Revista Cultura y Ocio

Primera convocatoria de la luz

Por Calvodemora

A veces consiente una opulencia de olores la noche. Es de la noche la cuenta de los olores. Lo oscuro llama a la claridad y se deja convidar por su perseverancia milagrosa. Qué lejos ahora la tristeza, qué inútil. Un compás de clausura la mece. Un arrimo de verdad la colma. Así procede la belleza. Alumbra el amor cotidianos gestos, luz que invita a un desmayo. Medra en su tierno temblor sin dueño el pulso de las horas, la permanencia de su enferma fuga. Están los días sin pan ni abrigo. Andan emboscados. Se tientan y se abrazan. Se funden y se apartan. Oigo al aire declamar su épica mudanza, su tenue brillo sin fulgor todavía. No es nuestro, no es de nadie el aire. No hay que lo reclame. Es del vértigo y de la fiebre su eclosión pura. Una paz tierna como un arrullo lo recama de tersos mimbres. Terca su vocación invisible, terca y limpia, pero una inminencia de prodigios lo escolta, un milagro invisible lo cierne. Aire hecho polen festivo. Aire roto, aire jirón del cielo. Aire con blanca esperanza alada. Es el oro antiguo del festín de los dioses. La música primera, el amor primero. La pasión escancia su lenta orfebrería, su palabrería dulce, sus febriles besos. La vida nos tiene entretenidos en estas distracciones del corazón. A poco que lo abras, tendrás entera para ti la feliz comisión de la sangre en su alocado embeleso de madre. Aire, noche, sangre, os invoco. La turbia verdad de mi canto os invoca. Alta conjetura de barro o de lluvia, luz con su eco de salmo, blonda sutilísima de vida.  Se acaba el tiempo de los tristes. Está la belleza y está la paz confiando al mundo su milagro antiguo. Acude con gesto de triunfo, se le va clarear en la bóveda del cielo. Es inútil desoír el fuego bastardo del ocaso, su ciego caudal de sombra, su apetito sin hambre. Avanza el incendio de mi cuerpo. Se oye ven desde lejos las llamas ocupando el pecho, haciendo un árbol en mis brazos como aspas. Jadean sus pétalos, vibran y cobran vuelo y ocupan un cielo antojadizo y azul como un beso de un niño.


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