Revista Opinión

¿Qué o Quién soy?

Publicado el 29 octubre 2015 por Habitalia

Cortesía: CARLOS NAPOLEON DEL CARPIO

Nuestra identidad se va formando poco a poco a medida que crecemos en edad y acumulamos conocimiento a través de las experiencias vivenciales intensas con relación al resto de la humanidad y el universo que nos rodea.

El hombre se identifica y se comporta de acuerdo a un modelo de si mismo que lleva en su interior, y que ha constituido conforme acumula conocimientos, consciente o inconscientemente, sobre si mismo. Pero este modelo también incluye al hombre potencial que se ha originado del modelo de lo que él es. La vida, entonces, es un descubrir constante y gradual por parte de nuestra mente consciente e inconsciente de lo que somos potencialmente.

Por lo tanto, somos conocimiento celular, orgánico, cerebral, intelectual, emotivo, sentimental y a la vez como un todo, o ser humano; conocimiento que se comunica o fluye entre las partes y en el todo simultáneamente, entendiéndose el todo, no solo el ser humano, sino la humanidad entera y más aún hacia lo cósmico ilimitado. La individualidad es aparente, y la afectación o modificación de una variable, afecta el resto de la ecuación y su resultado, de tal modo que nadie puede prever que algún tornado al otro lado del mundo, tuvo como inicio el aleteo de una mariposa.

En la presente encarnación, nuestra mente nos identifica y define como una persona que responde a un nombre propio como "José Reátegui" con cierta nacionalidad, estatus social, político, económico y religioso, y es, además miembro de una determinada familia cierto nivel económico, profesional, gustos y tendencias entre otras cosas más; de tal modo que si "José Reátegui" llegara a perder todo recuerdo o conocimiento de lo que él es, en ese momento y a pesar de continuar viviendo biológicamente, "José Reátegui" estaría muerto; pero "José Reátegui" no es el ser real, sino una persona virtual y temporal que tiene existencia mientras la presencia energ ética del alma anime el cuerpo físico. Algunas religiones sostienen que existe una sola vida terrestre por cada individuo, mismo que posee un alma inmortal que continúa viviendo aun después de la muerte biológica de todo ser humano.

Varias son las órdenes y fraternidades místicas que sostienen, al igual que las religiones, que el alma es inmortal (Lin:. XIX), con el agregado o diferencia, que afirman que una sola vida no es suficiente para alcanzar el propósito evolutivo de la consciencia, de ahí que aceptan ciclos de reencarnación del alma humana, y que es a través de este proceso que el "alma personalidad" se va dando cuenta de su divinidad, y que el conocimiento de la encarnación anterior permanece en el inconsciente, el cual viene a ser la consciencia del alma.

Somos conocimiento que no está limitado por la intelectualidad ni por las palabras del idioma o lenguaje, sino que fue sintetizado como capacidades o actitudes en el inconsciente, volviéndose pro-reactivo de la mente consciente y manifestándose como acciones y reacciones del ser humano. Nuestra mente racional y lógica, determina en última instancia nuestras acciones, sin embargo, y esto es un tanto paradójico, no siempre es así, y en todas las casos esta fuertemente influenciada por el conocimiento anterior que yace en nuestro inconsciente.

La evolución es un aparente aprender eterno, un hacer, deshacer y modificar de todo lo que interiormente hemos construido a través del conocimiento adquirido, y esto es una lucha interior constante entre el pasado, presente y posible porvenir.

Podemos pensar que, por nuestra propia voluntad y albedrío, generamos libre y conscientemente nuestras ideas, pero en realidad solo motivamos su aparición, las cuales "parecen" emerger del inconsciente como respuestas o soluciones a lo que le plantea la mente consciente. Con cada nacimiento, nuestra mente "ordinaria" y consciente, aparentemente olvida todo lo que fuimos en vidas anteriores, sin embargo, poseemos ese conocimiento "sintetizado" en nosotros mismos como capacidades que cobran manifestación a través de la presente vida; quizás esta sea una respuesta o explicación de niños prodigio que a temprana edad sobresalen en genialidad precoz en ciencia, arte, misticismo, deporte y otras disciplinas, sin otra explicación viable que una "probable" recapitulación de un conocimiento o capacidad desarrollada en vidas anteriores. La vida más que descubrir el mundo que nos rodea, nos da la oportunidad de descubrirnos a nosotros mismos; conocer nuestras características y potencialidades, nuestras posibles reacciones y acciones antes de que acontezcan y modificar, ni con el impulso, la acción, si esta llegara a ser negativa o destructiva; la evolución se inicia con el descubrimiento de quien somos y continúa con la modificación de aquello que nos dificulta nuestro avance evolutivo en nuestra búsqueda de la perfección del ser.

Toda dificultad que se nos presenta en la vida actual es el catalizador que "dispara" nuevas capacidades y facultades que yacen ignoradas en nuestro interior, o que están por desarrollarse; los trabajos o personas que nos rodean en la presente vida son necesarios para alcanzar nuestra realización por medio del aprendizaje evolutivo. El ser interior posee todo el conocimiento no exactamente en palabras, sino "sintetizando la intención o propósito del mismo"; tal vez las características de "José Reátegui" pudieran ser recordar en la presente encarnación, pero para el "ser" no es importante recordar exactamente esta personalidad, sino las experiencias y capacidades que adquirió a través de ella; el alma no es ni se llama "José Reátegui", esta es una personalidad (mascara) virtual y temporal que existe mientras la presencia energética del alma esté presente en ese cuerpo físico y es a través de "José Reátegui" que el alma adquiere ciertos conocimientos con propósitos evolutivos con la siguiente ampliación de consciencia.

Concluyo sin terminar:

El consciente e inconsciente del hombre se encamina cada vez más hacia su propio encuentro y realización, en un solo ser consciente; como de igual modo, el hombre en su andar evolutivo se encamina cada vez más a ser consciente de la consciencia cósmica, el Adám Kadmón en su reintegración al Padre o Dios ... y sin embargo, y paradójicamente, siempre existirá un Dios delante de él, por que su evolución le abrirá gradualmente los ojos de su consciencia, hacia nuevos lejanos horizontes por conquistar y entonces comprenderá que el Dios que perseguía y ha alcanzado, solo era una proyección, un tanto arquetípica, que moraba en su interior, de un Dios que se encuentra aun más allá de los límites de nuestro horizonte.

"El secreto se protege a si mismo y
se basa en la práctica y el espíritu"

Fuente: Diálogo entre Masones


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