Revista Libros

¡qué duro, pero al mismo tiempo qué hermoso, es vivir por un sueño!

Por Cristinacaviedesesteban @Crisescritora
Imagino que muchos ya habréis leído estas palabras de David Ackert sobre los artistas, pero me apetecía compartirlo aquí con todos vosotros y añadir luego algo que he sentido (y escrito) al leer estas palabras. Pero primero, lo expresado por Ackert...

Los artistas son de las personas mas dinámicas y llenas de valor sobre la faz de la Tierra.Tienen que lidiar con más rechazos en un año que lo que la mayoria de las personas en toda su vida. Cada día se enfrentan al reto financiero de vivir con trabajos temporales, con la falta de respeto de la gente que cree que deben obtener trabajos "reales", y su propio miedo a no volver a trabajar nunca más .......Cada día tienen que ignorar la posibilidad de que esa visión a la que han dedicado toda su vida es un sueño muy lejano. Con cada año que pasa, muchos de ellos miran mientras las demás personas de su edad obtienen los valores de una vida normal -el coche, la familia, la casa, el nido...-Pero ellos se mantienen aferrados a su sueño sin importar los sacrificios. ¿Por qué? Porque los artistas están dispuestos a dar su vida entera a un momento -a aquella linea, risa, gesto, o a aquella interpretación que le robe el alma al público. Los artistas son seres que han probado el nectar de la vida en ese momento detenido en el tiempo, cuando entregaron su espíritu creativo y tocaron el corazón de alguien mas.
En ese instante, estuvieron mas cerca de la magia, del cielo y la perfección de lo que nadie jamás puede estar. Y en sus corazones saben que el dedicarse a ese momento vale mil vidas más.
David Ackert

Estas palabras me han hecho reflexionar mucho y hoy me he despertado con ganas de añadir algunas cosas.
Creo que los artistas, los soñadores... lo somos porque no podemos elegir. Tenemos la necesidad de compartir con los demás este ímpetu de creación que cada día nos mueve. Yo no sé vivir sin contar historias, sin mirar más allá de las personas y transformarlos en personajes, en situaciones, al tiempo que ellos mismos se envuelven en un pasado que marcha a pasos agigantados para convertirse en relato.
Un mundo en el que no pudiese crear a diario me parecería un entorno triste y estéril. Hostil. Vacío.

No vería a los demás con esta curiosidad insana pero capaz de cambiarlo todo, no sería capaz de elevarme por encima de aquello que me rodea e inventar un mundo donde la escasez y el dolor sólo son meros espejismos de la plenitud que aún está por venir.

¿Cómo vivir sin imaginar, sin soñar...? Yo, simplemente, no sé.
Yo no me hice escritora. Yo nací escritora. No busqué esta profesión pensando en el halago fácil o en la sonoridad de la palabra. Simplemente soy lo que soy...
Y ahora que nadie me lee, confieso que cada día reniego de mi misma mil veces y otras tantas desearía que la vida me hubiese conducido por otros derroteros.
¡Bendita insensibilidad! ¡Qué agradable debe ser el no sentir nada ni tener esta pasión tan arraigada en mi alma que vierto en cada parte de mi vida!

Anhelo, tantas veces, la confianza de esas profesiones dónde la gente no te mira cuestionando si eres o no lo que dices, la seguridad de tantos trabajos en los que el esfuerzo y la lucha garantizan en un alto porcentaje el éxito. ¡Qué alegría tener uno de esos empleos en los que la gente no piensa que tu producto es siempre cuestionable! No mejor o peor, que también. Además, cuestionable.

¡Qué maravilla debe ser cuando no te hacen sentir culpable por vender lo que creas después de horas y horas de trabajo! ¡Qué fantástica la sensación de que te consideren un profesional aunque no seas el número uno en tu campo!
¡Escritores, hay tantos! ¿Verdad...?
Y médicos, y mensajeros, y dependientes, y abogados... y ninguno de ellos tiene que pasarse la vida demostrando que lo es, ni tan siquiera explicando los motivos por los que cree que debería cobrar por su tiempo. Nadie les mira de reojo cuando se enteran que cobran por lo que hacen. Ni tampoco les exigen ser los mejores para poder desempeñar su profesión, ni estar respaldos por una gran empresa para simplemente poder trabajar.
No tengo garantías. Ya lo sé. No me aferro a porcentajes porque si lo hiciese, creo que moriría.
No sé si llegaré al lugar que pretendo. Por mucho que trabaje, por mucho que escriba, es posible que jamás deje el punto en el que estoy ahora.
Entonces... ¿Por qué seguir... ? Lo dije al principio... los artistas, los soñadores, lo somos porque no podemos elegir.
Os deseo un feliz sábado a todos...

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