Edición: Libros del Asteroide, 2014 (trad. Damià Alou)Páginas: 304ISBN: 9788415625759Precio: 19,95 € (e-book: 11,99 €)Cómo cambia la vida, cómo cambian los sueños; y qué difícil es a veces encajar esas transformaciones. Así se podría resumir la esencia de Qué fue de Sophie Wilder (2012), el debut de Christopher R. Beha (Nueva York, 1979), una novela que habla de temas de sobra conocidos, como la ilusión juvenil de dedicarse a la literatura, los años locos postuniversidad o el primer amor que deja huella, personalizados en el personaje de Charlie R. Blakeman, un novelista neoyorkino de clase acomodada en el que no cuesta reconocer al alter ego del autor, puesto que, más allá de las coincidencias evidentes, Beha cuenta con un currículum muy ligado a los libros por sus trabajos como crítico y editor. Sin embargo, este marco tan visto (del que el propio narrador ironiza: «La gente simplemente estaba cansada de los jóvenes blancos neoyorkinos acomodados. Yo no podía culparlos; yo también estaba harto de nosotros», pág. 14) deviene en mucho más que «otra historia de un escritor joven norteamericano y su ego», porque Beha escribe con una voz firme que renueva el interés de estos asuntos, en parte gracias a la inclusión de una segunda protagonista que actúa como contrapunto y amplía el abanico temático, a la vez que influye en la evolución de Charlie.
La estructura alterna dos historias. Por un lado, Charlie, el escritor que, en lugar de centrarse en su segunda novela, vive de fiesta en fiesta, juntándose con colegas del mundo de la cultura, tan despreocupados como él. En una de esas noches, se reencuentra con Sophie Wilder, su novia de la facultad, a la que lleva diez años sin ver. Ha cambiado mucho: la que antes era una lectora voraz, de inteligencia brillante y carácter seductor, se ha convertido en una mujer taciturna y religiosa que ha abandonado la vocación literaria. Charlie, en primera persona, recuerda su relación con Sophie cuando eran dos jóvenes con ganas de comerse el mundo; y relata el acercamiento tras su reaparición, que no solo le provoca ganas de saber qué ha sido de ella, sino, y sobre todo, le hace recapacitar acerca de su propia vida, de lo que quizá está echando a perder por ser exactamente lo que se espera del joven escritor blanco neoyorkino. Hay una reflexión sutil en el contraste entre los caminos que han seguido Charlie y Sophie desde que se separaron, en cómo uno ha optado por el que se podría considerar predecible mientras que el otro ha elegido, o, mejor dicho, se ha visto empujado a uno que jamás habría imaginado a los veinte años.La segunda trama, contada por un narrador omnisciente, se refiere a lo que le ha ocurrido a Sophie durante este tiempo y, en particular, durante los meses previos al reencuentro con Charlie. A diferencia de la existencia bohemia de su ex, siempre rodeado de gente y al mismo tiempo solo, en Sophie se aprecia una necesidad muy fuerte de construir vínculos, posiblemente acrecentada por la pérdida de sus padres a temprana edad. En la etapa universitaria, sus «salvavidas» particulares fueron Charlie, los libros y la escritura; después, conoció a Tom, el que se convirtió en su marido. Llegó a publicar una recopilación de relatos, pero en algún momento de su matrimonio perdió la inclinación literaria y se refugió en la fe cristiana. Más tarde, pasó una temporada cuidando de su suegro, en estado terminal. Sophie es un personaje poderoso y frágil a la vez, porque lo que la distingue de sus semejantes (Charlie, los escritores jóvenes) también la hace vulnerable; y ni siquiera sus nuevas creencias la calman del todo. Los acontecimientos plantean una pregunta al lector: ¿la religión es posible en una época de incertidumbre, de consumismo y valores superfluos? Se agradece que el autor haya tenido la valentía (y la generosidad) de salir del «círculo literario» para plantear una cuestión tan poco frecuente en la narrativa contemporánea como la conversión espiritual, en su sentido más puro y sin discursos moralistas.
Christopher R. Beha
A pesar de sus diferencias, a pesar del paso del tiempo, Charlie aún mira a Sophie con ojos de enamorado, eso sí, exentos de sentimentalismo, con una elegante contención que conserva la tensión narrativa hasta un final catártico y liberador. La muchacha extraordinaria que conoció hace años ya no está, pero la mujer que es ahora Sophie mantiene intacta su capacidad para desconcertarlo, de una manera que incide en las decisiones vitales de Charlie y en su relación con la escritura. La literatura como forma de entender la vida, y su poder para transformar la mirada sobre la realidad, es otra de las ideas fundamentales de la obra («—Ojalá las cosas fueran de otra manera. / […] —Entonces escríbelo de otra manera.», pág. 211). El autor demuestra una gran desenvoltura en la construcción de la trama, en la delicadeza con la que plantea temas complejos, en la elección de frases precisas, sin caer en el error del refinamiento cursi aunque las historias amorosas inviten a ello. No es nada fácil conseguir esto, y menos en una primera novela (una primera novela sobre jóvenes blancos neoyorkinos que escriben, para complicarlo más), por lo que no queda otra que celebrar la publicación de Qué fue de Sophie Wildery esperar con expectación el próximo libro de Christopher R. Beha.