caras de lánguida lascivia, todo eso, mientras os agarráis con fuerza la polla y os concentráis en esas imágenes fugaces para llegar a esos, todavía mas fugaces, instantes de placer. Mal tíos, mal, eso es para perdedores.

Vamos.

Pensáis en música. La música esta sobrevalorada.

Vamos. Cosas tangibles, que os duren.

La comida, NO, no dura, ya sabéis por donde sale, ¿si? Vale.

El cine. ¿En serio? ¿El cine? Fuga de cerebros fue cine una vez.

¿Nada?

Lo que buscáis es esto:

¨Sacudiendo a los negros que dormían en camas llenas de piojos. Sacudiendo los huesos decrépitos, los músculos doloridos, los pulmones tuberculosos y los fetos inquietos de las chicas solteras. Sacudiendo el yeso de los techos y el mortero de los muros de ladrillo. Estremeciendo a las ratas de los pasadizos y a las cucarachas que se arrastran por los sumideros de las cocinas y por las sobras de la comida; y a las moscas dormidas que, formando masas informes como abejas, hibernan en los marcos de las ventanas. Sacudiendo a las chinches, gordas y saciadas de sangre, que exploran la piel negra. Haciendo saltar a las pulgas. Estremeciendo a los perros y los gatos dormidos sobre mugrientas esteras. Desatascando los retretes obstruidos por las inmundicias.¨

Eso mola más que el tabaco, ¿he?

Y eso es parte de Por amor a Imabelle, de magnifico y muy negro Chester Himes.

Chester Himes, otro de los hijos del Pulp. Chester Himes, otro de los inagotables talentos de la rapidez. Chester Himes, otro de los autores menospreciados por escribir para ganarse la vida.

Y como muchos otros autores Pulp, con el tiempo, Himes se ha convertido en un autor imprescindible.

Joderos capullos de finales de los cincuenta y de los sesenta, el Pulp esta vivo.

Por amor a Imabelle es sorprendentemente buena, es inesperadamente diferente y  es tremendamente rápida.

 Sorprendentemente buena, sin duda, y no es que me esperara una novela mala, o floja, nada de eso, es que no esperaba que me gustase tanto. De Himes había oído hablar, pero poco, muy poco, nadie o casi nadie me recomendaba sus novelas, se habla poco de él, en general, y llegue a pensar que solo era uno más, sin demasiada diferencia de sus compañeros de género.

Nada más lejos de la realidad, Himes es bueno, es diferente, solo hay que leer esta novela y darse cuenta de que en la novela negra no todo es Chandler, no todo es (y que Dios me perdone por nombrarlo en vano) Ross McDonald, que en el Pulp no todo son detectives blancos, deslenguados y cercanos a los superhombres. En el Pulp de Himes el escenario es Harlem, las victimas son negras, la población es negra y por si no ha quedado claro los detectives son negros. Y eso es GENIAL. Porque ahí esta donde Himes juega en casa (¿os he dicho que Himes es negro? ¿No? Vaya) Himes describe un escenario entre lo poético y dantesco salpicado por la pobreza y la inmundicia, mezclado con una brutal dosis de normalidad, y lo que es mejor, HUMOR. Puede uno leer Por amor a Imabelle y sentir miedo por ese Harlem criminal y asesino, plagado de gentuza y llena de maleantes; pero al mismo tiempo, uno lee con la tranquilidad que le da saber que eso es así, que allí las cosas son como son, salvajes, duras, uno sabe que todo esta en su lugar y que todo eso sucede a diario.

Y lo rápida que es. Joder. Lo bueno sería, si podéis, que os leyerais la novela de una vez, o en dos sentadas, así apreciaríais la velocidad que coge la novela, como os arrastra sin poder para de leer, prácticamente sin esfuerzo. Yo no pude hacerlo y al leerla en varias veces se rompe el ritmo y aunque no afecta a la novela, creo que se disfruta mucho más como os he dicho, en plan egoísta y de una sola vez, hasta el fondo. Muchas escenas de la novela son autenticas delicias, dignas de las mejores películas noir, dignas de las películas de Tarantino. Si, ahí quería yo llegar, al señor Tarantino, porque estoy prácticamente seguro de que mi amigo Quentin se ha leído las novelas de Himes, ya sabemos que le encanta la novela negra, y apostaría un dedo del pie que Tarantio es un fanboy de Himes. Hay una extraordinaria escena de tiroteo en la novela que parece escrita exactamente para una de las películas de Tarantino, es una escena TAN buena, TAN divertida, TAN rápida y tan bien escrita que solo esa escena vale la lectura de la novela entera, es como ver una escena de los Hermanos Marx dirigidos por Tarantino, demencial.

Ataúd Ed Johnson y Sepulturero Jones son la pareja de detectives negros que Himes se saco de la manga para reivindicar el Black Power  en el Pulp, y Por amor a Imebelle es la primera de las diez novelas que tiene la serie.

Aunque poco veremos a Ataúd y Sepulturero en esta novela;  ya que el autentico protagonista es Jackson, un negro gordinflón, calvo y sudoroso, exageradamente creyente, crédulo hasta la estupidez y para su desgracia, enamorado. ¿De quien? De la guapísima y listísima Imabelle,  una  ¨joven de labios carnosos, cuerpo ardiente y piel canela, con unos pícaros ojos castaños moteados y unas amplias caderas que meneaba como sólo sabe hacerlo alguien que ha nacido únicamente para el amor¨.

¿Y si esa preciosidad que tienes a tu lado, te dice que conoce la manera de ganar pasta? ¿Y si te cuenta la manera de que tu pasta se multiplique por diez? ¿No haríamos todos caso a esa belleza a la que tanto amamos y deseamos?

¿Si?

Jackson también, por supuesto.

Y entonces se monta el lío.

Y es cuando aparece Goldy, un negro muy parecido a Jackson que se viste de Hermanita de la caridad para juntar algo de pasta e ir tirando y que además vive con Big Kathy,  un negro que se viste de madame  y frecuenta un prostíbulo y con  Lady Gypsy otro negro travesti que hace las veces de adivina. Aparecerán por supuesto Ataúd y Sepulturero que, aunque aparecen poco, es suficiente para ver el poderoso pie que calzan, las duras maneras que manejan y los  estupendos revólveres que poseen. Entraran en escena Hank, Jodie, el reverendo Gaines…

Y sobre ellos, alredor y por todas todas partes, un Harlem que corta la respiración.

Himes escribió una primera novela de La serie de Harlem excelente, que te deja estupefacto, pasmado, una historia sencilla y fácil que Himes sabe afilar hasta que corta con solo mirarla, una primera novela que deja ver lo poderoso de sus personajes, de su estilo y de su grandeza.

Por amor a Imabelle

Chester Himes

Akal editores 2009

239 paginas.



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