
Imagen. Gráfico del incidente.
Cuando disparó la primer ráfaga a los 3900 metros los proyectiles comenzaron a caer hacia la tierra y se toparon con el avión que había descendido a 2100 metros derribándolo. Hasta esa época los aviones no volaban lo suficientemente veloces como para hacerlo más rápido que una bala, pero el F11 Tiger si lo hacía y fue ahí que se sumaron los dos hechos, la velocidad del avión más la gravedad que atraía las balas hacia abajo. Esta lotería de la mala suerte desembocó en el derribo del avión.La aeronáutica descubrió que con la velocidad que comenzaban a tener los aviones debían de aprender nuevas estrategias para evitar incidentes como éste. Y lo hicieron bien ya que el accidente no se ha vuelto a repetir hasta el día de hoy.
