La acromegalia es un problema de salud de tipo crónico asociado a una disfunción hormonal. Los problemas hormonales que pueden aparecer en casos de acromegalia son el exceso de hormona de crecimiento y el agrandamiento gradual de los tejidos del cuerpo. El nivel de incidencia de esta enfermedad en la población es de unos 6 casos por cada 100.000 adultos. En los casos en los que hay una predominancia de hormona del crecimiento en el organismo, por otra parte, puede haber un resultado alternativo de gigantismo (en lugar de acromegalia).
Los primeros síntomas por los que se puede reconocer a la acromegalia son el agrandamiento de los husos de la cara y de las extremidades (junto a pies y manos). Las personas que sufren de este problema de salud también sufren de dolores de cabeza, dolor articular, sudoración excesiva y mal olor corporal.

Los exámenes disponibles para efectuar el diagnóstico de un caso de acromegalia incluyen las mediciones de hormona del crecimiento, radiografías de columna vertebral, exámenes para evaluar la presencia de un tumor hipofisiario y ecocardiogramas para comprobar insuficiencias cardíacas (especialmente por agrandamientos excesivos).
Como esta afección tiene origen en un tumor hipofisario, la extracción de esta formación anormal en la mayoría de los casos corrige todos los síntomas. Hasta que se lleve a cabo la intervención quirúrgica lo más recomendable es ingerir algunos medicamentos contra la acromegalia. Los más recomendables son la ocreotida, la bromocriptina y el pegvisomant.
El pronóstico que se hace de la mayoría de los casos de acromegalia es muy bueno. Lamentablemente no existen sistemas para medir los riesgos que tiene una persona de sufrir esta enfermedad (por lo que no se pueden tomar medidas para evitar la aparición y el desarrollo de la enfermedad). En otros casos, además, puede haber complicaciones ligadas a la artritis o al síndrome del túnel carpiano, entre otras afecciones.
