Revista Sociedad

Promesas electorales vs cruda realidad

Por Mourisimo

 

Promesas electorales vs cruda realidad
En mis tiempos de facultad, un docto en derecho político abolió los exámenes parciales por su manifiesto, proclamaba él, carácter antipedagógico. La misma conclusión se puede extraer, pienso yo, de las elecciones. Siendo necesarias, también son, en muchos aspectos, contraproducentes, al ser escenario de medidas populistas y del “y yo más”, en lugar de un ágora para el debate y la reflexión.

Si durante toda la anterior legislatura CIU clamaba contra la indecencia de someter el parque automovilístico catalán a la cuarta velocidad en las entradas de Barcelona, por el ya celebérrimo límite de 80 km/h, ahora se la están teniendo que envainar, por un fenómeno nada frecuente por estos lares, el buen tiempo.

Pues sí, parece que un simple anticiclón ha servido para dar marcha atrás en una medida tan impopular como necesaria y que ahora más que nunca muestra bien a las claras su inexcusabilidad. ¿Acaso pensaban que no haría buen tiempo en Barcelona? Eso sí, la envainada no ha sido completamente satisfactoria, ya que, política y rectificaciones, lamentablemente, en contadas ocasiones van la mano. Rectifican, pero prometen volver a la carga cuando el mapa de isobaras conceda una tregua y la mierda se disperse en brazos de Eolo. La coyuntura actual, nos transporta a una analogía de esconder el polvo debajo de la alfombra.

El modelo ya sea a 80 o a menos, es del todo insostenible en un momento de nuestra historia dónde por primera vez se contabilizan más habitantes en las zonas urbanas que en las zonas rurales. Es una irresponsabilidad manifiesta y de una falta de compromiso, ya no con los problemas que nos estamos creando, sino con los que es evidente que ya tenemos.

 

Promesas electorales vs cruda realidad

BARCELONA QUIERE SER COMO LONDRES

No podía faltar, la denuncia de la insufrible botulínica de Sánchez Camacho (bastión de la familia tradicional, a la par que madre soltera) para denunciar este flagrante incumplimiento de las promesas electorales del Govern. Parece que a sus amigos de Sant Gervasi, les molesta no poder explotar toda la potencia de sus Cayenne y similares en los accesos a la ciudad.

Y otro tanto para Madrid, Gallardón pondrá los medidores de contaminación en la sierra de Guadarrama y hará una llamada desesperada al abandono del lujo del utilitario estos días, pero de nada sirve cuándo el resto del año no se hace una apuesta decidida por los transportes públicos o sostenibles.


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