El Museo del Renacimiento se ha instalado en el Castillo de Ecouen, al norte de París. El desplazamiento merece la pena tanto por el edificio como por el contenido y la decoración original.
Nos fijamos ahora en unos grandes óvalos de cerámica vidriada de Limoges que fueron ejecutados por Pierre Courteys sobre 1559. Se conservan nueve placas, seis dioses y héroes, y tres virtudes. Nos interesó una vez más la Alegoría de la Prudencia con los instrumentos de la Geometría, en este caso reposando a sus pies: una regla y un compás.
Las placas reproducen los diseños manieristas de Rosso Florentino, uno de los artistas florentinos desplazados a Fontainebleau. La serie encargada sería mayor (quizá con las artes liberales como era normal en los studiolos) pero debió interrumpirse con la muerte de Enrique II en 1559.
Las placas son deslumbrantes y muestran como la cultura de la época ensambla los temas paganos y cristianos en coherente unidad. La belleza es dominante y no olvida la matemática.