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Procopio Antemio del 467 al 472

Publicado el 13 septiembre 2026 por Rmartin
Procopio Antemio del 467 al 472

ÚLTIMOS EMPERADORES DE OCCIDENTE


Procopio Antemio, al parecer, nació hacia el año 420 en el seno de una de las familias patricia y senatorial más distinguidas y prestigiosas de Constantinopla. Esto es debido a que el linaje paterno se remontaba a Procopio, el general y usurpador del año 365, el cual descendía por vía materna de la mismísima dinastía constantiniana, ya que era nieto de Flavio Antemio, el legendario prefecto del pretorio de Oriente y regente durante la minoría de edad de Teodosio II, recordado por haber mandado construir las imponentes murallas teodosianas de Constantinopla, las cuales protegerían la ciudad durante más de un milenio.    Educado en Alejandría bajo la tutela del filósofo neoplatónico Proclo, combinaba una exquisita erudición clásica con una sólida formación militar e intelectual. Además, su estatus se consolidó al contraer matrimonio con Marcia Eufemia, la única hija reconocida por el emperador de Oriente Marciano, un enlace que lo integró de lleno en la casa imperial teodosiana. Bajo el gobierno de su suegro Marciano, Antemio ascendió vertiginosamente en la jerarquía estatal y militar, siendo nombrado comes daciensis y posteriormente magister militum per Illyricum. En el año 455 alcanzó el consulado ordinario junto al emperador occidental Valentiniano III. Otro de sus logros como militar fue la derrota infligida a los restos de las hordas hunas dirigidas por Hormidac en la frontera del Danubio.    Tras la muerte del emperador Marciano en el 457, Antemio era considerado como el candidato natural y más capacitado para sucederle en el trono de Constantinopla; sin embargo, el todopoderoso general de origen alano-gótico Flavio Áspar, temiendo que la personalidad, la enorme riqueza y la alta alcurnia de Antemio impidieran su control sobre la corte, decidió apartarlo; en su lugar colocó en el trono a León I, un militar de menor rango a quien creía poder manipular. A pesar de lo cual, León I reconoció las virtudes de Antemio y lo mantuvo al frente del ejército balcánico como patricio y magister utriusque militiae.    Mientas Oriente gozaba de relativa estabilidad económica y fiscal, Occidente se desmoronaba a causa de la anarquía. Tras ser asesinado de Mayoriano en el año 461, el poder real pasó a manos del magister militum Ricimero, un caudillo militar de sangre sueva y visigoda, quién colocó como emperador marioneta a Libio Severo, un personaje sin autoridad ni reconocimiento diplomático. Al morir éste en noviembre del 465, probablemente envenenado por orden de Ricimero, se abrió un interregno en el trono occidental, durante el cual, las amenazas externas se sucedieron:
La talasocracia vándala: Genserico, rey de los vándalos, que dominaba el Mediterráneo occidental, devastaba periódicamente las costas de Italia, Sicilia y Grecia, exigiendo que el trono de Occidente fuera entregado a Anicio Olibrio, un aristócrata emparentado con la familia de Valentiniano III.
El expansionismo visigodo: En la Galia e Hispania, el rey visigodo Eurico rompió el foedus imperial y comenzó una campaña de anexión territorial que amenazaba con amputar definitivamente las provincias galas de la órbita romana.
Ante esta parálisis destructiva, el emperador León I en Constantinopla comprendió que si el Imperio de Occidente sucumbía ante los vándalos o los visigodos, el Imperio de Oriente quedaría expuesto y aislado, por lo que propuso a Antemio para ser investido como nuevo emperador de Occidente, ya que éste contaba con lo necesario para la dignidad imperial: legitimidad dinástica teodosiana, brillantez militar, inmensa riqueza personal y el apoyo ilimitado de los militares de Constantinopla. Marchó hacia Italia al frente de un poderoso ejército comandado por el general Marcelino de Dalmacia. Ricimero, al verse acorralado por la presión naval de los vándalos y necesitado del socorro financiero y militar de Oriente, aceptó dicha designación, así, el 12 de abril del año 467, a doce millas de Roma, Procopio Antemio fue proclamado solemnemente augusto de Occidente. Para afianzar su posición, Antemio buscó equilibrar las facciones aristocráticas romanas y someter la influencia de Ricimero mediante la diplomacia matrimonial. Por lo que, su primer gran acto político fue casar a su única hija, Alipia, con el propio Ricimero. Con este enlace pretendía atar los intereses del patricio gótico a la corona imperial y convertirlo en un defensor legítimo del régimen, disuadiéndolo de provocar nuevos golpes de Estado. La boda se celebró en Roma con una magnificencia sin precedentes, festejada por toda la población.
Procopio Antemio del 467 al 472A diferencia de sus más cercanos predecesores, Antemio estableció su residencia principal en la ciudad de Roma en lugar de Rávena o Milán. Con esto revitalizó el prestigio del Senado romano y la ceca monetaria de la urbe. Para ganarse el favor de la nobleza senatorial gala —con lo que mantendría a la Galia unida al Imperio— nombró al insigne poeta y aristócrata Sidonio Apolinar como prefecto de la ciudad en el año 468.    Pero, pese a sus esfuerzos, su reinado no estuvo exento de recelos ideológicos y religiosos: Debido a su formación filosófica neoplatónica y su amistad con eruditos como Severiano, sectores intransigentes del clero católico romano le acusaron de simpatías paganas o helénicas disimuladas; por otro lado, la presencia de las tropas arianas de Ricimero en Roma y la insistencia de este en abrir un templo ariano dentro de la ciudad causaron vivos enfrentamientos con el Papa Hilario.    El objetivo prioritario del mandato de Antemio era la destrucción del reino Vándalo establecido en el Norte de África, ya que era el verdadero corazón económico de Occidente, de donde procedía el suministro de grano (annona) y las mayores rentas fiscales. En el año 468, Oriente y Occidente aunaron recursos para emprender la que fue la empresa militar marítima más costosa y titánica de la antigüedad tardía. Para ello, el emperador León I vació las arcas de Constantinopla; se movilizó una armada de más de 1.100 barcos y más de 100.000 soldados y marineros.    Mientras tanto en Dalmacia-Sicilia, el general Marcelino de Dalmacia, que era leal a Antemio, expulsó a los vándalos de Sicilia y Cerdeña. En Cirenaica: Heraclio de Edesa desembarcó en Trípoli y avanzó hacia Cartago, con la flota principal, comandada por Basilisco (cuñado de León I). Cuando la numerosa armada romana se hallaba fondeada frente al Promontorio de Mercurio (actual Cabo Bon, Túnez), a escasos kilómetros de Cartago, Genserico solicitó una tregua de cinco días para negociar su rendición. Durante la cual, el viento cambió favorablemente a favor de los vándalos. En la noche del quinto día, lanzó docenas de brulotes contra la apretada flota romana, que destruyeron más de la mitad de los navíos. El pánico cundió entre los romanos, Basilisco huyó hacia Constantinopla, y el general Marcelino fue asesinado en Sicilia, probablemente por orden de Ricimero. Este desastre de Cabo Bon en el 468 no solo arruinó financieramente al Imperio de Oriente, sino que asestó un golpe mortal al reinado de Antemio. Sin los recursos del norte de África, el Imperio de Occidente quedó arruinado e incapaz de financiar su propio ejército regular.    Tras la bancarrota posterior a la campaña vándala, el rey visigodo Eurico aprovechó la debilidad romana para invadir las provincias de la Galia ulterior y la Hispania romana. Antemio reaccionó con energía buscando frenar la expansión visigoda mediante una audaz política de alianzas:
La alianza con Riotimo y los britanos: Antemio forjó una alianza con Riotimo, rey de los romano-británicos de Britania, el cual desembarcó en el continente con su ejército, ocupando Bourges para cortar el avance de Eurico. Sin embargo, en la batalla de Déols (hacia el 470), las fuerzas de éste último, muy superiores en número, derrotaron a Riotimo antes de que las legiones de Antemio pudieran unirse a ellos.
La contraofensiva de Antemiolo: A continuación Antemio envió un ejército al mando de su hijo, Antemiolo, apoyado por los generales Torisario, Everdingo y Hermiano. Este ejército romano cruzó el río Ródano e intentó liberar Arlés; pero, Eurico interceptó y aniquiló al ejército romano, pereciendo Antemiolo y sus tres generales en el combate. Con esta derrota, el Imperio perdió, definitivamente, el control sobre la mayor parte del sur de la Galia, y la autoridad de Antemio quedó reducida a la península itálica.
El fracaso militar en la Galia rompió las relaciones entre Antemio y su yerno Ricimero. La desconfianza mutua derivó rápidamente en un odio encarnizado. En el año 470, cuando Antemio cayó gravemente enfermo (se sospechó de un intento de envenenamiento o de un brote de peste), Ricimero comenzó a maniobrar para sustituirlo. Recuperado el emperador, mandó ejecutar por alta traición a Romanus, un senador pagano y partidario cercano de Ricimero. Este acto desencadenó la guerra abierta.    Ricimero abandonó Roma y se atrincheró en Milán con un poderoso ejército compuesto por mercenarios germánicos. Durante más de un año, la nobleza y los obispos itálicos (encabezados por Epifanio de Pavía) intentaron mediar una frágil tregua entre ambos líderes, pero fue inútil. En el primavera del año 472, Ricimero marchó con sus tropas sobre Roma con la intención de destronar a su suegro, proclamando, unilateralmente como nuevo emperador a Anicio Olibrio, el candidato respaldado por el rey vándalo Genserico.    El enfrentamiento entre Antemio y Ricimero convirtió a Roma en el sangriento escenario de una despiadada guerra civil: Antemio, respaldado por la mayoría del pueblo romano, el Senado y las murallas aurelianas, se defendió encarnizadamente dentro de la ciudad. Mientras que, Ricimero estableció un bloqueo férreo, cortando los suministros de alimento y la llegada de barcos a través del puerto de Ostia. Durante más de tres meses de sitio, la población de la ciudad, sufrió una hambruna devastadora, además de epidemias.    Bilimero, un general leal a Antemio, marchó con refuerzos desde la Galia para levantar el sitio de la capital, pero en el trascurso de una cruenta batalla callejera cerca del Puente Milvio, cayó muerto y sus tropas fueron dispersadas. Con las defensas debilitadas y la población consumida por el hambre, las tropas de Ricimero irrumpieron violentamente en Roma, saqueando los barrios de la margen izquierda del Tíber. Antemio, viéndose acorralado y traicionado, se disfrazó de mendigo e intentó buscar refugio sagrado en el altar de la basílica de San Pedro en la Colina Vaticana; sin embargo, fue descubierto y capturado por Gundebaldo, sobrino de Ricimero y futuro rey de los burgundios. Por orden directa de Ricimero, el emperador Antemio fue decapitado sin piedad en el propio recinto sagrado el 11 de julio del año 472.    Pocas semanas después de cometer el magnicidio, la justicia poética pareció golpear a los verdugos de Roma: Ricimero murió repentinamente el 18 de agosto del 472, y su títere Olibrio falleció en octubre del mismo año. La ruina definitiva de la ciudad y de la institución imperial de Occidente estaba irreversiblemente consumada.

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