Cuando murió Anaxágoras, maestro de Sócrates, a quien los cronistas de entonces le atribuyen el estudio que explica los eclipses, dejó en su testamento un último deseo: "Permítase a los niños que en memoria de mi muerte jueguen durante todas las horas que hubiere luz, durante todos los días del mes en que tuviere lugar mi muerte".Y según cuenta Diogenes Laercio en "Vida y opiniones de los filósofos", esa costumbre seguía conservándose siete siglos después.
Anaxágoras, muere en el 428 (a. de C.)
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