Puede que respondieses al teléfono y dijeses sin pensar que sí, que ibas a esa entrevista de trabajo que está en la otra punta de la ciudad a pesar de que tenías un examen al día siguiente y tenías que estudiar muchísimo.
Quizás, por cabezonería, te propusiste aprender el temario entero de esa asignatura en un par de tardes y sacaste buena nota o rechazaste una propuesta laboral interesante porque algo dentro de ti decía que no te convenía.
¿Qué tienen en común todas estas situaciones?

