Restos de lágrimas en las mejillas dejaron huella en su rostro maquillado, la minifalda no lograba ocultar los pantis rotos, y el flequillo teñido de rubio caía desordenado sobre sus ojos ocultando el miedo en su mirada. Pese a la cojera causada por el tacón roto de su zapato derecho, se irguió y echando mano de los recursos adquiridos en la escuela de arte dramático, abordó –sonriendo seductora- al tipo que la miraba lascivo desde su coche con la ventanilla bajada y el motor en marcha: “para ti sólo cien euros, Tarzán”.
Revista Cultura y Ocio
Restos de lágrimas en las mejillas dejaron huella en su rostro maquillado, la minifalda no lograba ocultar los pantis rotos, y el flequillo teñido de rubio caía desordenado sobre sus ojos ocultando el miedo en su mirada. Pese a la cojera causada por el tacón roto de su zapato derecho, se irguió y echando mano de los recursos adquiridos en la escuela de arte dramático, abordó –sonriendo seductora- al tipo que la miraba lascivo desde su coche con la ventanilla bajada y el motor en marcha: “para ti sólo cien euros, Tarzán”.
