Revista Sociedad

Pura Navidad

Publicado el 23 diciembre 2011 por Hogaradas @hogaradas

Por Hogaradas
Cuando dije que este ańo no adornaría la casa por Navidad, a Carlos se le iluminó la cara al igual que las luces del arbolito que en aquel momento estaba destinado a permanecer en el trastero al menos un ańo más. La perspectiva de disfrutar de unas Navidades sin tener que estar peleándose a diario con los interruptores de los dos juegos de luces del árbol, que tanto le molestan a la hora de ver tranquilamente la televisión, hizo que en aquel momento se sintiera el hombre más feliz y afortunado del mundo.
Lo dije entonces con total seguridad y convencimiento, tal fue así que hasta yo misma me asusté al sentir que el espíritu de la Navidad me había abandonado, quizás porque este ańo se había decidido a quedarse en las gélidas tierras del Norte acompańando al siempre entrańable y orondo Papa Noel, o porque se encontraba de viaje desde Oriente a lomos de alguno de los camellos de mis queridos y siempre tan esperados Reyes Magos.
Todo apuntaba a que esta Navidad iba a ser completamente diferente, sin ruidos, sin estridencias, sin colores, sin luces que se mueven a su libre albedrío, sin villancicos…
Pero no, finalmente, y doy gracias por ello, la Navidad llegó a mi vida y sentí como empezaba a empaparme de todo lo que me rodeaba y cuánta necesidad tenía de engalanar mi casa y de celebrar un ańo más que me encontraba en una de las épocas del ańo que siempre he adorado y que he esperado con impaciencia.
En un primer momento, y para que el cambio no fuera demasiado brusco, anuncié que solamente pondría el árbol, suficiente para haber dicho no hacía demasiado que prescindiría absolutamente de todo, pero cuando aparecí en la puerta cargada con el árbol y las dos cajas llenas de todo, Carlos supo inmediatamente que no iba a ser así, como de hecho no ha sido, y con la resignación propia de quien sabe que ya todo está escrito, se retiró discretamente y sin hacer ningún ruido.
El bańo es el único lugar de la casa que ańo tras ańo se va salvando, pero el resto, cocina incluida, se iban a convertir pasado poco tiempo, en pura Navidad.
El árbol con sus dos juegos de luces, el Papa Noel que sube y baja por la escalera mientras canta a voz en grito, los villancicos, el centro de mesa, el arbolito de Navidad al que das cuerda y camina alegremente allá donde lo pongas, el muńeco de nieve hecho con calcetines, el calcetín de renos, la corona de la puerta… todo es Navidad y mi casa rebosa de ella, y como ayer leí que había que ser excesivos con la decoración, no contenta con todo, esta mańana he comprado una guirnalda preciosa que dice “Feliz Navidad”, y un par de estrellas recubiertas de purpurina roja para el árbol y un corazón de fieltro con la figura de un reno en su interior.
No tenía ningún motivo para no adornar mi casa esta Navidad, ninguno para no disfrutarla como lo he venido haciendo durante toda mi vida, de manera distinta con el pasar de los ańos, como todo el mundo, con más dolor y pena por las ausencias, pero siempre con el convencimiento de que la vida sigue adelante y de que debemos seguir teniendo la capacidad de emocionarnos, de no renunciar a nuestros sueńos, de no olvidar el nińo que llevamos dentro, de seguir buscando y disfrutando de esa felicidad a veces tan esquiva, otras tan efímera, pero tan real como la vida misma.
Hoy quiero desearos a todos una “Feliz Navidad”


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